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Pequeños retales de literatura

miércoles, julio 12, 2006

Preferiría no hacerlo

En 1959 el artista alemán Gustav Metzger propuso la teoría del arte autodestructivo, presentando una bolsa de basura como obra de arte a la convocatoria artística a la que había sido invitado, como años antes Duchamp en la estela de la corriente dadaista había plantado su urinario en una exposición de Nueva York. No es extraño que años después el propio Metzger, declarase la primera huelga de arte de la historia (al menos declarada a los medios a bombo y platillo ya que por lo bajini es una práctica habitual entre artistas o escritores (vease los Bartleby de Vila-Matas). Así Metzger propuso en 1977 que los artistas se declarasen en huelga artística, como una forma de presión frente a las instituciones que rodean el mercado del arte. Sin pena ni gloria y sin muchos secuaces que le acompañaran en su aventura, Metzger volvió a la creación transcurridos solo unos pocos años.

Pero ante tan especial oxímoron del artista, la huelga de arte no podía pasar del todo desapercibida, y en 1990 el colectivo artístico Praxis declaró la segunda Huelga artística que duraría tres años. Y si no me equivoco, la verdad es que no tengo ganas de comprobarlo, allá por el 2000 fueron los extraños Luther Blissett (investiguen sobre el nombre, que es una bonita historia), declararon la tercera huelga artística.

Todo este preámbulo, para dar cuentas de mis ausencias, y declarar con condolencia, que bien podría ser peor; y que si no vengo más por aquí es porque últimamente estoy muy cansado y apenas tengo un minuto para relajarme. Que volveré a lo McArthur en Filipinas, si no dentro de unos días, dentro de unos cuantos más –como siempre acabo haciendo-. O si lo prefieren, en versión más acorde con nuestros tiempos, imaginen la voz de Ross en Friends: “¡estábamos tomándonos un descanso!”.

Pero si lo que quieren leer es un auténtico virtuoso de las huelgas artísticas (nada que ver con los aterradores desplantes del Sepla en estas fechas vacacionales), les recomiendo aquel ayunador de Kafka precursor de esos actuales magos londinenses capaces de encerrarse durante semanas en pequeñas urnas de cristal. Uno pensaría que bien frotándoles la chepa serían capaces de concedernos algún deseo, ¡pero claro! salen tan desmejorados de sus encierros, que cualquiera tiene el valor de pedirles poco más que un poco de salud para sus próximas tentativas.


“En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos. Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno; todos querían verlo siquiera una vez al día; en los últimos del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños (...)”

Kafka en Un artista del hambre

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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Cuando se van a enterar los aritstas y creadores que no son productores materiales. El espíritu puede subsistir sin el artifico de la pintura o de la escritura. Que se ganen la vida como todo currante y regalen el arte como lo hace la naturaleza y el tiempo.

http://elsexodelasmoscas.bitacoras.com

8:46 p. m.  

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