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Pequeños retales de literatura

miércoles, mayo 16, 2007

Asalto al tren de Glasgow

Toda carrera profesional tiene su cumbre y Ronald Biggs llegó a la suya sin duda el 8 de Agosto de 1963, el día en que él y su banda asaltaron el tren correo que unía Glasgow y Londres. Supongo que lo que chirría en nuestra mente es el unir ambos conceptos de “carrera” y “profesionalidad”, puesto que los por separado si que tienen una resonancia válida dentro del mundo del hampa (si hablamos tanto de un profesional como de una profesional y ponemos las consecuentes comillas, todo el mundo sabe a qué nos estamos refiriendo). Tal Julio César contra Farnaces, Biggs pensó durante años su plan, lo llevó a cabo, y al final robó el tren con unos dos millones y medio de libras esterlinas (unos 60 millones de euros actuales). Lo llamaron el robo del siglo.
Sin embargo, la banda caería unos meses después y la mayoría sus miembros -eran quince- acabarían con sus huesos en la cárcel. Dicen que una de las pruebas fundamentales fue el monopoly que encontraron en la granja en la cual se escondieron tras el golpe. Estuvieron jugando comprando calles, casitas, y hoteles, con los billetes robados, pero no se se les ocurrió "limpiar" el tablero, y éste quedó lleno de huellas. Irónico, ¿verdad?
El robo me recuerda en cierta manera al que llevó a cabo en nuestra España el memorable el Dioni, salvo que tal -como este último argumenta- nuestro robo fue más instintivo, sin demasiada planificación de por medio; el Dioni en su furgoneta blindada con sacas de billetes en su interior decidió en vez de ir al banco, coger las de Villadiego e irse directo hacia el aeropuerto rumbo Río de Janeiro.
Es posible que el Dioni emulara de alguna manera sin saberlo al célebre Biggs, el cual se convirtió casi en leyenda al fugarse meses después de su ingreso prisión y desaparecer del mapa. ¿Dónde se escondió? Ambos se hicieron la cirugía estética y terminaron en Río de Janerio, ciudad bella de por sí, pero que debido a las mafias de drogas es uno de los lugares más peligrosos de la tierra y sin duda un buen lugar para esconderse y para comprar a la policía.
Gibbs permaneció treinta y cinco años fugado de la justicia (el Dioni fue mucho menos tiempo, eso sí, esos meses que vivió en libertad lo hizo a cuerpo de rey, con la mitad de su fortuna dilapidada en prostitutas, alcohol y cocaína).
Mientras que el Dioni volvió con su peluquín, y con su mirada bizca a España, su desparpajo ante los posteriores desacuerdos con la justicia que tuvo hicieron que se ganara un lugar entre esos personajillos que tienen algo de canallas pero que caen simpáticos. Gibbs parece que tuvo un final más romántico, pues fue el mismo el que decidió entregarse a la justicia británica en su vejez. Declaró que antes de morir quería tomar una cerveza frente al Canal de La Mancha y por eso decidió entregase después de vivir varias décadas eludiendo a la justicia. Hoy con más de setenta años sigue en la cárcel, tal vez planeando volver a fugarse si no le dan la libertad pronto. Eso sí, esta vez lo tendrá mucho más difícil, porque ya casi no puede moverse.
Hoy, por cierto será un gran día en Glasgow.

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2 Comments:

Blogger Astrid said...

Que interesante historia, y que buen blog el que tienes por acá... te prometo volver, si en mi regreso consigo leerte siempre tan interesante...

Te dejo un beso.

1:11 a. m.  
Blogger Té la mà Maria said...

Interesante tu blog, si puedes visita el nuestro
http://telamamaria.blogspot.com
irreverente, iconoclasta y libertario
en Catalunya
Gràcias

6:43 p. m.  

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