La Librería

Pequeños retales de literatura

martes, noviembre 22, 2016

El Click

Hace unos días vi una noticia sobre las patentes que tanto Sony como Samsung estan desarrollando para sacar lentes de contacto que son capaces de hacer fotografías mediante el sencillo acto de parpadear (aquí es cuando todo el mundo exclama indignado: ¿cómo el dispositivo sería capaz de interpretar un parpadeo consciente de otro inconsciente? Bueh, no se me alboroten; lo único que suponemos al respecto es que los que hacen estas tecnologías son más listos que el resto de los mortales, y confiamos en ellos para resolver este fútil problema, aún así, si usted padece algún tic en los ojos le recomendamos que llegado el momento no se compre esta tecnología; la ciencia es ciencia, pero no hace milagros).
Lentilla cámara
En la serie Black Mirror aparecían unas lentillas del estilo, que grababan en un video todo lo que los ojos de alguien veía, y luego así se podía rebobinar la acción para rememorar el momento que uno deseara, lo que en un matrimonio era un motivo de discusión ante la infidelidad de uno de ellos y la voluntad de su compañero que le mostrase lo que había hecho el primero/a mientras estaban separados. Ver para creer. ¡Pero lo útil que sería al menos para encontrar esas llaves que uno nunca encuentra cuando tiene que salir de casa!

De todas maneras, lo que si destacamos es que la tecnología avanza implacablemente, y es impresionante como las cámaras fotográficas se han ido reduciendo de tamaño. Los inicios desde luego fueron muy duros…
Camara Mammoth
Esta entrada me hace acordar de ese texto maravilloso de Julio Cortázar que lleva por nombre: “El tesoro de la juventud”.

PD. Si buscaban a Milo Manara... otro día.

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sábado, octubre 29, 2016

El ictus y la historia de Isabel

Hacía meses que no volvía por aquí, nunca tengo tiempo, y sin embargo llevo unos días en que he perdido el concepto del tiempo. Tal vez atrapado en el aquí y ahora como les gusta expresar a los filósofos orientales. La vida son altibajos, en los que te pones triste cuando las circunstancias te golpean y de ahí solo se sale amaneciendo un día con una enorme sonrisa en los labios. Unos días de tristeza, que se curan siempre al encontrar la pureza de algunos sentimientos. Ahora vuelvo a encontrar sensaciones y tal como un cerdo, me apetece revolcarme en el fango de mis palabras.

Hoy se ha dado la coincidencia de que quiero desbordar mi alegría, elevarla en grado, a la vez que es el Día Mundial del Ictus, y hay una chica a la que hace tiempo le quería rendir un pequeño homenaje, un camino empedrado de palabras, que como baldosas amarillas le guiaran hacia mi mundo de cariño y fantasía.

Se llama Isabel Palomeque, y detrás de ella hay una historia de superación muy especial. Hace más de diez años en un día cualquiera mientras disfrutaba junto sus compañeros de una cena de trabajo entre enfermeros, sufrió un dolor intenso en la cabeza, que le provocó la pérdida de conocimiento. Para entonces su vida había cambiado completamente. Despertó en la cama de un hospital sin poder hablar y sin apenas poder moverse (estamos acostumbrados a oír hablar de ataques al corazón, pero sin embargo hay un poco más de desconocimiento de lo que significa sufrir un ataque cerebrovascular; la segunda causa de muerte de España).

Isabel sufrió un ictus, que la llevó a las puertas de la muerte, y aunque el destino quiso que no las atravesase, si que la dejó estancada en un mundo de tinieblas. Los médicos no daban muchas esperanzas por ella y al principio creyeron que era un caso irreversible, donde ella siempre tendría que depender para cualquier cosa de los demás; atrapada en un estado de discapacidad tanto física como mental, de forma permanente. Como si de golpe, a cualquiera de nosotros tranquilos en nuestras plácidas vidas, nos colocasen en el tobillo un grillete con una pesada bola, y nos dijesen: ahora tendrás que arrastrarla toda tu vida.

A Isabel, que hasta entonces había sido enfermera, le pasó un poco como sucede en la película El doctor de la directora Randa Haines, donde a un médico le diagnostican un cáncer y de repente pasa al otro lado del telón, y en un cambio de roles el médico se transforma en paciente. Y una vez reconvertido en el papel de sufriente, le toca aguantar la deshumanización de todo el protocolario sistema médico.

