La Librería

Pequeños retales de literatura

viernes, agosto 01, 2014

L'ocell de Joan Colomo

No sabría definir a Joan Colomo, pero sin duda este chico tiene mucho talento, y además es todo un show verlo actuar. A mi me recuerda un poco a Albert Pla, pero con más musicalidad, y seguramente también con algo menos de autismo.

Vol, però no pot
perquè sap que caurà al sot,
perquè no pot fer-ho sol
ha d'aprendre a aixecar el vol.
Viu, en un niu,sobre un arbre prop del riu
allí passarà l'estiu per aprendre que està viu.
I no en té prou en sortir de l'ou
ell no pot témer el destí.
Perquè sap que un dia ell,serà un ocell
obrirà les seves ales en el cel dels cels.
Vol d'altitud és un vol directe al sud.
ha d'anar a buscar el calor
perquè arriba la tardor.
Ell és un ocell,i en l'estol tots són com ell
però ja no vol ser-ho més però és que no pot fer-hi res.
No en té prou amb aixecar el vol
ell no pot témer el destí.
Perquè sap que un dia ell
deixarà de ser un ocell,
escampara les seves plomes en el vent del vents.

Su último disco está editado en el 2014 y se llama La fília i la fòbia. Aunque esta canción que he puesto corresponde a su primer disco, Contra todo pronóstico, editado el 2009.

Y con estos minutos musicales inauguramos ya el agosto

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jueves, julio 31, 2014

Patricia Heras 4. Locotrónica además de suicida

Intentar comprender la mente de un suicida es una tarea casi siempre imposible, porque los motivos que le llevan a uno a la autodestrucción implican por norma unos pensamientos demasiado complejos. Pero con el deseo al menos de imbuirme de la atmósfera que Patricia Heras respiró durante sus últimos años de vida, he vuelto a releer sus diarios, para intentar desentrañar algo de lo que se le pasó pasó por la cabeza antes de su suicidio (mi agradecimiento a Juan Nicho y Diana J. Torres artífices creo de la edición de esa recopilación de escritos que dejan testimonio de su paso por la vida).

¿Quién era Patricia Heras? Aunque posiblemente ella no fuese muy amante de las etiquetas, intentaré dar algunas rasgos de su personalidad. Patricia era una chica sensible de inteligencia superior a la media y con mucho sentido del humor (las bromas de su intermitente diario me han hecho reír muchas veces). Era además una chica rebelde cuya rebeldía sin duda se acrecentó tras su periplo judicial y penal. Militante feminista y defensora de las teorías queer; comprometida especialmente en la rama de la movida transfeminista y participante en distintas performances de las Muestras Marranas. Trabajadora siempre precaria, le gustaba liberarse al salir de su sórdido mundo laboral, e intentaba llevar la vida al límite, y para ello no dudaba en experimentar con todo tipo de drogas en sus noches de fiesta en los locales de ambiente por los que se movía. Allí terminaba quemando la pista de baile, con sus amigos tan cocida como locotrónica por el abuso de alcohol y mezclas de drogas varías. Creía en el amor, pero buscaba refugio en el sexo, un sexo tan liberador como ninfómano.

Era una chica de sonrisa fácil, pero aún así, también tenía interiormente una cierta tristeza, la de sentirse ajena a un mundo en el que no encajaba. Quería continuar siendo joven siempre, porque volverse mayor significaba aprender a cuidarse uno mismo, y ella necesitaba que fuera otra persona la que la salvara de la autodestrucción.

Patricia Heras sentía desde pequeña una fascinación por el mundo gótico y siniestro, y de alguna manera había acabado entendiendo la muerte como una voz amiga que la llamaba a cruzar la línea hacia una tranquilidad donde uno al menos pudiese dejar de tener que luchar por las más o menos oportunidades que se nos ofrecen en la vida. Ya en su infancia tanteó varias veces la muerte, pero no fue hasta sentirse demasiado cansada, cuando al final decidió acabar por fin con su vida. Había conseguido el tercer grado en el centro penitenciario de Wad Ras (por una pena, por la que como ya he explicado, ella defendió siempre su total inocencia). Pero quizás fue ese ajetreo de tener que ir a dormir cada día a la cárcel, para luego levantarse y tener que ir a trabajar, o el tener que renunciar en parte a la vida que había llevado hasta el fatídico día de los hechos, lo que acabó desquiciándola y decantando la balanza hacia su suicidio.

