La Librería

Pequeños retales de literatura

martes, noviembre 22, 2016

El Click

Hace unos días vi una noticia sobre las patentes que tanto Sony como Samsung estan desarrollando para sacar lentes de contacto que son capaces de hacer fotografías mediante el sencillo acto de parpadear (aquí es cuando todo el mundo exclama indignado: ¿cómo el dispositivo sería capaz de interpretar un parpadeo consciente de otro inconsciente? Bueh, no se me alboroten; lo único que suponemos al respecto es que los que hacen estas tecnologías son más listos que el resto de los mortales, y confiamos en ellos para resolver este fútil problema, aún así, si usted padece algún tic en los ojos le recomendamos que llegado el momento no se compre esta tecnología; la ciencia es ciencia, pero no hace milagros).
Lentilla cámara
En la serie Black Mirror aparecían unas lentillas del estilo, que grababan en un video todo lo que los ojos de alguien veía, y luego así se podía rebobinar la acción para rememorar el momento que uno deseara, lo que en un matrimonio era un motivo de discusión ante la infidelidad de uno de ellos y la voluntad de su compañero que le mostrase lo que había hecho el primero/a mientras estaban separados. Ver para creer. ¡Pero lo útil que sería al menos para encontrar esas llaves que uno nunca encuentra cuando tiene que salir de casa!

De todas maneras, lo que si destacamos es que la tecnología avanza implacablemente, y es impresionante como las cámaras fotográficas se han ido reduciendo de tamaño. Los inicios desde luego fueron muy duros…
Camara Mammoth
Esta entrada me hace acordar de ese texto maravilloso de Julio Cortázar que lleva por nombre: “El tesoro de la juventud”.

PD. Si buscaban a Milo Manara... otro día.

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martes, mayo 12, 2015

"Vivir a contracorriente" un debate abierto

Conocí el caso de Alfred López porque en una ocasión lo entrevistaron en un programa de radio, y allí daba a conocer su proyecto de “Vivir a contracorriente”. Alfred era un joven de apenas veintipocos años y al que en su corta vida ya le habían diagnosticado cáncer en varias ocasiones, y pese a eso, había conseguido seguir luchando contra la enfermedad y viviendo siempre manteniendo una sonrisa en la boca; lo que llamaba la atención de su caso es que cuando hablaba mostraba la clara determinación de curarse que hasta hacía que uno casi acabara compartiéndola.



El tema que podía levantar bastante polémica era que Alfred en su último cáncer había decidido no ser tratado con los métodos médicos más agresivos (una cirugía en le que le tenían que extirpar el pulmón que le quedaba sano, ya que el otro ya se lo habían reducido, y la quimioterapia, que cualquier paciente de cáncer sabe los efectos secundarios que ésta conlleva). Albert había decidido creer en otros tratamientos menos agresivos para su cura (para saber más sobre su caso lo mejor es ver los vídeos que el mismo colgó en su pagina web), y eso y el pleno convencimiento de querer seguir viviendo, era lo que él creía que le sanaría. Pero como ya dejo entrever por los tiempos verbales, Alfred al final lamentablemente murió ayer.

Por un lado pienso que vivió plenamente sus últimos años, brillando en las personas de su alrededor como ante el paso de una estrella fugaz, y sé por los mensajes que he leído de condolencia de familiares, amigos o simples desconocidos que se cruzaron con él, que le recordarán con mucho cariño. Nadie desde luego merece un cáncer, y aún da más pena cuando una enfermedad tan dañina, le sucede a una persona tan joven, y con tantas ganas de vivir, pero la vida a veces es muy injusta y no hay mucho que hacer ante esto. Lamentablemente todos conocemos algún caso tanto de familiares o amigos que han decantado la balanza hacia un lado u otro en esta lucha entre la vida y la muerte. Pero quizás el mejor planteamiento sea el pensar que en este valle de lágrimas, todos vivimos hasta que al final acabamos muriendo.

Lo único que puedo discrepar viendo los videos de este chico, es que creo que se equivocó al evitar ser tratado con quimioterapia. Como escéptico que soy creo totalmente en la medicina occidental farmacológica, y está muy bien buscar la fuerza interior y el mantener una actitud positiva frente a la vida, pero si un médico te dice que tu mejor opción es la quimioterapia para luego poder operarte; mientras que la comunidad médica no demuestre lo contrario, ésa es la mejor opción y cuanto antes se te diagnostique el cáncer, y antes comiences el tratamiento, mayores posibilidades de cura tendrás. Aunque lo deseáramos, no podemos controlar desde la consciencia o desde la alimentación el que un tumor se reproduzca o no (al menos con los datos que hoy por hoy controlamos).

Uno puede quizás encontrar algún tratamiento experimental quizás en los EEUU no tan agresivo, pero aparte que son muy difíciles de costear no creo que valga la pena cruzar el océano para ser tratado allí y no aquí, porque en España ya hay laboratorios que lideran en la actualidad investigaciones sobre la cura del cáncer –pese a todas las dificultades de recortes en investigación y etc.- Así que en nuestros propios hospitales tenemos la suerte de poseer algunos de los mejores profesionales oncólogos del mundo (y garantizo que no soy por naturaleza chauvinista). Desde luego lo de informarse y buscar otras opiniones médicas está muy bien, pero si lo que uno pretende es encomendarse a encontrar una especie de “aceite de Lorenzo” que te cure, creo que es engañarse a si mismo. Así que si un oncólogo te dice que la mejor opción es la quimioterapia o la cirugía, y retardar este proceso es rebajar tus posibilidades de cura.

Si alguien me habla de un caso de remisión espontánea de un cáncer, yo diría que posiblemente sea debido a un mal diagnóstico inicial (por ejemplo que las manchas de la tumoración que hubiesen aparecido en una tomografía hubiesen sido interpretadas erróneamente). La otra posibilidad, la del milagro médico, tampoco la descarto -el verdadero escéptico nunca cierra totalmente las puertas a lo desconocido-, porque el cuerpo humano sigue siendo un grandísimo enigma, y a veces da sorpresas insólitas, que imagino que algún día la medicina sabrá interpretar, pero creo que confiar en que vaya a suceder uno de estos milagros, es entrar en el terreno de la inconsciencia. Y no quiero engañar a nadie, con la quimioterarapia tampoco hay ninguna garantía de curarse, ni siquiera la garantía de mantener una cierta calidad de vida hasta el final, pero aún así salvo que uno prefiera dejar la lucha médica de su cuerpo, es la mejor opción.

Pero bueno, descanse en paz Albert Lopez, que equivocado o no, luchó como nadie como creía por su vida.

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sábado, abril 12, 2014

Una librería que abre contra una ciudad que agoniza


Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres….
Dámaso Alonso –Insomnio-



Los madrileños que me perdonen… quería poner alguna cita sobre lo que voy a comentar, y éste verso de Dámaso Alonso es la que me ha venido a la cabeza, pero en realidad lo que comento no tiene nada que ver ni con Madrid, ni con Barcelona –creo-.

Estuve este Viernes en una charla en la hace poco recién inaugurada librería Nollegiu (C/Amistat 20, Poblenou) donde se iba a hablar con algunos de los autores del libro de relatos Nómadas editado por Playa de Ákaba. Me sorprendió gratamente la librería por la completa agenda de actividades que allí se desarrollan diariamente, y no sé si le saldrán al final los números contables, pero de entrada felicito aquí a su librero: Xavier Vidal por su esfuerzo y su valentía por embarcarse en esta bonita aventura.