Fue gracias al tesón de su familia, al apoyo de algunos amigos que no se difuminaron con la desgracia, y a su coraje personal, que Isabel comenzó una lucha para su recuperación acudiendo a centros más especializados en la rehabilitación. Y allí con cada batalla personal que le ganaba a su cuerpo, Isabel fue descubriendo que aparecía una brillante luz al final del túnel distinta a la anterior que casi le había arrastrado a la muerte. Una luz que le indicaba que podía volver a tener ganas de vivir, y seguir sintiéndose útil hacia el resto de la sociedad. Una nueva actitud ante la vida que más que condenarla, le había dado una nueva oportunidad. Y se dió cuenta, como a ella le gusta decir: “que el espectáculo debía continuar”.

Todo esto lo cuenta en su libro Alta Sensibilidad, uno de esos libros testimoniales que seguramente habrá servido para ayudar a otras personas que han sido aquejadas por ésta u otras enfermedades, donde el paciente pierde la esperanza.

Pero esta historia más que un final tiene en este punto un nuevo principio, y además lleno de hermosura. Un día Isabel se apuntó a un taller de danza integrada que se impartía en el centro de rehabilitación al que acudía, unos talleres de danza que dirigía el coreógrafo Jordi Cortés.

Al poco tiempo Isabel se había incorporado a la compañía de Jordi realizando el espectáculo V.I.T.R.I.O.L. Había comenzado una nueva Isabel Palomeque en la que se primaba desbordar la sensibilidad a través del movimiento.



Una historia que te toca el corazón, sin final aún, porque todo en la vida siempre es un comienzo.

Al final del video Isabel explica como solo puede mover una de sus dos manos, pero riéndose, dice que la otra que le queda: ¡como la mueve! Y con esto me viene ahora a la mente aquella canción cantaba el loco más loco del Clot, que decía aquello de: “no la compadezcas nunca, no se vaya a enterar” je,je.

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lunes, noviembre 02, 2015

La Danza Macabra de Camille Saint-Saëns

Los lunes por definición son días tristes y más si llueve, como está sucediendo ahora mientras escribo. Tampoco ha sido un fantástico Halloween el que he disfrutado estos días. Así que entre unas cosas y otras, hoy me voy envolviendo con un manto de melancolía. Y uds tienen la mala suerte que deseo compartir mi estado emocional, así que por ello se me ha ocurrido colgar esta pieza del polémico compositor Camille Saint-Saëns (el compositor tuvo una vida algo disoluta para la época y de ahí lo del adjetivo). Quizás podría poner un emoticon en mi Facebook con cara tristona, pero yo soy más de blogs…

La famosa Danza Macabra de Camille Saint-Saëns está inspirada en un poema de Henri Cazalis, en el que se narra como la figura de la muerte acude a un cementerio y pasadas las doce de la noche comienza a tocar su violín como si de un zíngaro se tratase (siempre pensé que la muerte tiene algo de bella gitana), y con su música acaba levantando a los muertos que bailan al compás del vals, y que cuando acabe la melodía volverán a sus tumbas. Notan ya el frío... (quizás es que se acerca el invierno y el ejército de los muertos está algo revolucionado je,je).



Y ya de paso coloco un fragmento de un poema del poeta Leopoldo María Panero, uno de eso poetas al que se le admira tanto por su locura como por su genialidad.

DANZA DE LA MUERTE

Al salir de un bar, de algún refugio, en busca de mi más lejana guarida,
vi como una cadena de imbéciles se pasaban la muerte de mano en mano.
Era, sí, una danza, pero interrumpida por los besos.
Y allí la muerte no era aquella imagen cruel que otros conocieron,
sino una hermosa muchacha, casi un niño, o un hombre cuyos ojos morían de dulzura,
de la más terrible y espantosa que estuvo entre los hombres.
Y todos la amaban, y la llamaban con nombres de cariño y de amor,
nadie la temía, era como el pan que comparten los bárbaros.
Todo en la calle bailaba, todos los hombres danzaban,
sin saber lo que hacían, cantando como dementes, a la muerte,
que pasaba de mano en mano, con dulzura terrible, y para nada, por nada.