En sus diarios a veces también habla de brotes de dolor, que de vez en cuando le visitaban; y un ojo que parece que se le nublaba de vez en cuando, pero con esos síntomas no se me ocurren posibles patologías, y lo único que puedo decir es que ella parecía acatar el devenir de su extraña vida con cierta tranquilidad (no parece que tuviera un comportamiento bipolar, sino más bien lo suyo era sencillamente un deseo de exprimir la vida al máximo).

"Mientras camino con la bici a un lado hacia casa, por algún motivo no me he querido subir, voy meditando contrariada. Todo ha cambiado. Estaba bien a gustico haciendo mi vida y de repente me he visto forzada a cambiar mi existencia, y ya no hay marcha atrás. Todo ha cambiado de repente, sin haberlo elegido, y me veo empujada hacia algo que desconozco, un camino extraño que no quería tomar, un destino –maravilloso cuento- la mar de raro, lo cual me perturba."

Lectora empedernida, tenía la carrera de filología, y había vivido fuera de España, en Londres, en Atenas y en Berlín, tal vez intentando encontrar un lugar donde de verdad deseara establecerse. Y por último, quedó primero fascinada -después de huir de su Madrid natal- por una Barcelona que le abrió los brazos en primera instancia, pero que luego la metería en la absurda pesadilla en la que se convirtió su vida, pero que a la vez al estar siempre pendiente de su ineludible ingreso en prisión, hizo que viviera cada día de su vida como si fuera el último.

Desde luego a Patricia no le sentó bien las llamadas medidas de reinserción que propone el sistema judicial, por varias razones, la primera y más importante, porque seguramente era inocente (ya se sabe que en la cárcel todos dicen ser inocentes, pero resulta que algunos en realidad si que lo son y ella es muy probable que perteneciera al grupo de estos últimos), y alguien que la vida de repente le tiene preparada semejante trampa, no suele interpretar que la cárcel le está ofreciendo una segunda oportunidad para la vida, sino más bien todo lo contrario. La mayoría de los educadores y psicólogos que la asistieron no supieron tratarla, porque de entrada ella les ganaba en inteligencia, y porque además se mostraba resentida, pero ¿quién no en su caso? Y aunque ella seguramente estaría agradecida por terminar compartiendo la vida y vivencias de las otras presas, para alguien tan sensible como era ella, tampoco le sentó bien conocer las vidas llenas de dolor pertenecientes a sus compañeras de celda, ya que es muy probable que por empatía, esas historias de desgracia la arrastraron a incrementar su tristeza interna.

El 26 de abril de 2011 Patricia Heras se despide de la vida con una nota en la que agradece los felices momentos vividos a su amiga Diana, y donde le indica que ya no aguanta más. Sale al balcón de su casa y decide arrojarse al vacío a la búsqueda de la anhelada muerte.

Klein

Foto de Yves Klein: Salto al vacío

Y me queda un último capítulo sobre la historia de esta chica… que ahora que he refrescado sus diarios de Poeta Muerta, espero escribirlo en breve.

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domingo, julio 27, 2014

La rueda de Calders

Este lunes me pasaré por la librería Calders y así veré a Sílvia y a Juan Pablo contando cuentos de Pere Calders.