Nollegiu

Esperaba que hablasen más de viajes y de viajeros, pero resulta que los allá partícipes de la conversación eran más de espíritu sedentario que nómada, y como no se les puede pedir peras al olmo, al final acabaron disertando más sobre urbanismo y el modelo de crecimiento de las ciudades que no de lejanos países exóticos.

Hubo un momento que Elías Gorostiaga dejó caer la pregunta sobre si una ciudad actual puede desaparecer, del mismo modo que las páginas de los libros de historia nombran desaparecidas ciudades antiguas, cuya exacta situación geográfica a duras penas hemos sabido encontrar. Como esta pregunta es algo que ya discutí con Juan Pablo y los escépticos (parece un grupo de música, oye ;P), me permito ahora dejar aquí algunas notas al respecto.

1) Antes era de los que pensaba que no me imaginaba una ciudad actual de millones de habitantes pudiese “morir”, pero tras la discusión con la gente de los escépticos acabé cambiando de bando. El asunto se remite todo a la teoría del cisne negro que formuló el broker Nassim Nicholas Taleb, que nos dice que los cambios graves tanto de nuestra historia como de nuestras vidas, proceden de hechos inesperados, y en la mayoría de los casos son impredecibles. Basta por ejemplo que una ciudad se vaya al traste en su economía principal por que surja inesperadamente una nueva competencia más eficaz o que de repente aparezca una imprevista crisis (y entonces todos los economistas es cuando se apresuran a decir: “se veía venir”), para que el trabajo comience a escasear y la gente decida trasladarse a otras ciudades.

Algo semejante ha ocurrido en Detroit donde de momento desde que se cerraron sus fábricas de coches, su economía se ha resentido de tal modo que aún no ha conseguido salir de la crisis en la que se ha visto envuelta. El problema en estos casos suele ser que las economías pueden caer como castillos de naipes, y el cierre de unas empresas provoca el cierre de otras por correlación. De tal modo que esta ciudad americana ha sufrido un éxodo de sus habitantes a otras ciudades, donde la crisis norteamericana no ha sido tan fuerte, provocando que barrios enteros hayan quedado totalmente abandonados.

2) Imaginemos una selva amazónica en la que se introduce cualquier agente externo en su biodiversidad, lo más probable es que esta no quede afectada, porque la riqueza de su ecosistema le permite autorregularse y encontrar otros puntos de equilibrio. Imaginemos por el contrario un campo sembrado de trigo, en el que introducimos algún agente externo como pudiera ser algún tipo de insecto, éste ecosistema puede quedar totalmente afectado porque se produzca algún tipo de plaga.

Algo así pero aplicado a las ciudad planteó hace varias décadas la teoría de urbanismo Jane Jacobs en su libro “Muerte y vida en las grandes ciudades”, donde comenta que para un barrio no caiga en decadencia, lo mejor es que en el se den mucha diversidad de usos del tipo: escuelas, tiendas, oficinas, parques, ocio, casas, etc., porque cuanta más diversidad más posibilidades tendrá de asimilar cualquier cambio de tendencias o costumbres de sus habitantes.

Si Detroit hubiera diversificado mucho más su industria, seguramente hubiera encajado mucho mejor que Ford, General Motors, o Chrysler dejaran de ser competitivos frente a la oferta de los coches japoneses.

3) El tercer factor que me apetece comentar, es el antropocentrismo que sufrimos a la hora de mirar la historia del planeta, si contamos unos 10.000 años de hombre semicivilizado frente a los 4000 millones de años que tiene de antigüedad el planeta Tierra, es de suponer que sencillamente con adelantarnos unos cuantos siglos o milenios a la época actual, vete a saber que habrá sido de la especie humana y si seguiremos vivos o yo nos habremos matado como Caín mató a Abel (este va a ser un tema que creo que voy a tocar por aquí proximanente).

Si pensamos sencillamente en los cambios climáticos, y por ejemplo en el deshielo de los polos es de presuponer como dicen la mayoría de informes sobre previsiones climáticas futuras, que el nivel de agua subirá en los próximos decenios, y muchas ciudades como las costeras de los Países Bajo (que por algo se llaman así), salvo que inventen unos sistemas de muros y esclusas más sofisticados de los que ahora ya tienen, sus tierras se verán engullidas por el agua (como el problema que sufrió Nueva Orleáns con la rotura de sus diques).

La desertización avanzará por Africa, por lo que la inmigración de esos países hacia los países más desarrollados, será aún mayor de la que tenemos ahora. ¿Podrán las ciudades europeas colapsarse de alguna manera por superpoblación? No creo ser demasiado catastrofista, al menos no me siento como tal, ya que me imagino que serán las siguientes generaciones las que se encuentren de verdad con la crudeza de los cambios climáticos, y ni la nuestra, ni quizás la de nuestros hijos.

Y por hoy no más.

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miércoles, enero 01, 2014

The Dark Side of the Moon

Programo. Dos ceros. El reloj del nuevo año ha comenzado de nuevo a andar en un irremediable tic tac.

Es noche de fin de año, mientras escribo esto, busco desde la ventana de mi escritorio a la luna. Decía Borges aludiendo a los persas que ellos decían que la luna era “el espejo del tiempo”. La idea me imagino que proviene de que por un lado siempre se ha hablado de esa cara de la luna que nos mira, unida a esa luminosidad que nos presenta ese astro hermano, provocada por el efecto del reflejo de la luz solar. Luna Y en ese brillo característico los poetas han encontrado una bonita veta a la que aferrarse: luna de plata, luna de nácar, espejo de luna… El espejo también emparenta a la luna con la fragilidad femenina, y lo del tiempo me imagino que indica que mucho antes de que el hombre fuera hombre, la luna ya giraba entorno a la Tierra.

Entrado el nuevo año, podría ponerme ahora a hacer balances sobre éxitos y fracasos, pero ahora que he mirado a la luna prefiero enajenarme un poco y hablar sobre algo que pueda interesarme más que mirarme el ombligo. Tan, tan, Tachán. No lo imaginan. El tema elegido por el voto unánime de mis neuronas es: la luna, y concretamente, la cara oculta de la luna. Pero expongámoslo sin demasiadas metáforas; analizando este fenómeno astronómico desde un punto de vista más físico que otra cosa, y así nos ahorraremos magulladuras.

La superficie de la luna es solo observable en un 59% desde la Tierra, el por qué de este hecho es que la luna tarda el mismo tiempo en rotar sobre si misma que en dar una vuelta sobre la Tierra, el fenómeno desde luego es mucho más comprensible si uno ve un modelo en el que se represente este movimiento.



(el desplazamiento real de la Luna respecto a la Tierra es el que aparece a partir del minuto uno)

Este tipo de movimiento provoca que una parte de la Luna siempre esté vedada a la mirada de los terrícolas. Los datos cronológicos de los hitos de esta respectiva carrera espacial son los siguientes: en 1959 los soviéticos capitaneados por el ingeniero Serguéi Korolev (tambien escrito Koroliov), impactan la sonda Luna 2 sobre la superficie lunar (entre los mares Imbrium y Serenitatis). Convirtiéndose en el primer objeto fabricado por el hombre que alcanzó otro cuerpo celeste.