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sábado, octubre 03, 2015

Documental "El diari de Mònica"

Me cuesta encontrar no tanto el tiempo sino el esfuerzo para escribir por aquí, porque aunque escribir es una tarea cuya insistencia sé que acaba dando frutos, siempre he tenido más alma de lector que de escritor. Sé que cuando uno escribe también es un proceso muy divertido –especialmente cuando uno intenta crear algún tipo de historia-, pero escribir también lo percibo como gastar una parte de mi ocio y lamentablemente el día perfecto para ser “correcto” debería tener el doble o el triple de horas… así todos nos pondríamos “a la hora”; formaríamos parte del engranaje del reloj con el que late la humanidad (disculpen si esto sonó demasiado pomposo), pero ahora, todos en cambio vamos siempre con prisas. Desearía conformarme con ser el hombre de la camisa feliz que disfruta en su tranquilo lago con el único pensamiento de sacar unos peces que le sirvan de alimento para subsistir, pero la verdad es que no sé como se hace esto (el pescar y el quedarse quieto). El dinero no es algo que me motive demasiado, pero siempre en cambio tengo ansias de aprender, así que no puedo estar esperando a que pique un pez porque eso significaría estar demasiado lejos de mis libros.

Así que volviendo al hilo, prefiero últimamente la lectura de cosas que me interesan, porque de ahí tengo la impresión de que saco un aprendizaje mucho más directo. Bueno, ustedes no me conocen, pero soy un poco como ese niño que una vez encontró San Agustín en la playa y que intentaba meter en un hoyo de arena toda el agua del mar, vamos, sintetizando, soy un soñador.

Pero la persistencia en este blog siempre ha tenido un sentido principal, como si se tratara de un eje alrededor del cual pivotan mis palabras, y este eje es la voluntad de rendir homenaje a las personas que por algún azar del destino descubro y creo que se merecen que al menos yo les rinda unas pocas palabras, como si este blog fuese mi particular Paseo de la fama, y yo me dedicara a grabar con cincel el nombre de una persona en cada uno de los posts. Y no quiero decir con eso que me dedique a rescatar a famosos del olvido -que lo intento hacer en parte-, pero este blog tiene aún mucho más sentido cuando uno de esos nombres que cito es el de alguien prácticamente desconocido, y aquí al menos le doy el minúsculo espacio que dejan unas cuantas líneas escritas de forma algo torpe, pero que llevan al menos un pedacito de mi corazón.

Vayamos al meollo del asunto, el otro día viendo la programación de BTV (sin duda mi cadena de televisión preferida, meto cuña, aunque me molesta un poco que no hayan renovado el programa de La Rambla), ví que anunciaban un documental que me pareció interesante: “El diari de Mònica” el cual narraba el homenaje que le daban los familiares y amigos a una chica que se había suicidado debido a unos brotes de esquizofrenia.

Así que me dispuse a verlo, y claro ver como una chica en la flor de su vida se suicida pues es tan incomprensible, que me hace estrujar mi cerebro, y preguntarme fue una si estaremos haciendo algo mal como sociedad (la respuesta obvia a esta pregunta genérica es sí, pero me refiero en el caso particular de esta chica).

Se llamaba Mònica Mateu i Lopez y parecía una adolescente bastante normal que dedicaba la mayor parte del tiempo a aprender a tocar la viola en el conservatorio. Una chica muy sensible, bastante guapa, con una familia que la quería y un novio que también estaba por ella. ¿Por qué entonces se suicida Mònica? Pues resulta que en cierto momento de su vida su cerebro le juega una mala pasada y según parece se inventa una especie de violación de varios muchachos (me imagino que los psicólogos y médicos tendrían sus razones para poder diagnosticarla con seguridad como esquizofrénica).

Para controlar esa esquizofrenia entonces le dan una medicación que le afecta a su día diario, ya que le provoca entre otros efectos temblores, y le impide poder seguir con su disciplina de aprendizaje de la viola, entre estas historias de médicos y convalecencias en algún centro de recuperación, pierde casi un año de su vida, y cuando se cree con las suficientes fuerzas para retomar el timón de su vida, descubre que el conservatorio al que acudía no le han guardado la plaza.

Ello sumado al continuo estado de miedo que sentía hacia su propia imaginación le jugase nuevas malas pasadas, y que cada dos por tres veía sombras que le atemorizaban, le llevan a una situación límite; miedo me imagino a volverse loca, o a sencillamente no ser capaz de vivir la vida. Finalmente en enero de 2004 decide acabar con su vida lanzándose desde una ventana (me hace recordar el caso de Patricia Heras del cual ya me ocupé desde este blog).

¿Cuánto miedo debe sentir uno para querer liberarse de esa manera? Sentir quizás que tu futuro se oscurece y pensar quizás que te has convertido en una carga para familiares y amigos. Quizás no pensar en nada, y solo un último deseo de saltar.