Miro las entrañas de Juliana –para quién no lo sepa Juliana responde a un ordenamiento de bits que hay dentro de mi ordenador- como si estuviese en época romana y fuese a la búsqueda de buenos augurios. Encuentro este pequeño relato que cuenta Guillermo Fadanelli, sobre una estancia en Barcelona en la que a una novia suya le gustaba contar un breve cuento de Pere Calders, que decía:

“De las cuatro ruedas del coche, había una que giraba al revés. Pero era la buena, porque intentaba alejarnos de una curva que nos destrozó a todos”

Un bonito cuento, sin duda…. como la vida misma cuando nos equivocamos en nuestras elecciones. A veces el empeño nos lleva al fracaso (bueh esto lo discutía yo el otro día, pero soy un chaquetero ;) )

Calders

Llibreria Calders
Ptge. Pere Calders, 9 (Barri de Sant Antoni).

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miércoles, julio 09, 2014

A Barcelona en tren botijo

Tarradellas

"Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí".

Acabo de volver en un Talgo. Ahora a recuperar mi normalidad...

Mis agradecimientos a: Juan Renú, miembro de la hermandad; Inma y su bonita sonrisa de las abas atás; Pepelu puesh claro; Helena de hacienda en hacienda en la Manga; Lorenzo el de la multiplicación de los panes y los bitcoins; Roberto legionario de las letras; Paco Sansano y su pequeña flota de corto alcance; Francisco cazador de pulpos; Armand también Legionnaire; Maviki y sus tres bolas negras; Noel pico de oro; Pascal tiburón de nubes de algodón; Jose María eterno aprendiz de la carta náutica; Toñiyonki porque como decía mi padre...; a Anna y su buen Feng Shui; a Helena la de los fuegos artificiales que nunca fueron; a Yoli por tener esa parte de dolce gabbana, a Jose vendedor (piramidal?) de Herbalife por su risa, a Alfredo marinero de secano, a Asun y mi parte de sus mojitos y al perillas por mi parte de sus cervezas, a Anna y su barra libre de cervezas en les fogueres; a las rumanas y a las rusas que nos han dado algo de vidilla, y también a todos los demás que no nombro y que conocí por esas tierras, pero esta lista entonces ya sería demasiado larga.

Y gracias sobretodo a mi primohermano Antonio, capitano Schettino, por dejarme pasar unos días en su casa y en su barco (y por enseñarme a arreglar cosas que dudo nunca más volveré a arreglar). Y gracias también al resto de mi family que también habita por allí.

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jueves, junio 19, 2014

Un tranvía a la Malvarrosa

Playa

En un par de horas cojo el tren a Playa de San Juan (Alicante), a disfrutar unos cuantos días de sol y playa, y así también poder ver les fogueres de Sant Joan.

Como he estado ultimando el viaje, me he pasado los últimos días intentando dejar todo más o menos cerrado y no he podido escribir nada por aquí estos días. Me he quedado con las ganas de terminar los posts que tenía pensado sobre Patricia Heras –que haré cuando vuelva-. Evidentemente no habrá actividad por aquí hasta entonces.

Mientras tanto, como decía el sargento Phil Esterhaus en Canción triste de Hill Street: “Tengan cuidado ahí fuera”.

PD. Canción triste de Hill Street es una curiosa y bastante libre traducción sobre el título original, que hasta le da un cierto toque poético. Según leí en algún lado, la correcta traducción de Hill Street Blues hubiera sido: “los azules de Hill Street” en referencia a las camisas azules que lucían los policías… que lo sepan.

Chau Chau

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domingo, junio 08, 2014

Patricia Heras 3. Día de autos: los hechos del 4F.

Vayamos a la médula del asunto del caso 4F, cuyo desenlace marcó los últimos años de la vida de Patricia Heras, aunque como como ya he dicho, resolver los enigmas que plantea su muerte es una tarea compleja, y quizás desde aquí solo me planteo dejar al aire “dudas razonables”, tal como dice el director armeniocanadiense Atom Egoyan en su última película “Condenados”, en la que se desarrolla un juicio en una comunidad profundamente cristiana contra unos jóvenes de tendencias ocultistas, por la muerte de unos chavales con unas pruebas que no se aguantan, pero que aún así, son finalmente condenados, sin llegar a aclarar si son o no son los verdaderos culpables.