Korolev

Korolev junto a Laika (la pobre moriría en acto de servicio)

Solo unos meses después la sonda soviética Luna 3 fotografió por primera vez este lado oculto de la luna. La procedencia de la sonda no es baladí, ya que al ser los soviéticos los primeros en poder contemplar la geografía lunar de este hemisferio, también fueron los que dieron nombre a los accidentes geográficos que esta presentaba y así los fueron bautizados mayoritariamente con el nombre de científicos de la URSS (El propio Korolev tiene agenciado en esta cara oculta de la luna su propio cráter). Algunas voces decían que los primeros en llegar a la luna podrían reclamar los derechos de posesión sobre ella, pero por suerte esta teórica de la propiedad finalmente nunca se llevó a cabo.

Sello

Sello conmemorativo ruso

Nueve años más tarde, los norteamericanos se ponían las pilas y en 1968 el astronauta William Anders durante la misión del Apolo 8, pudo observar directamente la cara oculta de la luna. Pese a ser el primero en contemplar este espectáculo no pareció conmoverse demasiado y se mostró bastante indolente en su relato de los hechos: “este lado de atrás se parece al arenero en el que juegan mis hijos. Aquí no hay nada más que baches y agujeros.”

Y ahora hagamos el salto mental. Hay una palabreja que aprendí hace unos años en un contexto totalmente distinto, mientras leía uno de los libros de Stephen King (escritor al que todavía pienso que la historia literaria algún día le hará justicia convirtiéndolo en una especie de Poe contemporáneo). El libro en cuestión se trata de Rabia (Rage), donde un estudiante armado se encierra secuestrando al resto de compañeros de su clase.

En ese libro Stephen King habla de “el terminador”, como la línea que separa la parte iluminada de la parte de la sombra de un planeta. Indagando sobre este término, saco el dato que esta línea existe realmente con ese nombre, y que en el caso de la luna avanza a unos 15 km/h sobre el ecuador lunar. Lo curioso del terminador es que debido a que en éste, llega a él una luz rasante procedente del sol, hace que se alarguen las sombras de los accidentes geográfícos, por lo que facilita la observación a los aficionados a la astronomía que pretendan identificar la orografía lunar.

Es por eso que el terminador presenta una claridad determinante, y King ahí tiene una de sus genialidades al hacer un paralelismo entre este suceso y la psique humana. Si nos comportamos con una bipolaridad digna de un caso de Jeckyll y Mr Hyde, el terminador entonces sería un estado de lucidez que aparece justo antes de que nos invada la locura, en este caso, la que sufre el protagonista de Rabia, cuya historia comienza así:

"La mañana en que la armé era espléndida; una magnífica mañana de mayo. La hacían magnífica el hecho de que no hubiera vomitado el desayuno y la presencia de la ardilla que había captado mi atención durante la clase de álgebra II."

Es esa observación de la ardilla, la que King destaca en las primeras páginas del libro, como si la mirada atenta sobre la ardilla tuviera una precisión anormal que indicara que algo está fallando en la vida de este estudiante (unos detalles que bien pudiera haber relatado un autor como David Foster Wallace, y su acostumbrada exigencia descriptiva). Cito ahora el texto Stephen King;

"Y entonces me sucedió algo muy curioso... En cada uno de nosotros debe de existir una línea muy clara, como la que separa el lado iluminado de un planeta del lado de sombras. Creo que esa línea se denomina el «terminador». Es una palabra magnífica para describir qué me ocurría, porque en un instante me sentía absolutamente excitado, y al instante siguiente estaba más frío que un témpano."

(El libro entero se puede leer aquí)

Es como esas bombillas que justo antes de apagarse queman su hilo incandescente produciendo un limitado pero intenso brillo, y luego algo se funde en el cerebro de la persona, y uno deja de ser uno mismo. La luna como un queso lleno de agujeros gruyere, y el cerebro en la zona oscura se vuelve queso derretido.

Y si quieren este post también tiene banda sonora en manos de Pink Floyd.

Y se acabó. Feliz año 2014!

(ole! ole! El blog se ha actualizado)

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sábado, enero 12, 2013

Más allá de nuestro planeta azulado

Nunca adivinarían ni remotamente de que libro he sacado este fragmento, a no ser quizás que alguien hubiera coincidido en la lectura y lo recordase –poco probable- o que por supuesto lo consultase en la red, lo cual ya sería más habitual en los tiempos que corren.

«Cuando leo sobre un universo en expansión, sobre novas y enanas rojas, sobre actividades violentas, explosiones, desapariciones de soles y nacimientos de otros, y luego advierto que la noticia de estos acontecimientos, transmitidos por las ondas de luz, son crónica de hechos que sucedieron hace millones de años, suele intrigarme qué ocurrirá ahora en ese lugar. ¿Cómo podemos saber si un proceso y una transformación que pasaron hace tanto tiempo no han cambiado radicalmente y las cosas no se han combinado de otro modo? Cabe concebir que lo que en el presente registran los grandes telescopios no existe en absoluto, que esos monstruosos acontecimientos estelares cesaron antes de que se formara nuestro mundo, que la Vía Láctea es un recuerdo llevado en brazos de la luz.»

El libro es nada más y nada menos que Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros de John Steinbeck, y corresponde a un párrafo extraído de la correspondencia que hay al final del libro, en la que Steinbeck va narrando sus avances en su trabajo sobre la versión que está preparando del libro de Thomas Malory La mort d'Arthur, el cual está intentando adaptarlo a un lenguaje más moderno (el libro no llegó a ser publicado hasta ya una vez ya fallecido Steinbeck).

Como ya volveré –espero en uno de mis próximos posts al Ciclo del Grial, solo quería compartir este fragmento de literatura cosmológica escrito por John Steinbeck. De vez en cuando salen noticias en las páginas de ciencias de los periódicos el descubrimiento de planetas de condiciones de temperatura similares a las de la Tierra, y que en estos lejanos lugares podrían ser lugares adecuados para que se hubiera generado vida extraterrestre. Pero ¿Podemos observar con precisión esta posibilidad desde nuestras circunstancias? ¿Encontraremos vida en otro planeta? Desde luego si la descubrimos será parafraseando a Stephan Zweig, uno de esos momentos estelares de la humanidad (y también en este caso de lo que no sea humanidad), similar al del primer momento que el hombre pisó la Luna.

Pero lo más curioso de nuestra mirada hacia las estrellas, es ese desfase que ocurre con la luz que nos llega con miles de años luz de retraso. Si el Sol se apagara de repente, tardaríamos ocho minutos en darnos cuenta, pero Alfa Centauri que es la siguiente estrella más cercana a nuestro sistema solar, está ya a nada más y nada menos que más de cuatro años luz de distancia (lo cual significa que lo que ocurre allí –la luz que nos llega- nos viene con cuatro años de retraso respecto a la Tierra).

Imagínense que una civilización extraterrestre tuviera un telescopio de una potencia inimaginable y que con este enfocasen ahora a la Tierra, pues lo que sucedería es que no verían las actuales ciudades eléctricas con las calles llenas de coches en circulación, sino que igual lo que veían eran sencillamente unos cuantos dinosaurios correteando por las praderas. Menuda paradoja temporal.