Sea como sea las directoras del documental Priscilla Aguirre y Alejandra Zolezzi conocieron a la madre de Mònica en una de las sesiones de duelo a las que regularmente acudía y les llamó la atención el hecho de que su madre les indicara que su hija había escrito un diario durante su enfermedad, y que ella ahora intentaba publicar. El diario llevaba por nombre “Nits d’insomni”. Un título que me parece perfecto y un diario que por supuesto me fascinaría leer, aunque solo fuera por intentar desentrañar la clave del por qué una chica que parecía tener todo el futuro por delante se acaba suicidando.

¿Sería una pieza fundamental de su suicidio ese insomnio del que habla? Yo suelo dormir plácidamente, y es raro que tenga una noche de insomnio. Normalmente me meto en la cama, y antes de que pase un minuto ya me he dormido y hasta el día siguiente, pero eso de no dormir debe ser una tortura. El otro día estuve en una charla de escépticos en el que se habló del sentido reparador del sueño y aprendí también algunas cosillas. Ya lo escribió Shakespeare en Macbeth: “¡El sueño, muerte de la vida de cada día, baño reparador del duro trabajo, bálsamo de las almas heridas, segundo servicio en la mesa de la gran Naturaleza, principal alimento del festín de la vida!”

Quizás el no dormir nos vuelva algo locos.

A veces pienso que la razón de que este tipo de casos siempre llame mi atención, es porque hubiera deseado estar allí cerca de ella y ayudarla en lo posible… o yo que sé.

Las cenizas de Mònica si no lo anoté mal se encuentran a los pies de un árbol en el pequeño pueblo de Montcortès, una población situada en la falda del Pirineo catalán.

Y si alguien está interesado en ver el documental que no dura mucho, lo puede ver aquí (está en catalán).

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sábado, junio 13, 2015

Loreena McKennitt canta El niño robado de Yeats

Antes que se me olvide como postear pongo el poema El niño robado (The Stolen Child) de William Butler Yeats, que acabo de descubrir en voz de la canadiense Loreena McKennitt de ascendencias escocesas e irlandesas, y que es una de esas brujas de cabello de fuego con la que de vez en cuando nos obsequia la genética celta.

A veces me cuesta ver la musicalidad de algunos poemas a la que se salen de estrofas típicas como por ejemplo pueden ser la de los sonetos, pero basta escuchar una versión cantada por alguien que sepa del tema para recordarme la hermosura de ciertos poemas.

Me gusta lo que dice la Wikipedia sobre ella:

“Loreena no ha dejado de recorrer mundo cambiando su música a medida que encontraba nuevas culturas, en 1991 visitó Venecia, Hungría, Ucrania, España y partes de Asia para poder realizar el disco The Visit(1994). Según ella, la música es un medio de comunicación entre las distintas culturas y para dejarlo todavía más claro grabó el disco The Mask and Mirror en el que España tiene un papel importante como por ejemplo la adaptación del poema que San Juan de la Cruz escribió tras su cautiverio en Toledo, La Noche Oscura del Alma (en inglés The Dark Night Of The Soul)”

Pondré una versión subtitulada, para los que como yo tenemos un nivel de inglés nivel medio (al menos eso dice mi curriculum... lo juro ;)) puedan entenderlo.



Resumiendo, el poema cuenta como unas hadas quieren llevarse a un niño aún inocente para librarlo del dolor del mundo. Y al descubrir esta canción me ha venido inevitablemente a la mente aquella gran canción de Mecano que sacó allá por los años noventa titulada Hijo de la Luna (nos hacemos viejos… y yo precisamente hoy un año más).

Y bola extra, un link de hora y media de Loreena Mckennitt (¡qué manía que tienen los de la lengua de la pérfida albión en duplicar tanto las letras!) grabado nada más y nada menos que en la Alhambra, y que alguien ha tenido la buena voluntad de poner todos los subtítulos en castellano, así que si les gusta un poco la música celta, aquí tienen mucho material para disfrutarla:

Loreena Mckennitt - Nights From The Alhambra

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martes, mayo 12, 2015

"Vivir a contracorriente" un debate abierto

Conocí el caso de Alfred López porque en una ocasión lo entrevistaron en un programa de radio, y allí daba a conocer su proyecto de “Vivir a contracorriente”. Alfred era un joven de apenas veintipocos años y al que en su corta vida ya le habían diagnosticado cáncer en varias ocasiones, y pese a eso, había conseguido seguir luchando contra la enfermedad y viviendo siempre manteniendo una sonrisa en la boca; lo que llamaba la atención de su caso es que cuando hablaba mostraba la clara determinación de curarse que hasta hacía que uno casi acabara compartiéndola.



