La Librería

Pequeños retales de literatura

sábado, enero 14, 2006

Tourné literaria

Viernes, una de la noche, estuve en el Pato; tema principal la novela de Virgili Planes de Munt no se aguanta… Viernes siguiente se prevee llegada de frente frío, con fuertes borrascas y muchos relámpagos. Visité antes de ir al Pato varias librerías: la Central de Elisabets 6, la Casa del llibre en Passeig de Gracia 62, y como aún me quedaba tiempo y en la Central me dijeron que uno de los libros que pedí lo tenían en Mallorca 137 , fui hasta allí (utilicé el comodín de la llamada con Isis para ver donde caía la librería). Una vez allí me encontré con Carles primero, y luego con Andrés. Así que fue como si hubiéramos hecho un previo antes de ir al Pato.
Los libros que compré fueron los siguientes:

- Maurice Blanchot: El libro por venir.
- Maurice Blanchot: La communauté inavouable.
- Maurice Blanchot : Tiempo después
- Georges Bataille : La historia del ojo.
- W.N.P. Barbellion: El diario de un hombre decepcionado.

(Es que cuando miro estanterías de libros, así no tengo que moverme demasiado (ja,ja)

Hago un Cut and Paste de este último. Barbellion, cuyo verdadero nombre era Bruce Frederick Cummings, murió a la edad de treinta años aquejado de una esclerosis múltiple. En su diario dejó escrita una de las luchas más desperadas jamás escritas, una lucha contínua contra el dolor en la que finalmente se vio vencido, y ello escrito desde la lucidez que da ser un entomólogo amante de la literatura.

3 de octubre de 1907
Cuántas cosas por hacer! ¡Qué corto el tiempo para hacerlas! El hambre de saber es tan capaz de apremiarnos como cualquier otro afán, si no se domina. Con frecuencia me detengo en medio de la biblioteca y pienso con desesperación en la imposibilidad de llegar a poseer toda la riqueza de hechos e ideas que contienen los libros que me rodean por todas partes. Saco un volumen de su sitio y me siento como si hiciera poco más que cavar con un pico en una enorme cantera. El bedel se pasa los lías en la biblioteca vigilando estrictamente esta catacumba de libros, paseando entre estantes y, sin embargo, no presta aten­ción a los susurros casi audibles de deseo, el deseo de cada libro de que lo tomen y lo lean, de vivir, de nacer en el cerebro de alguien. Incluso entrega los volúmenes sobre el mostrador, los busca en su sitio o los devuelve sin pensar ni una sola vez que un libro es una persona y no una cosa. Me estremezco al pensar que acarrea los Ensayos de Lamb como si fueran fardos.

30 de Enero de 1911
Me encuentro enfermo y tengo ataques de debilidad. La mala salud me ha hecho cambiar de actitud en relación con el trabajo. En cuanto empiezo a sentirme cansado, tengo que dejarlo de inmediato, ya que la idea de inclinarme sobre un escritorio o una bandeja de disección, de leer o estudiar, me produce náuseas cuando pienso que quizá mañana, pasado mañana o la semana que viene, el mes que viene o el año que viene estaré muerto. ¡Trabajar parece una absurda manera de despilfarrar la vida! La zoología es repugnante y la filosofía resulta superflua ante la bendición de la vida misma: ya sea en el exterior, en el frío aire polar, o en casa, en una silla ante fuego rugiente con las manos unidas, contemplando la animada y relajante actividad de las llamas.
Después, en cuanto me encuentro otra vez bien, lo olvido todo, me disgusta no hacer nada y trabajo como una fiera.

1 de Enero de 1915
Me he vuelto tan crítico y maniático que rechazaría una invitación a cenar si mi anfitrión tuviera los ojos azules y acuosos, o llegaría a odiarlo por algún gesto, algún defecto o afectación en el habla. Hago comentarios hirientes con la arrogancia de un pedante de diecisiete años contra cualquier infeliz que no haya oído hablar de Turner, Debussy o Dostoievski. Destrozo como lapsus naturae cualquier originalidad que le proporciona­ría a una mente sana una diversión interminable y la despacho con un gesto de desprecio. Mi arrogancia intelectual -excepto en las temporadas en que me doy cuenta y me reporto- es increíble. Es increíble porque carezco de valor y todo este orgullo bulle tras un exterior tímido. Tiemblo con frecuencia ante personas estúpidas pero dominantes que, por lo tanto, nunca advierten el concepto que tengo de ellas. Después me estremezco al pensar que nunca haré frente a aquel imbécil; nunca pronunciaré la palabra oportuna para poner freno a la repugnante vanidad de otro. Me desespera no ser capaz de pagarles con la misma moneda -incluso los criados y subalternos me tratan con desdén-, que me falte siempre presencia de ánimo para darles una respuesta o réplica convincente.

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2 Comments:

Blogger Perno said...

Gracias por tu visita y el comentario. No pretendia hacer un analisis exhaustivo de "La Rama Dorada", sino solo recomendarla. Es un libro espectacular que merece seguir siendo leido. Por las razones que sea.

11:18 p. m.  
Blogger Vigo said...

Perno, me interesé por La Rama Dorada, porque viendo Apocalipsis Now Redux, el coronel Kurtz tenía un ejemplar junto a la
Biblia.
Preciosa esa calculadora (sic.)

4:38 a. m.  

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