En la madrugada de un 4 de febrero de 2006 se celebraba una fiesta en un teatro okupado en la calle Sant Pere més Baix, debido a las quejas de los vecinos por el ruido acude la guardia urbana para poner fin a la fiesta que allí ocurre. Los guardias urbanos intentan desalojar a los okupas, pero estos se enfrentan a ellos, y los altercados que se producen un guardia urbano es golpeado en la cabeza por algún objeto que le lanzan, y cae en coma (finalmente terminará tetrapléjico). La primera víctima grave de estos sucesos será este policía.

Varios de los okupas que salen del edificio serán detenidos en la calle, y aunque no se demuestre su participación directa en los enfrentamientos violentos, serán juzgados y condenados aplicando todo el peso de la ley con voluntad ejemplarizante contra el colectivo antisistema. La condena mayor le cae al chileno Rodrigo Lanza, al que le caen seis años de cárcel que cumplirá en Can Brians. Hasta aquí podríamos discutir varias cosas, si el castigo fue justo; sobre los testimonios de los malos tratos que sufrieron los acusados antes de ser encarcelados (¿para cuando las cámaras en las comisarías de policía?); o sobre la capacidad de reinserción o rehabilitación que tienen las cárceles (sobre esta cuestión son muy interesantes las reflexiones y pensamientos que Rodrigo Lanza deja en su escrito titulado “En mis carnes” donde narra sus años de cárcel).

Pero el caso que plantea más dudas es el de Patricia Heras, ya que ella ni siquiera fue detenida en el lugar de los hechos, sino que lo fue en el Hospital del Mar. Ella defendía que volvía en bicicleta de otra fiesta en casa de un amigo, ella y su amigo Alfredo, y que de camino a casa tuvieron un pequeño accidente al que acudió una ambulancia y desde el lugar del accidente los trasladaron al Hospital del Mar. Allí se encontraron con los guardias urbanos y algunos de los okupas que habían sido detenidos, y al ser ella de estética algo siniestra o radikal, con un lado de su cabello rapado, uno de los agentes le pidió que se identificara, lo que provocó un ligero encontronazo. Y otro de los agentes testigo del encontronazo dijo reconocerla del lugar de los hechos como una chica que había lanzado una valla hacia los policías. Por lo que inmediatamente fue esposada y juntada con los demás detenidos.

Patricia Heras

El testimonio de Patricia Heras puede leerse aquí, la pregunta clave es: ¿Participó Patricia Heras en los disturbios aquella noche? ¿Mintió ella o mintió el policía que la identificó? La cuestión es que la maquinaria judicial y burocrática había comenzando a rodar y ella ya había quedado irremediablemente insertada en ella. Condenada finalmente a tres años en la cárcel de mujeres de Wad-Ras (normalmente sin delitos previos como es el caso, la condena máxima por un delito de este tipo habría sido de dos años de libertad vigilada sin ingreso en prisión), pero la voluntad del Estado de castigar a los implicados en el 4F hizo que le cayera la pena máxima (ver también la referencia aquí al caso de los irlandeses cuatro de Guilford).

El asunto vuelve a dar un giro cuando se demuestra que el guardia urbano que la identificó en el lugar de los hechos, quedó manchado unos años después por otro caso en el que se demostró que había dado falso testimonio para condenar a otra persona por una riña en la que se vio implicado. Aquí es cuando ya uno se plantea las dudas sobre la supuesta imparcialidad que deben tener los cuerpos de seguridad del estado... Pienso que cualquier agente que falsifica una prueba debería ser condenado como mínimo a la misma pena que el quería que se le aplicase al acusado (lo mismo pienso en los casos de algunas mujeres que acusan a sus maridos de maltratadores y luego se demuestra –remarco esto de demostrar- que la acusación es falsa). Y por supuesto si se prueba que un preso ha sido encarcelado injustamente, este debe ser “compensado” monetariamente por el Estado en la medida de lo posible.