El tema que podía levantar bastante polémica era que Alfred en su último cáncer había decidido no ser tratado con los métodos médicos más agresivos (una cirugía en le que le tenían que extirpar el pulmón que le quedaba sano, ya que el otro ya se lo habían reducido, y la quimioterapia, que cualquier paciente de cáncer sabe los efectos secundarios que ésta conlleva). Albert había decidido creer en otros tratamientos menos agresivos para su cura (para saber más sobre su caso lo mejor es ver los vídeos que el mismo colgó en su pagina web), y eso y el pleno convencimiento de querer seguir viviendo, era lo que él creía que le sanaría. Pero como ya dejo entrever por los tiempos verbales, Alfred al final lamentablemente murió ayer.

Por un lado pienso que vivió plenamente sus últimos años, brillando en las personas de su alrededor como ante el paso de una estrella fugaz, y sé por los mensajes que he leído de condolencia de familiares, amigos o simples desconocidos que se cruzaron con él, que le recordarán con mucho cariño. Nadie desde luego merece un cáncer, y aún da más pena cuando una enfermedad tan dañina, le sucede a una persona tan joven, y con tantas ganas de vivir, pero la vida a veces es muy injusta y no hay mucho que hacer ante esto. Lamentablemente todos conocemos algún caso tanto de familiares o amigos que han decantado la balanza hacia un lado u otro en esta lucha entre la vida y la muerte. Pero quizás el mejor planteamiento sea el pensar que en este valle de lágrimas, todos vivimos hasta que al final acabamos muriendo.

Lo único que puedo discrepar viendo los videos de este chico, es que creo que se equivocó al evitar ser tratado con quimioterapia. Como escéptico que soy creo totalmente en la medicina occidental farmacológica, y está muy bien buscar la fuerza interior y el mantener una actitud positiva frente a la vida, pero si un médico te dice que tu mejor opción es la quimioterapia para luego poder operarte; mientras que la comunidad médica no demuestre lo contrario, ésa es la mejor opción y cuanto antes se te diagnostique el cáncer, y antes comiences el tratamiento, mayores posibilidades de cura tendrás. Aunque lo deseáramos, no podemos controlar desde la consciencia o desde la alimentación el que un tumor se reproduzca o no (al menos con los datos que hoy por hoy controlamos).

Uno puede quizás encontrar algún tratamiento experimental quizás en los EEUU no tan agresivo, pero aparte que son muy difíciles de costear no creo que valga la pena cruzar el océano para ser tratado allí y no aquí, porque en España ya hay laboratorios que lideran en la actualidad investigaciones sobre la cura del cáncer –pese a todas las dificultades de recortes en investigación y etc.- Así que en nuestros propios hospitales tenemos la suerte de poseer algunos de los mejores profesionales oncólogos del mundo (y garantizo que no soy por naturaleza chauvinista). Desde luego lo de informarse y buscar otras opiniones médicas está muy bien, pero si lo que uno pretende es encomendarse a encontrar una especie de “aceite de Lorenzo” que te cure, creo que es engañarse a si mismo. Así que si un oncólogo te dice que la mejor opción es la quimioterapia o la cirugía, y retardar este proceso es rebajar tus posibilidades de cura.

Si alguien me habla de un caso de remisión espontánea de un cáncer, yo diría que posiblemente sea debido a un mal diagnóstico inicial (por ejemplo que las manchas de la tumoración que hubiesen aparecido en una tomografía hubiesen sido interpretadas erróneamente). La otra posibilidad, la del milagro médico, tampoco la descarto -el verdadero escéptico nunca cierra totalmente las puertas a lo desconocido-, porque el cuerpo humano sigue siendo un grandísimo enigma, y a veces da sorpresas insólitas, que imagino que algún día la medicina sabrá interpretar, pero creo que confiar en que vaya a suceder uno de estos milagros, es entrar en el terreno de la inconsciencia. Y no quiero engañar a nadie, con la quimioterarapia tampoco hay ninguna garantía de curarse, ni siquiera la garantía de mantener una cierta calidad de vida hasta el final, pero aún así salvo que uno prefiera dejar la lucha médica de su cuerpo, es la mejor opción.

Pero bueno, descanse en paz Albert Lopez, que equivocado o no, luchó como nadie como creía por su vida.

