La Librería

Pequeños retales de literatura

martes, abril 19, 2005

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Leo que se rinde hoy homenaje por el 50 aniversario de la muerte de Albert Einstein, en el año Mundial de la Física (UNESCO dixit). El ayuntamiento de Barcelona le rindió su propio homenaje en el año del Libro y la Lectura (Maragall y Clos dixit). Uno, aunque no lo crean es de Ciencias más que de letras (o viceversa?). Así que voy hacer un poco de resonancia del acto, que ha tenido lugar en el Saló de Cent del Ayuntament que sin ningún ánimo de menosprecio me ha parecido que tenía algo de cómico. Copio y comento:

“El acto ha contado con una lectura poética a cargo del Catedrático de Física de la Materia Condensada de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y miembro del Institut d'Estudis Catalans (IEC), David Jou (¡Suerte que era en materia condensada!) además de una conferencia titulada 'Einstein: tres momentos, tres lugares' a cargo del director del Instituto de Historia Medieval de la Universidad de Boston, Catedrático de Historia y Geografía y director del departamento de Historia de la misma universidad, Thomas Glick. (quién debía pasar por ese lugar, en ese preciso momento)”.

Y un pequeño fragmento, en el que habla de Juan Pablo Castel (el pintor que mató a María Iribarne), donde se plantea la vanidad de los famosos. Huelga decir que creo que Albert Einstein fue alguien realmente humilde. Ah!! Vanitas Vanitatis…

“Como decía, me llamo Juan Pablo Castel. Podrán preguntarse qué me mueve a escribir la historia de mi crimen (no sé si ya dije que voy a relatar mi crimen) y, sobre todo, a buscar un editor. Conozco bastante bien el alma humana para prever que pensarán en la vanidad. Piensen lo que quieran: me importa un bledo; hace rato que me importan un bledo la opinión y la justicia de los hombres. Supongan, pues, que publico esta historia por vanidad. Al fin de cuentas estoy hecho de carne, huesos, pelo y uñas como cualquier otro hombre y me parecería muy injusto que exigiesen de mí, precisamente de mí, cualidades especiales; uno se cree a veces un superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido. De la vanidad no digo nada: creo que nadie está desprovisto de este notable motor del Progreso Humano. Me hacen reír esos señores que salen con la modestia de Einstein o gente por el estilo; respuesta: es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto. Aun cuando se imagina que no existe en absoluto, se la descubre de pronto en su forma más sutil: la vanidad de la modestia. ¡Cuántas veces tropezamos con esa clase de individuos! Hasta un hombre, real o simbólico, como Cristo, pronunció palabras sugeridas por la vanidad o al menos por la soberbia. ¿Qué decir de León Bloy, que se defendía de la acusación de soberbia argumentando que se había pasado la vida sirviendo a individuos que no le llegaban a las rodillas? La vanidad se encuentra en los lugares más inesperados: al lado de la bondad, de la abnegación, de la generosidad”.

Ernesto Sábato –El túnel-
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2 Comments:

Blogger Palimp said...

Bien escogido el párrafo: Sabato fue físico antes que escritor.

7:59 p. m.  
Blogger Vigo said...

Sí, y también hay casos autóctonos donde se percibe esa dualidad literatura-Ciencias. Tal vez uno de los más conocidos actualmente sea el el caso de Juan Benet, que sin ser de Ciencias se pasó alguna temporada trabajando en París en un laboratorio de biología. Creo que con más pena que gloria.

12:19 a. m.  

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