¿Quieren intentar imaginarse las distancias del universo hasta ahora conocido? Este video de youtube es desde luego espectacular, y está hecho en el 2010 a partir de imágenes reales tomadas por un telescopio de Nuevo México (En el Apache Point Observatory). Leo en la descripción que hay representadas casi un millón de galaxias y 120.000 quásares, y que la forma de conos finales se debe a que quedan zonas ciegas al telescopio, en las que no se puede observar por limitaciones físicas.

El Universo conocido



No se a ustedes, pero yo veo que a medida que el video avanza comienza a haber muchos colorines, lo cual me hace pensar que cuando “dios creó el universo” debía de estar bajo el efecto de algún tipo de extraño psicotrópico. xD

En realidad las distancias son tan gigantescas que nuestro cerebro apenas puede hacerse una idea del verdadero tamaño de esta especie de mapa astronómico, y solo queda afirmar tras el visionado aquella coda del: “no somos nada”.

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jueves, noviembre 01, 2012

La serie Revolution y la tormenta solar perfecta.

De vez en cuando me da por escribir alguna crítica en esa gran comunidad que es filmaffinity, y hace unas semanas escribí unas líneas tras visionar el capítulo piloto de la nueva serie Revolution, que ha comenzado a rodar la cadena americana NBC.

La serie parte de un futuro apocalíptico en el que un fenómeno desconocido que deja inutilizados todos los aparatos eléctricos. La serie parte de esta premisa, y se sitúa a los quince años de ese apagón total, y tiene como eje central a los integrantes de la familia Matheson, que se enfrentan a una especie de nueva milicia estilo la que sale en la película El cartero (The Postman) de Kevin Costner.

Revolution
Revolution es una serie que viene firmada por Eric Kripke y producida por J.J Abrams. Este último ya lleva a sus espaldas un buena cantidad de éxitos (Lost, Alias, Fringe…) por lo que siempre es alguien al que intento echar un vistazo en lo que va haciendo, y por eso vi ese capítulo piloto, pero tal como escribí en filmaffinity me pareció que estaba bastante descuidado en muchos detalles, por lo que no le di muy buenos augurios para su continuidad.

Un detalle curioso y motivo de este post es que todos los que escribimos nos lamentábamos un poco de que en un principio, no se nos explicase el motivo de este apagón mundial, y se guardase esta baza para próximos capítulos, como si fuese un as que se guardaran los creadores bajo la manga, creando una expectativa algo artificial y escamoteándonos algo que lo normal sería que los protagonistas la de historia ya hubieran descubierto al poco de suceder el apagón, porque entre tantos humanos que hay en cualquier ciudad, alguno mínimamente cercano habría que tuviera un poco de curiosidad científica y que antes del desastre, ya fuera conocedor de esta hipótesis catastrofista (o quizás aún más normal que el gobierno hubiera podido dar la explicación correspondiente por algún otro tipo de canal). Parto de la idea que si la trama es buena, no tendría que recurrir a este tipo de tretas de ocultar información sobre la que bascula la serie, sino que debería encontrar otras líneas argumentales donde fundamentarse. De todas manera aquí desvelo lo que creo que es la solución a este misterio, y que como explicaba antes, nunca debió de dar la posibilidad de generar un spoiler.

Pero bueno han bastado unos días, para que leyendo otros papeles, para que por pura casualidad encontrase lo que creo que es el hilo por el que han tirado los creadores de esta serie y éste no es más que la consecuencia de lo que lo que los científicos denominan como el evento Carrington, y que conllevaría las consecuencias fatídicas que se sucederían en la Tierra, tras el paso de una intensa tormenta solar.

Hace unos cuantos años se decía que el evento Carrington podía ocurrir el año 2012 y precisamente entre mayo y septiembre (justo cuando se ha lanzado la serie), aunque estamos en octubre y aquí no ha pasado nada de nada (nota: bueno, el otro día cortaron la luz en mi edificio y estuvimos hora y media sin luz, lo que le da a uno para descubrir lo vulnerable que se vuelve uno sin electricidad, y también lo ociosos que se vuelven los vecinos que salen al rellano de la escalera, y comienzan a quejarse unos a otros de lo que nos parece una interminable espera. Pero este dato no creo que sea demasiado relevante ;)).

Vayamos a los hechos: el 2 de septiembre del año 1859, ocurrió una intensa tormenta solar, conocida como el evento Carrington (debe este nombre al astrónomo británico que lo midió). Dicha tormenta solar sobrecargó tanto el campo magnético de la Tierra, que acabó “friendo” las redes de telégrafos que por aquella época existían, teniendo en cuenta que en esa época el mundo de los humanos sólo estaba en los albores de la utilización de la energía eléctrica. Las comunicaciones telegráficas quedaron interrumpidas durante varias semanas hasta que por fin se pudieron restablecer.

Siempre pensé que el fin del mundo como tal ocurriría millones de años después con el apagón solar, sin embargo nunca había barajado la posibilidad que ocurriera el fin de la humanidad tal como la conocemos por un efecto contrario, y que fuera una intensificación de la actividad solar la que acabara por finiquitar la civilización humana.

Generalmente los vientos solares arrastran partículas que pueden entrar en la atmósfera terrestre produciendo las llamadas auroras boreales, pero bastaría que estos vientos impulsaran una buena cantidad de plasma solar, para que una vez éste entrara en contacto con la Tierra, no pudiese ser absorbido por el escudo magnético de nuestro planeta (cinturón Van Allen), para que destrozase la mayoría de los transformadores de las redes eléctricas y las ciudades se quedasen completamente a ciegas.

tormenta solar
Si sucediese eso, estos transformadores dañados no podrían ser reemplazados rápidamente ya que son muy costosos y las compañías eléctricas no disponen de tantos en reserva, y además podríamos imaginar un escenario en el que la situación de la tormenta solar no durase solo un día, sino que bien podría permanecer durante años (escenario de la serie), con lo que la red eléctrica podría quedar interrumpida durante todo el tiempo en el que esta tormenta solar se mantuviese.

No se si se imaginan las consecuencias de esto, pero basta pensar que al cabo de un día sin energía eléctrica, es más que probable que los edificios se quedasen sin agua potable (ya que para el bombeo de esta se necesita la electricidad), y una vez se consumiera el agua remanente en las tuberías, nos quedaríamos sin agua. Y cosas parecidas sucederían con casi todas las máquinas que estamos acostumbrados a utilizar en nuestro día a día (nos podemos imaginar un poco una situación parecida con el magnífico documental que rodó Discovery Channel en el que hipotetizaba sobre una Tierra en la que de repente desapareciera de repente y definitivamente toda la actividad humana: Life After People). Es fácil deducir que con si esta situación durase unos cuantos meses, podríamos estar hablando de unas consecuencias de millones de personas muertas (tenemos el ejemplo de hace unos años en el que el paso del huracán Katrina hizo que se desbordaran los diques que rodeaban la ciudad de Nueva Orleans, y bastaron unos días de caos, para que la población refugiada en el estadio Domo se comportase como si de un futuro apocalíptico se tratase, con asesinatos, violaciones y saqueos, y todo esto en ocurriendo en una sociedad tan desarrollada como la norteamericana).