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viernes, abril 24, 2015

Arte callejero para el dia de Sant Jordi

Ayer se celebró en Catalunya el reconocido día de Sant Jordi, un día que pese a no ser festivo, es la fiesta más vistosa durante todo el año por estas tierras del pà amb tomàquet, por aquello de que todas las calles se llenan de paraditas de gente vendiendo tanto rosas como libros, y es costumbre que los hombres regalen rosas (y libros) a las mujeres, y estas a su vez también regalen libros a los hombres.

Y durante esta venta ocasional de tanto libro, muchos escritores se ponen en las librerías o en los mismos stands de venta de libros con sus novelas más recientes, y se disponen a firmar los ejemplares que se llevan los compradores. Es la ocasión donde cualquier aficionado a la lectura tiene la oportunidad de encontrar a alguno de sus admirados escritores y cruzar alguna palabra mientras te haces algún selfie con el escritor de turno.

El único problema –o al menos el principal para mí- es que el centro de Barcelona, aunque se vuelve muy vistoso, también se vuelve intransitable ante la muchedumbre que se concentra especialmente por la zona de las Ramblas (pese a que la venta de rosas y libros en realidad se da en casi todas las esquinas de la ciudad). A mí como me satura tanta gente, al final por estas fechas ya he decidido optar por algún otro recorrido alternativo, así que el día anterior se me ocurrió hacer una pequeña ruta turística por el barrio de Les Corts, que me pilla bastante cerca.

Les cuento, el objetivo era ir a ver lo que queda del antiguo Instituto Frenopático ahora integrada en los jardines de la clínica Dexeus, y del cual algún día espero escribir algo.

Y como me pillaba cerca, me he pasado antes por la Galeria Roca, en la que había una exposición del escultor Chillida, de la cual lo que más me ha llamado la atención -aparte del edificio que es bien bonito y tiene una concepción muy moderna- es una colaboración que parece que mantuvieron Chillida y el filósofo Heidegger, y éste último acabó plasmando sus reflexiones sobre el arte de Chillida en el libro “El arte y el espacio”.

Para finalizar mis andanzas me he pasado por la calle Benavente donde hay unos murales de escritores, que conocía de haber pasado por ahí otras veces, pero siempre con prisas, y sin ganas de pararme, pero hoy había decidido que si que era el día. Investigando por Internet leo que los graffiteros son tres y firman como: Cristian, Kram y Sendys, y son los mismos que pintaron a Mercè Rodoreda y Salvador Espriu en la calle Numancia poco antes de llegar a la Diagonal, y cuyos murales están también hace tiempo atrapadas en algún rincón de mi móvil.

Bueh, cuelgo ahora aquí estas fotos nuevas, que he hecho y que corresponden a los poetas: Gabriel Ferrater, Joan Vinyoli, Rosa Leveroni, Josep Vicenç Foix, y Josep Palau i Fabre y hacen referencia al Primer Festival de Poesía Popular Catalana que se celebró en 1970, en el por entonces famoso templo del boxeo que era la sala Gran Price (demolida ya hace unas décadas, después de que el interés de la gente por este sufrido deporte fuese menguando con el paso de los años).

Gabriel Ferrater (1922 - 1972)

Gabriel Ferrater

Joan Vinyoli (1914 - 1984)

Joan Vinyoli

Siempre me han gustado los graffitis, me imagino que porque puestos a elegir, prefiero perderme por los barrios bajos de una ciudad y sus zonas más canallas, que no pasear mirando escaparates por las famosas “millas de oro”. Pero en este caso, me hace gracia especialmente colocar estas fotos, porque lo más seguro es que en algún momento no muy lejano, se acabe edificando en las zonas donde están pintados, y cuando lo hagan, se derribarán sin demasiadas contemplaciones las tapias que ahora les sirven de lienzo. Así que dejar estas imágenes por la red, es dejar constancia que durante un tiempo existieron y embellecieron la ciudad.

Rosa Leveroni (1910 - 1985)

Rosa Leveroni

Josep Vicenç Foix (1893 - 1987)

Josep Vicenç Foix

Arte efímero el de los graffitis… salvo que te conviertas en un Banksy y que tus pintadas, acaben siendo trasladadas con el trozo de muro correspondiente a modernas salas de museos. Claro que el arte ya de por sí tiene un punto bastante efímero, porque todo arte se olvida más tarde o más temprano vencido al paso de los años, porque todo al final es una cuestión de escala.

Josep Palau i Fabre (1917 – 2008)

Josep Palau i Fabre

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