Termino por hoy. Dejo también el buen artículo que escribió sobre ella el periodista Gregorio Morán y un pequeño fragmento de su diario. Y como este post ya es muy largo… mejor continúo another day).

“Lo más duro son las entrevistas con los diferentes miembros de la junta de tratamiento, duele escuchar que si no reconozco mi delito no hay voluntad de reinserción, ni arrepentimiento, hoy me ha dicho el psicólogo que eso es propio de un psicópata. Y qué queréis que os diga... no soy capaz de hacerme eso a mí misma, y trato con todo lo que me echen pero no paso por reconocer algo que no he hecho y sigo defendiendo mi inocencia hasta el final.

Mañana me evalúan, al menos tengo la sensación de que por muy difícil que les resulte creerme con una sentencia firme delante he sembrado la duda y quizás como seres humanos sean capaces de asumir que el sistema para el que trabajan comete errores graves e injustos...”


Del diario de Patricia Heras del cual pueden leerse fragmentos en su blog Poeta difunta

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lunes, junio 02, 2014

Patricia Heras 2. Numerología y onomástica

Rey la violencia…

...el rey abdica 39 años después de sentarse en su trono.

39 años sería la edad que Patricia Heras tendría hoy si no se hubiera suicidado un 26 de abril de 2011

39 años era la edad que tenía el agente de la guardia urbana que quedó en coma profundo el fatídico día de los hechos, un 4 de febrero de 2006.

39 son los años que yo tengo.


“De mayor quiero ser la chica que le dé al botón de la incineradora en la funeraria, tener una tienda de cómics y hacer una tesis sobre ellos en la universidad, escribir novela social sucia, ver la aurora boreal –Islandia, ahhhh!!!!!-, escuchar a los delfines, hacer música tecno bajo el hielo de la Antártida, pegarme un revolcón en un iglú, seguir los pasos de las Valkirias, ir de mochilera por Indochina, aprender a tocar el piano.. Ya que no pude ser astronauta porque se me atragantó la química (rara coincidencia, todo sea dicho: en Barcelona el Planetario está donde Cristo perdió el mechero, o sea, bastante lejos, pero cuando vivía en Madrid fui bastante… “he visto tormentas de arena en Marte, Venus pasando por delante del sol, lluvias de estrellas Perseidas…”).

Fragmento del diario de Patricia Heras, diarios, que bien podría acompañar aquel famoso poema de José Agustín Goytisolo que decía aquello de: “Quiero...”.

Patricia Heras

Patricia Heras

Una vez Patricia Heras le preguntó a su padre el por qué de su nombre, y el padre le explicó entre risas, que el año que ella nació hubo una terrorista llamada Patricia Hearst cuyo nombre resonó en los titulares de los medios de comunicación…

Patricia Hearst aquella nieta de un magnate norteamericano que un día fue secuestrada por un grupo izquierdista que exigió la donación de varios millones de dólares en comida para pobres, y que luego en vez de vez liberada, se la vio empuñando un rifle de asalto en el atraco a un banco.

Lo confieso estas conversiones hacia el lado oscuro siempre me han maravillado, como la vida de la alemana Ulrike Meinhof miembro fundadora de la Fracción del Ejército Rojo de ideología izquierdista, marxista radical, pero que años antes había militado en grupos de perfil pacifista, ecologista y antinucleares. Ulrike fue detenida después de varios atracos y atentados al estado. ¿Qué hace que una persona preparada e inteligente acabe levantándose en armas contra el sistema en una guerra que está perdida de antemano? ¿Frustración? ¿Rabia? ¿Esperanza utópica? Ulrike Meinhof pasó un par de años en prisión, pero cuando el gobierno alemán dictó sentencia acabó suicidándose ahorcándose en prisión (algunos dicen que fue el Estado el que intervino en ese suicidio, pero ese terreno queda para las teorías conspiratorias). La historia de la humanidad está escrita a partir de pequeñas historias trágicas.