Lo más curioso es precisamente eso, que en este mundo sin electricidad los países más castigados serían los que ahora pertenecen a la categoría de más desarrollados, pero en cambio los países menos desarrollados y que no dependen tanto de la energía eléctrica, serían los que mejor se adaptarían a esta nueva situación. Habría por ejemplo grandes zonas africanas, donde sus habitantes apenas notarían los efectos de este apagón.

Afortunadamente septiembre ya ha pasado, y aunque aún no descartamos que los mayas lleven la razón, podemos decir que de momento el mundo continúa.

La intro de la serie desde luego es impactante:

Vivíamos en un mundo eléctrico.
Todo dependía de la electricidad y de repente se fue.
Todo dejó de funcionar...
Y no estábamos preparados.
El miedo y la confusión dieron paso al pánico.
Los más afortunados escaparon de las ciudades;
cayeron los gobiernos;
las milicias tomaron el poder
controlando los alimentos acaparando las armas.
Seguimos sin saber la causa del apagón.
Pero esperamos que aparezca alguien.
Y nos muestre el camino.

¡SOY YO! ¡SOY YO! Fácil se coge un... No en serio me imagino que lo mejor sería sencillamente restablecer poco a poco las redes eléctricas y el suministro, una vez hubiera pasado la tormenta solar. Y mientras todo eso sucede, intentar sobrevivir como bien se pudiera.

También podría darse el caso de que hubiera habido un previo problema en el escudo del campo magnético. Había una película: El núcleo en que la Tierra dejaba de rotar y se colapsaba los campos magnéticos (que provienen del movimiento de esos ríos de hierro fundido que se mueven por el nucleo de la Tierra). Lo que hacían para solucionarlo, era colocar cargas nucleares en la corteza terrestre para que al explosionar esta volviera de nuevo a rotar (referencia aquí al Dia de Josué bíblico).

El pasado 23 de octubre se detectó una llamarada solar de gran intensidad que hizo que se cortaran las comunicaciones en gran parte del territorio asiático. Ahora solo falta que la próxima sea todavía de mayor potencia.

Ahora ya sé, ya sé, me vendrá alguien con conocimientos más científicos que yo, y me soltará que he dicho alguna idiotez...

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jueves, octubre 18, 2012

Algunas reflexiones sobre los prejuicios en la investigación científica

No tengo costumbre disertar sobre este tipo de temas en este blog de tipo conceptual, más que nada por que escribirlas me cansa, y prefiero por ello siempre centrar el disparo sobre algo más anecdótico o puntual. Filosofar sobre la ciencia me produce un cierto cansancio, tal vez porque si me pongo me veo con la obligación casi de plasmar demasiadas ideas en muy poco espacio, y aunque intento ser conciso, al final me acabo explayando mucho más de lo que en un principio tenía previsto (y ya presupongo que con tanto texto, pocas personas se aventurarán a leerlo hasta el final).

Pero me dejo de preludios, y me lanzo al tajo: leía ayer una nota sobre un libro del Ronald H. Fritze en el que carga contra las pseudociencias, las mentiras históricas y lo que denomina como “ciencia amañada” (me gustaría tener a mano el libro para poder echarle un vistazo directamente, y ver exactamente que encuadra en cada categoría). De todas maneras cualquier libro de este estilo opino siempre que “Bienvenido sea” ya que seguramente compartiré el 99% de lo que en el libro se dice. Pero lo que me llamó la atención en la reseña que leí, fue el siguiente párrafo en el que sedisertaba sobre la falacia histórica y es quizás parte de ese 1% que mencionaba. El texto decía lo siguiente:

“se funda en que sus autores sitúan el prejuicio antes del conocimiento. Es decir, creen saber previamente lo que ocurrió y van en busca de las pruebas; de manera consecuente, desecharán todo lo que contradiga sus hipótesis y utilizarán todo lo que pueda respaldarlas, aunque se trate de otras afirmaciones voluntaristas. A la inversa, un historiador serio va en busca del conocimiento y coteja, compara y pondera todas las evidencias disponibles, conduzcan por un camino totalmente inesperado”.

Es evidente que los prejuicios nos apartan del conocimiento tanto en una investigación histórica como también en la ciencia en general, y está claro que no es lo mismo errar dando un pasito en falso que errar por correr en dirección contraria al conocimiento reglado (lo que se suele denominar como conocimiento “magufo”). Los que venimos de ciencias solemos diferenciar claramente a lo que denominamos que es conocimiento científico de lo que es pura superchería y quizás la base de este conocimiento es que partimos de la duda razonable como motor para encontrar las respuestas que buscamos.

Sin embargo creo que es un error creer que se puede estar completamente libre de los prejuicios, cuando se hace cualquier tipo de investigación, ya que siempre se suelen tener previamente ideas preconcebidas (ojalá pudiéramos librarnos de ellas, pero como personas todo lo que nuestro cerebro aprehende viene encajado en la matriz individual, social o cultural de lo humano).

Algunos ejemplos que se me ocurren el experimento del psicólogo social Robert Rosenthal, en el que a un grupo de estudiantes a los que les dejó diversos grupos de ratas encuadradas en rangos distintos de inteligencia (aunque en la práctica no había ningún tipo de diferencias pero solo Rosenthal era consciente de esto). Se les pidió a los estudiantes que sometieran a diversas pruebas a las ratas y que anotaran los resultados. Sorprendentemente las ratas falsamente inteligentes tenían anotaciones mucho más favorables en sus evaluaciones, que las ratas supuestamente más idiotas.

¡Y eso que las ratas se mostraban ignorantes a todo el asunto! (esta exclamación no es baladí, ya que aún se puede potenciar este mismo efecto en el sujeto que se estudia por efecto de feedback. la profesora Jane Elliott hizo un experimento parecido al de las ratas, pero esta vez con niños a los que dividió en dos grupos: los llamados “ojos azules” y los llamados “ojos marrones”, a unos les decía que eran más inteligentes y superiores respecto a los otros, mientras que a los otros los menospreciaba. Las consecuencias de esta prueba es que al cabo de apenas unos días los alumnos prejuzgados favorablemente se mostraban más aplicados, mientras que lo que prejuzgados desfavorablemente se comportaban de forma más dispersa y bajaban su rendimiento escolar (a este efecto los psicólogos lo denominan el Efecto Pigmalión).

Lo que vengo a decir es que uno cuando investiga cualquier asunto, siempre va con la idea preconcebida que desea encontrar un determinado resultado, y este normalmente parte del deseo de encontrar algo original que al ser desvelado ante la comunidad científica, nos de el reconocimiento a nuestra labor, y nos haga sentir especiales, aparte por supuesto de todas las implicaciones a las que lleva el éxito laboral). Por todo ello, hay en nuestras búsquedas un deseo que nuestras investigaciones sean fructíferas, y cuando nos pregunte alguien si hemos descubierto algo valioso, queremos poder dar una respuesta afirmativa.

