Las piedras rai
En el año 1686 el navegante español Francisco Lazcano atraviesa el pacífico y arriba a las Islas Yap, un pequeño conjunto de islas de los centenares que componen el archipiélago de las Carolinas en la Micronesia. No es el primer navegante en llegar a ellas, pero si el primero que las reclama, y lo hace en nombre del rey de España Carlos II. Durante un par de siglos estas islas situadas prácticamente en nuestras antípodas, pertenecerán a la corona de España, y serán los misioneros los que principalmente se encargarán de tratar con la población nativa en sus deseos de evangelización.
Esta historia no dejaría de ser una más en las páginas escritas de los misioneros de la Iglesia casi olvidados por el resto del mundo, sino fuera por una curiosidad que llamó la atención a los economistas, este detalle lo constituyen las piedras rai. ¿Y que son las piedras rai uds se preguntarán? Pues las piedras rai es la moneda autóctona en la que durante muchos años se basó el sistema económico de estos nativos. Pero no estamos hablando de unas piedras que puedan llevarse en el bolsillo como si de calderilla se tratase, las piedras rai son discos de piedra caliza tallada, que normalmente tienen un diámetro que varía desde el medio metro, hasta llegar incluso a los tres metros (las más grandes pesan varias toneladas). Aunque también en honor de la verdad, hay que decir que no todo el sistema monetario se basaba en las piedras rai, sino que también tenían otras piedras más pequeñas que también se utilizaban en las transacciones económicas.
Las piedras rai los nativos las conseguían en otras islas cercana, porque en las suyas no existía prácticamente la piedra caliza, así que después de tallarlas (el tradicional agujero central que les hacen a las rai, era para poder pasar un palo y poderlas después trasladar más fácilmente) las trasladaban en barcas en un viaje sumamente peligroso hasta llevarlas a sus islas. En la travesía era normal que ocurriesen accidentes, y era por esa dificultad en conseguirlas y por su escasez en la propia isla, por lo que las piedras cobraban valor.
Pero hay muchas curiosidades acerca de éste sistema monetario, una por ejemplo es que la piedra no sólo tiene valor por su tamaño, sino que también cuenta la propia historia de la piedra, si por ejemplo en su traslado murió alguien la piedra pasa a tener más valor, como también es importante saber quienes fueron los antiguos poseedores de la piedra; cuanto más alto rango ostentan sus antiguos poseedores, más valor tiene la piedra. También es importante dónde está colocada, porque las piedras rai una vez son desperdigadas por algún lugar de la isla ya no se suelen cambiar de sitio, porque aunque la propiedad de la piedra si que varía, estás debido a lo trabajoso que resulta moverlas y el peligro a que se rompan al trasladarlas y a que pierdan por ello todo su valor, por lo que no acostumbran a moverlas (a diferencia de nuestro sistema monetario, en el que necesitamos poseer los billetes y las monedas de forma mucho más tangible e intercambiamos continuamente nuestras monedas que pasan de mano en mano en los procesos de compra y venta).
Esta claro que en las islas Yap durante muchos siglos no necesitaron un sistema tan preciso y a la vez tan complejo como el nuestro, y que con unos pocos miles de discos de piedra dispersos por la isla ya les valía para hacer funcionar su economía. Una economía en la que cada habitante sabe perfectamente no sólo a quién pertenece cada piedra, sino también a quién le perteneció antiguamente. Y por supuesto tampoco ha existido nunca el riesgo del robo de estas piedras, ya que sencillamente por su excesivo peso ya es razón suficiente para que a cualquier ladrón se le quiten las ganas de intentar robarlas
Actualmente las islas Yap están bajo una especie de protectorado americano, y utilizan por ello el dólar estadounidense en la mayoría de transacciones diarias, pero estas piedras-moneda han quedado tan arraigadas a estas islas, que hoy en día son el símbolo nacional, y gracias tanto a ellas como a la oferta de buceo que ofrecen estas hermosas islas coralinas, reciben cada año la visita de varios miles de turistas.
Las rai actualmente siguen teniendo una función parecida a que tuvieron en el pasado, ya que siguen teniendo un gran valor para sus habitantes, y son utilizadas por ejemplo tanto en cuestiones de herencias, como en asuntos de dotes matrimoniales.
Y para no liar la cosa, mejor me paro ahora, aunque me apetece seguir con algunas referencias monetarias que se me ocurren, pero sería liar este post demasiado. Además, creo que ya es suficiente con imaginar las posibilidades que las piedras rai sugieren, a mí por ejemplo tras ver la foto anterior me imagino el caso de un hipotético cacique tribal que posee todas las piedras rai de un camino menos una, y como si de un tablero de monopoly se tratase, intenta conseguir a toda costa la única piedra que le falta para completar la posesión de todo su caminito de piedras.
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Si yo hubiera nacido en otro lugar, me imagino que no le daría la más mínima importancia a este olvido, pero debido a que compartimos Barcelona como nuestra querida ciudad de nacimiento, me molesta en cierta manera este descuido de la red y en especial de las autoridades culturales catalanas. Por supuesto, me molesta también que haya sido apartado por la crítica y lo que es peor, me molesta que haya sido olvidado por la memoria de la gente (esto debe ser como el dilema de la gallina y el huevo). ¿No tendrá Noel Clarasó uno de esos familiares dispuesto a luchar por su recuerdo? Es descorazonador mirar por la red buscando algún artículo, y encontrar a duras penas solo la voz de otro lector que explica su infructuosa experiencia cuando ha preguntado en las librerías de viejo por los libros de este escritor, y como cuenta que ante sus preguntas, el resultado habitual es que no les suene a nadie de nada, y por supuesto la consiguiente respuesta: “no está prevista una reedición de su obra”.
Noel Clarasó fue sobretodo reconocido por diversas antologías y diccionarios humorísticos, pero lo que a mí me llama la atención es su particular heterodoxia temática de su obra, que difería especialmente del realismo habitual que dominó durante la postguerra en los autores españoles. Clarasó escribió libros de terror como Miedo que es una estupenda recopilación de relatos macabros; libros de jardinería como Jardinería doméstica; libros de temática policíaca como El asesino de la luna, o incluso libros de una brillantez erudita como es la Antología de maravillas, curiosidades, rarezas y misterios, en la que de una forma amena recopiló todo lo que avivaba su especial curiosidad (en cierta manera mi blog no deja de ser una especie de versión mucho más precaria y menos cuidada de este tipo de antologías).