Pero bueno, no me lío más que como decía ayer, el caso 4F en el que se vio implicada Patricia Heras ya de por si es tanto complicada como absurda. En un par de días continúo esto y explico los hechos.

Pero quién quiera y no conozca esta historia (yo mismo desconocía las circunstancias del caso particular de ella, y vagamente si que había oído algo de la de uno de los otros implicados: Rodrigo Lanza) puede hacer boca leyendo su blog: Poeta difunta, que aún sigue en red, dando testimonio tanto de los hechos ocurridos, como de su capacidad creadora, y sobretodo las ganas de vivir la vida al límite que tenía Patricia, la chica perdida.

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Patricia Heras 1. Reina la calma. Rey la violencia

En una entrevista contaba la politóloga Lola Sánchez (recientemente elegida parlamentaria europea por la nueva formación de Podemos liderada por ese otro fenómeno mediático que es Pablo Iglesias), la anécdota por la que al final se le ha acabado conociendo como la “chica del gin tonic”. Ella estaba de trabajadora eventual sirviendo copas en un restaurante en el que se presentaron a un almuerzo varios concejales de Cartagena, del PSOE, el PP e IU, y se pidieron varios gin tonics. Me imagino que ella al reconocerlos debió entablar algo de conversación con ellos, sacando a colación sus estudios, y una de las concejalas presentes le espetó: "¿Cómo es que una chica con tantos estudios como tú está trabajando de camarera?". A lo que Lola Sánchez se tuvo que tragar el sapo, y reprimirse las ganas de soltarle la contestación que de verdad hubiera deseado.

En realidad cuento esta anécdota por otra historia que he conocido estos días y que me ha dejado bastante impactado; la de una chica igual de sensible como inteligente, que dominaba varios idiomas y que tenía la carrera de Filología, pero que mientras vivió solo alcanzó a encontrar empleos precarios, que iba encadenando en lo que parecía una carrera sin fin. Entre sus múltiples trabajos, el más estable fue el de camarera en un bar del Raval, donde acudía cada día montada en su bici, en su lucha diaria por sobrevivir en una Barcelona que la había adoptado, pero que terminó devorándola.

De quién estoy hablando, hablo de Patricia Heras y hablo de este libro:

Patricia Heras

Y hablo desde estos días donde mi barrio, Sants, se ha convertido en una “zona de guerra” entre grupos violentos antisistema y mossos d’esquadra. Todo por la apresurada demolición de la simbólica casa okupa de Can Vies, que ha acabado con manifestaciones continuas por colectivos afines. Y con posteriores disturbios por parte de los más violentos que han generado múltiples destrozos en el mobiliario urbano, incendios varios y decenas de detenciones.

Can Vies

Pero quizás sea mejor centrarme en la historia de Patricia Heras, que aunque los okupas la han tomado como un símbolo reivindicativo desde que murió, ella más bien era ajena a su movimiento, y su perfil -en su peculiaridad- era quizás más similar al de los muchos jóvenes mileuristas que habitan Barcelona (¡Cómo han cambiado las cosas! Hace unos años se hablaba de los mileuristas como la parte más desafortunada de los trabajadores, y ahora en esta época de crisis si aún conservas tu empleo precario ya te puedes considerar afortunado).

Copio un párrafo del diario de Patricia Heras, lo que escribió hace unos años y que bien podría servir también para estos últimos días de disturbios:

Imposible pegar ojo esta noche. El mal rollo que nos dejan las noticias de los altercados en el centro de Barcelona tras la jornada de huelga general sólo podemos ahogarlo en disidentes gin-tonics que disipen la rabia contenida. Así que acabamos el jueves en La Candela cociditas como loros y perdidas en dulces maldades que nos roban el sueño.

Y así empezando y terminando con sendos gin tonics, lo dejo aquí por hoy, porque sino esta historia que ya de por sí es enrevesada y complicada, se me haría demasiado extensa de explicar con un único post, así que espero dosificarla, y dedicarle como mínimo un par más.

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