Por supuesto en relación con el punto anterior vendría el tema monetario, un investigador normalmente recibe su jornal diario por pertenecer a la estructura de algún tipo de corporación con unos intereses determinados o algún tipo de subvención por un organismo público. Tanto en un caso como en el otro, el investigador conscientemente o inconscientemente intentará no tirarse piedras sobre su propio tejado, y no descubrir algo que vaya que pueda ir en algún momento en contra de su sueldo. Aquí entraría ese arte que es jugar con las estadísticas (que todo estudiante de laboratorio ha probado alguna vez) en la que uno sabe que resultado quiere -outputs- y juega variando los -inputs- hasta encontrar la entrada necesaria para que le de el resultado adecuado).

Hay otros casos que también se dan en la ciencia con bastante frecuencia, como cuando se da por válida una investigación errónea, y a partir de entonces todos los que repiten el experimento intentan adecuarse también a este resultado. Doy un ejemplo: cuando el físico Millikan midió la carga de un electrón mediante un experimento de caída de una gota de aceite. Los resultados pasaron sin embargo los filtros científicos y durante años se dieron por válidos. De vez en cuando otro investigador repetía el experimento y cuando el resultado se desviaba un poco del supuesto, se daba por sentado que había habido algún error de exactitud en la medición, y cuando por el contrario se que cometía algún error y se acercaba por casualidad al resultado falso, entonces el investigador daba por revalidado el experimento de Millikan. (No sé si alguna vez habrán oído hablar de la constante de Patrick, pero es una broma entre científicos que dice que esta cantidad es el número que multiplicado, dividido, sumado o restado al resultado obtenido experimentalmente, da el resultado deseado).

Pero los prejuicios son mucho más profundos de lo que podemos imaginar, podemos plantearnos, sencillamente algunos que vienen asociados a nuestra educación –herencia cultural- por ejemplo según nuestro género sexual. Un caso. Durante muchos años cuando se estudiaban las relaciones sociales de los primates se partía de la figura del macho alfa como la figura central de este organigrama, y no es hasta que llegan una corriente de jóvenes mujeres investigadores en las que la que esta concepción se comienza a poner en duda, y se comienzan a concebir otras teorías en las que se centra la mirada en la importancia de las hembras grupales (¡la llegada de las corrientes feministas a la investigación científica!).

A rasgos generales, siempre he defendido que cuando juzgamos cualquier acto o situación, aunque intentamos ser ecuánimes, en realidad lo que estamos haciendo es definirnos nosotros mismos como personas. Últimamente por ejemplo en economía se han vuelto a poner en la palestra la disputa entre partidarios a las teorías de Keynes y los detractores (los que prefieren el gasto público frente al ahorro para fomentar el crecimiento). En realidad ambos parten de las mismas premisas, pero cada grupo se las lleva a su terreno, desarrollando teorías y conclusiones diametralmente opuestas. Quizá me aventuro demasiado, pero en mi opinión, lo que básicamente nos está diciendo esta dualidad es que hay personas que confían más en mantener su dinero en un depósito del banco a plazo fijo, y otras personas de mentalidad menos conservadora, que prefieren aventurarse a montar un negocio, pese a que hayan muchas incógnitas sobre su plan de viabilidad, y a partir de esa característica personal, cada persona construye su propias sistema de creencias.

El filósofo de la ciencia Karl Popper defendía que un teoría buena se producía cuando esta era capaz de predecir resultados que después se ratificaban experimentalmente. Cada vez que se encontraban datos que corroboraban la teoría ésta iba asentándose entre el gremio científico, pero bastaba que un dato contradijera la teoría para que esta se viniera a bajo o al menos tuviera que modificarse (digamos que cuando se hace una teoría científica no vale eso de “la excepción confirma la regla”).

Pero aún así, cuando la teoría está muy asentada y se da un dato contrario a ella, conviene ir con pies de plomo antes de refutarla completamente. Es recomendable repetir el experimento unas cuantas veces hasta estar convencido de que los resultados son correctos (para no entrar en ridículos o disputas precipitadas como la ocurrida con el CERN con esos dudosos neutrinos que viajaban a mayor velocidad que la luz).

Dentro de las llamadas leyes de Murphy hay una que tiene bastante gracia, y es el Efecto Pauli –no confundir con el principio de exclusión de Pauli sobre los electrones-. El efecto Pauli nos habla de los investigadores algo torpes –o “gafes”- que cuya presencia en los laboratorios experimentales suele provocar algún tipo de de error o avería en los instrumentos utilizados (yo que soy bastante despistado entiendo las desgracias que le pasarían al pobre Pauli, aún suerte que aún no he quemado ni mi casa, ni ningún laboratorio xD).

Existe un prejuicio en la condición humana aún más profundo que cualquier otro y es de concepción filosófica, del cual creo que es imposible librarnos, y es nuestra tendencia a ordenar el mundo para buscarle un sentido. Nuestro cerebro está diseñado para esta labor, pero es posible que el orden que buscamos sea creado por nosotros mismos, como el principio de incertidumbre de Heisemberg en el que nos es imposible situar a un electrón, hasta que este finalmente es observado, y al observarlo su posición a la vez es modificada. ¿Hasta que punto es posible que estemos observando un universo caótico donde sea la visión humana la que crea unas estructuras de un orden inexistente.

Decía Borges respecto a la literatura que cada escritor crea sus propios precursores. Quizás nosotros como humanos tenemos la ilusión de ir descubriendo leyes físicas que creemos verdaderas y absolutas, para tener algo donde asir nuestra cuestión existencial. Pero quizás en realidad somos nosotros mismos los que estamos creando nuestro propio universo. Me imagino que es insoportable a nuestros ojos contemplar el cielo estrellado en la fría noche, y ser capaces de asimilar nuestra propia insignificancia como especie frente al infinito del universo.


PD. Por cierto este sábado 20 de octubre, asisto a conferencia y cena organizado por los Escépticos (ARP-SAPC), en la Papa (hora 19:45). Aún están a tiempo de apuntarse.

Mauricio J. Schwarz nos dará la charla “Pensar en tiempos de crisis”, donde nos hablará entre otras cosas de la práctica y el alcance de lo que llamamos “escepticismo”. Por qué no estamos “compitiendo” con los Íker Jiménez de este mundo, por qué la endogamia es malévola (yo leo tu blog, tú lees el mío y nos palmeamos las espaldas mutuamente), por qué no existe exactamente un movimiento escéptico (como no hay un “movimiento ingenieril” o un “movimiento antipostmodernista”), por qué no es buena la actitud del club, partido o peña y por qué es necesario militar más intensa y públicamente en estos tiempos en que el pensamiento racional sale por la ventana en todos los campos.

Aunque es muy probable que acabemos hablando y debatiendo sobre teorías de conspiración, de los atropellos de los medios a la razón, de la relación entre divulgación y escepticismo o de muchos otros temas en los que Mauricio es experto.

Nota. Buf la plantilla se me ha descontrolado, y estoy sufriendo lo indecible para colocar este post. Que rollo. Perdón si mis pruebas ocasionan alguna molestia en el reader.

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domingo, enero 29, 2012

Ejercicios de estilo: tres breves historias de frío y calor.

Ocurrirá dentro de millones de años, el sol se hinchará y cambiará de tonalidad a un rojo intenso y fagocitará a los planetas más cercanos. Luego estallará y comenzará agonizar mientras se contrae. Un intenso brillo iluminará el cosmos. La bola de fuego se desprenderá de sus capas superiores, hasta que solo quede el núcleo, que se irá enfriando lentamente. Sólo quedará al descubierto su parte más intima, como un secreto bien guardado que quisiese ser explicado en un fúnebre acto de despedida; una última confidencia compuesta de materia apagada, invisible a los ojos del resto del universo.

El hombre un día se alimenta de un sol con la esperanza de convertirse en un nuevo Ícaro en posesión del ansiado brillo. Pero no se da cuenta del peligro que alberga querer guardar en sus entrañas una estrella latente. Un día ese sol se descontrola, y crece desde dentro para fuera, quemándolo todo con un violento movimiento de expansión. Mata toda la vida que encuentra a su paso, como si de un rey Midas destructor se tratase. Consume con su aliento de muerte y fuego todo el tejido vivo que se cruza ante tamaña explosión. El hombre ahora yace en la cama de un hospital de paredes blancas. Sabe que seguramente ha llegado su hora e intenta hacer frente a todos los miedos que durante la inconsciencia de la vida postergó. Piensa si vivió lo suficiente e intenta poner en una balanza aquello que quiso ser y aquello que al final fue. Tiene al menos un consuelo que apacigua su alma, y es que pudo decir un último te quiero, consciente de que tal vez era el último.

En las profundidades de la Antártida las cámaras de la BBC han grabado un curioso fenómeno de la naturaleza, una especie carámbano de hielo que penetra en el agua sumergiéndose en las ya de por sí gélidas aguas. Mientras la columna de escarcha se va sumergiendo todo cuanto se interpone se congela a su paso. La vida que coexistía en unas circunstancias tan extremas se rinde finalmente al no poder soportar la presencia de ese dedo frío acusador, y es el momento en que las estrellas de mar corren aterradas intentando alejarse del firme mandato de ese nuevo dios que intenta tocar quizás con un gesto de pureza el fondo del mar. Todo el proceso acaba en unas pocas horas, el hielo se derrama por las profundidades marítimas, dejando como única prueba de su implacable paso, un rastro extinto de una vida que se transmutó en muerte.

Ah! Insistimos, hombres y mujeres del mundo: “¡no tomen helados!”.

Cáncer

(no se alarmen, esta imagen es del año de la picó, y tiene aún menos validez científica que el controvertido bio-bac, que ya de por sí tenía poca).

* Esta nota final viene patrocinada por la ARP-SAPC (Alternativa racional a las pseudociencias - Sociedad para el avance del pensamiento crítico).

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viernes, septiembre 23, 2011

El satelite UARS caerá hoy sobre la Tierra

Satelite

¡¡¡¡Vaaaaaaamoooooooos a mooooooooooriiiiiiiiiiiiiiiiir!!!!

Leyendo este titular en un portal de segunda fila, me he quedado realmente anonadado. Por si no se lee, copio la letra pequeña: “Hay 1/3200 probabilidades de que en los próximos días un satélite, que estuvo analizando el clima de la Tierra desde el espacio, aterrice sobre tu cabeza”.

Evidentemente se trata de un error de interpretación por parte de un redactor que tiene una cierta predisposición hacia los titulares sensacionalistas. No sé si es política de empresa, pero me doy cuenta que este tipo de práctica es cada vez más frecuente en la red. Este hecho sumado a otros que no nombraré ahora, me hace pensar que los antiguos códigos deontológico o manuales de buenas prácticas han quedado desfasados ante la ley de la selva que manda en la red. Y por contradictorio que parezca, yo soy el primero que defiendo a capa y espada la libertad que debe tener la red, y la idealizo como un mundo 2.0 sin muros ni censuras. Pero ocurre un fenómeno extraño, el usuario que entra a la red sin interés lucrativo suele comportarse de forma ética, pero el dinero -que por supuesto entiendo que es indispensable para la vida y además representa buena parte del futuro de la red- tiene también la mala cualidad de corroerlo todo. Y este afán por ganar unos dólares, provoca la existencia de decenas de prácticas reprobables y molestas para el usuario de a pie (o de sentado ;) generalmente).

Pero volviendo al caso del satélite que caerá esta tarde. Evidentemente a esa probabilidad que da la Nasa, hay que multiplicarla por la población mundial (suponiendo que ese 1/3200 del que se habla, se haya calculado sobre el total de la Tierra, quiero decir, si no se han restado previamente ya algunas de las áreas donde se descarta que van a caer los fragmentos del satélite). Lo que viene a dar una posibilidad de 1 entre unos 22 billones de que el cielo caiga sobre nuestras cabezas –que decían Astérix y Obelix-.

Recuerdo que el diseñador Paco Rabane no hace mucho, en un ataque de idiotismo creyó interpretar la charlatanería de Nostradamus, y llegó a asegurar que determinado día que había un eclipse, la vieja estación espacial Mir caería precisamente sobre París, incendiándolo todo y llevando a la ciudad a un apocalipsis de muerte y destrucción. Entonces, hubo un grupo de escépticos que agrupados bajo un slogan que me hizo cierta gracia: Merde a l'apocalypse (Mierda al apocalipsis) se concentraron ante las puertas de una de las tiendas del modista, y se dedicaron a contemplar desde allí, alegremente y en tono de guasa el fenómeno astronómico. Por si alguien tiene la curiosidad, la estación Mir se acabó desintegrando mientras caía hacia las aguas que rodean las islas Fiji.

El UARS –nombre de este satélite americano y que viene a ser el acrónimos del Upper Atmosphere Research Satellite- tiene el tamaño de un autobús, pero afortunadamente no caerá de una pieza, sino como cualquier otro objeto que entre en la atmósfera terrestre, sufrirá el rozamiento de la reentrada, y aunque no se desintegrará totalmente si quedará fragmentado en diversos pedazos (aunque se habla que algunos de esos trozos de chatarra podrían llegar a tener un peso que superase los 100 Kg).

El tema de la chatarra espacial –la que cae y la que no- es todo un tema que se merecería sin duda uno de esos post que nunca haré. Aunque este video que coloco a continuación: Space debris spotlight ya es de por sí, bastante instructivo.

De todas maneras si ya de entrada la probabilidad de que caigan los fragmentos sobre tierra más que sobre el mar azul es rara; y si encima los científicos han dado los cálculos que caerá por/cerca de América más que del resto de continentes, creo que podré salir tranquilamente esta tarde durante las fiestas de la Mercé (quiero ir al concierto de Gossos para desintoxicarme que ayer tuve una sesión de algo extraño llamado drum and bass en la sala Plataforma, y ¡Por dios! Nunca había oído tanta distorsión con voluntad de ensordecer mis delicados oídos). Es que hacía más de diez años que mis pies no pisaban esa sala, y hubiera jurado que la probabilidad de que esto sucediese era prácticamente tan remota que la de que un fragmento del satélite cayera sobre mi cabeza. Sin embargo la vida da muchas vueltas –naturalmente me liaron-, por lo que aconsejo que es bueno que uno de vez en cuando alce su barbilla y mire con sus ojos fijamente las estrellas, aunque sólo sea por si este estuviera a punto de quebrarse, y terminase así cayendo el cielo sobre nuestras cabezas.

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martes, abril 01, 2008

Más allá de Orión

Vamos a iluminar un poco la noche, con un leve pero intenso brillo. Primero lo haremos con una fuerza explosiva, desde las entrañas hacia fuera, como desgajando nuestro cuerpo en miles de pedazos de carne. Luego haremos precisamente todo lo contrario, en un movimiento de contracción encerraremos la luz del universo en un pequeño prisma de lentes reticulares. Nos fijaremos en lo que nos está vetado. Lo queda más allá de nuestro alcance. Por un instante todo será nuestro.
Es la confusión de la noche. Te sueño y despierto. Contemplo tus ojos verdes maquillados en negro. Unos ojos lagrimosos que encierran una belleza de haber vivido más allá de lo que yo sé. Me pides un último favor y es ahí cuando lamento haber tenido el detalle de escucharte. Hubiera preferido sólo quedarme con tus ojos salvajes; me hechizaron, por estar enrojecidos, por saberlos drogados. Brillaban tan poderosamente que me atraparon al instante. Pero las palabras en cambio te salen demasiado torpes. No lo digas. Aún no lo sabes, apenas está amaneciendo, y ya sé que todo ha acabado.

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia... es hora de morir"

Las palabras que reconocerán casi todos, las pronuncia el replicante Roy Batty (Rutger Hauer) en la película de Ridley Scott, Blade Runner. Quizás esta parte del mérito habría que dársela a los guionistas de la película Hampton Fancher y David Peoples. La escena de las famosas Lágrimas en la lluvia se puede contemplar en todo su esplendor bajo la música de Vangelis, en el todopoderoso You tube (desde la Iglesia Googleliana nombramos ya a You tube como profeta).

Ateniéndome a otras curiosidades que me rondan, el texto recuerda un poco a unas palabras que Galileo le escribió a Kepler en una de sus cartas.

“Soñé que mi telescopio se adentraba en la noche del universo. Dejaba atrás las espadas de Orión y las miríadas de pequeñas estrellas cuyas luces iban apagándose ya en los torbellinos del espacio.

Algunas pensarán, que el mérito principal es de Philip K. Dick, autor del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Libro en el que se basa la película de Ridley Scott. ¡Pues no! Ahí es donde quería llegar. El mérito de Philip K. Dick es desde la modestia, crear ovejas eléctricas, cazadores de androides y poco más. Porque este es uno de los pocos casos que veo claramente que una película supera en calidad al libro correspondiente. Quiero decir que Philip K. Dick sin duda hace algunos aciertos, pero su obra queda superada con creces por los aciertos de Ridley Scott: la contratación de Harrison Ford para hacer el papel de Rick Deckard; el ambiente opresivo que genera una ciudad en la que constantemente está lloviendo, y que presenta el aspecto descuidado de una china town nocturna, además de la belleza de algunos diálogos son entre otros algunos de esos aciertos de los que hablo. En cambio los giros que Philip K. Dick da a los personajes llegan a hacerse pesados y caóticos, mientras que la trama de la película es mucho más clara y bella.

Pero bueno tampoco voy a extenderme demasiado, porque la discusión sería interminable. Sólo decirles que en el maravilloso link de Google Sky, uno puede situar desde la constelación de Orión (con la brillante Betelgeuse en su interior). La ascensión recta sube al movernos hacia la izquierda, mientras que la declinación aumenta al subir con los cursores hacia arriba.
A ver si algunos se mueven como expertos cartógrafos galácticos y encuentran el color de algunas de las estrellas nos observan. Doy algunas coordenadas para que practiquen:

Alfa Centauro: 14h 39m 36.50s // −60° 50' 02."
Sirio: 06h 45m 08.92s // −16° 42' 58”
Altair: 19h 50m 47.00s // +08° 52' 06"
Vega: 18h 36m 56.34s // +38° 47' 01" (Beijo a J.!)
Aldebarán: 4h 35m 55.00s // +16° 30' 33"
Spica: 13h 25m 12.00s // -11° 09' 41" (También en C/Parlamento 9 y con peligrosa lluvia de meteoritos tuneados).


No se si lo saben, pero el pasado dia 19, ocurrió un hecho sin igual. Una inmensa luz estalló en lo más profundo del universo. Desde la constelación Boyero -nada que ver con el crítico- nos llegaron a la tierra una ráfaga colosal de rayos Gamma. La más intensa de las que hasta ahora se tenía catalogada.
En palabras de Stephen Holland de la NASA "Si alguien miro en el lugar correcto en el momento adecuado, vio el objeto más distante jamás visto por ojos humanos, sin ayuda óptica”.
En realidad este hecho ocurrió hace millones y millones de años, sólo que nosotros nos enteramos recién ahora y aún así nos quedamos maravillados ante tanta belleza estelar.

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miércoles, octubre 24, 2007

Sincronías

No explicaré el cómo acabo en ciertas conversaciones, pero es que aunque muchos lo descrean yo sigo afirmándolo: soy de ciencias y a mucha honra. Últimamente creo que llevo un par de post que me delatan, y con este post creo que me reafirmaré de nuevo. Así que allá voy.
El texto viene a ser una contestación a uno que hace el Sr. Flacus desde su blog Magiamundo. Puesto que el tema son las sincronías, me parece divertido aunque sólo sea simular una posteando ambas contestaciones:

“Sr. Flacus, como usted bien dice, sugiero, más que doy, pues hasta yo mismo mido mis palabras en este asunto. Ni siquiera creo en la sincronicidad más allá de lo que pueda ser una cuestión de fe como puede ser la existencia de Dios a la que me refería. Y mucho menos pretendo caer en el terreno de algunos charlatanes que se apropian de términos científicos y los reinterpretan a su gusto (aún conservo en mi biblioteca un libro llamado la Sociedad cuántica, del que sólo pude leer unas pocas páginas antes de decidir que tal acumulación de tonterías por centímetro de papel me iba a sentar mal).
Sin embargo la paradoja EPR se ha experimentado en multitud de ocasiones escapando a los límites de mi lógica. Y entre esa transmisión instantánea de información entre partículas sin conexión, no deja de abrirme dudas sobre lo que puede ser posible o imposible.
Por supuesto que el fenómeno no explica la sincronicidad entendida como esos sucesos “inexplicables” que de vez en cuando ocurren en la vida real. Pero el fenómeno no deja de abrirme una puerta en el terreno microscópico y creo que sería un error no tener en cuenta que el mundo macroscópico no deja de ser una consecuencia de lo que ocurre en el microscópico. Este vínculo del que hablo entre ambos mundos, no debe entenderse por supuesto como una cuestión de ley causa-efecto, puesto que existen aún demasiadas preguntas sin resolución para que nos creamos que tenemos las respuestas adecuadas.
Descreo de igual manera de campos morfogenéticos y cosas por el estilo, pero no me gusta tener mi mente totalmente cerrada, si creo que existe alguna posibilidad por mínima que sea a que yo esté equivocado.
Le recomiendo un artículo del premio Nobel de física Robert B. Laughlin que leía hace unos días en Página12 y en el que precisamente cuestionaba la existencia de leyes absolutas. Creo que en cierta manera no deja de ser una forma de lo que yo llamo abrir la mente.”

Ajeno a todo esto, pero siguiendo el hilo escéptico y atendiendo al blog de Flacus, del que recuerdo que se llama Magiamundo, me viene a la cabeza una página que descubrí el otro día altamente ilustrativa, y que con un poco de práctica le permitirá doblar cucharas tal Uri Geller.

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