La Librería

Pequeños retales de literatura

lunes, marzo 27, 2006

Tras los ojos de Clarisse

El Viernes en el Pato tuve la oportunidad de conocer al andorrano David Gálvez, una espina que tenía clavada desde hacía unos cuantos años. Venía por lo de la maratón, y según me cuenta Carles aguantó dos horas. No me cuesta imaginármelo corriendo siempre como los cíngaros, acompañado de su abultada familia y siguiendo alguna especie de farolillo rojo que le ilumina en la larga distancia.
Hablamos un poco de los buenos tiempos del ya extinto foro de literatura argentina, y de lo divertido que eran los textos que colgábamos. Tanto sentimentalismo, nos dio pie a recordar algunas de las viejas glorias. Yo también recordaré algo, pues la memoria que normalmente nos defrauda al caer en los olvidos, a veces se graba como hierro candente sobre nuestra piel (recuerden a Leonard mirándose sus tatuajes frente al espejo). El texto es del austriaco Robert Musil, y pertenece a la obra inconclusa El hombre sin atributos. Creo que era Canetti el que decía que Musil murió sobre un libro, y que así debería morir todo autor que se respetase. Por mi parte el texto lo colgué allá por el 2002 en foro de literatura.org. ¡Qué tiempos aquellos! ¿Y qué fue del foro? Ja, Ja, pues nada… que si presentan algún tipo de ludopatía virtual, sin duda ahora éste es su foro.

“Clarisse se tumbó vestida sobre la cama, boca abajo. Aunque estaba agotada no quería dormir. Apenas deseaba sentir un contacto blando en su cara. Creyó que atravesaba eternamente el colchón que la mantenía. Su cuerpo reposaba encima, pero su alma se hundía en un paraíso mullido. Este estado, en el que ni se encontraba dormida ni despierta, le fascinaba: la realidad se tornaba musical. Se percibía en su invisibilidad. Pensaba que cualquier momento real puede paralizarse, reducirse a una simple estatua colosal, pero la música no puede congelarse sin desaparecer. Fluye inagotable como todo lo espiritual. Nietzsche probablemente estuviera en la habitación antes de percatarse de su desnudez. Por ello no sintió vergüenza de mostrase ante él. Había una fuerza misteriosa entre el bigote y la vagina. Los cuerpos se acercaron. Debería haber sido Nietzsche quien se postrara en su vulva, pero ella sintió que la cama y todos los objetos que la ubicaban en el mundo ascendían hacia el bigote prodigioso. Los pelos del hombre rozaron el vello púbico y una especie de energía se transmitió entre ambos. El lunar inguinal de Clarisse, escrutaba el contacto. Clarisse lo llamaba el ojo del diablo, y en lo más recóndito de su corazón, le responsabilizaba de no haber tenido nunca sexo oral. El cuerpo de Clarisse se había tensado. Su espalda dibujaba un arco de medio punto y los párpados se habían pegado a los ojos, mientras sus manos se crispaban arrugando la colcha. En un momento su cuerpo se perló de sudor y después se sumergió en una paz celestial, totalmente laxo. Los párpados permanecían cerrados, pero ya no estaban pegados, simplemente no disponía de fuerzas para abrirlos. Antes de recuperarse le asaltó una inquietud confusa, entre la mala conciencia por haberse abandonado ante su héroe más querido y el miedo a que ello no fuera cierto. Abrió los ojos con una lenta ansiedad. Ante ella, había un hombre, no del todo desconocido, con el rostro lampiño y un lunar extrañamente familiar sobre el labio. Totalmente perturbada se observó: Su vientre lucía el bigote de Nietzsche.
Musil –El hombre sin atributos-
Espalda desnuda

Etiquetas: ,

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Gálvez acabó la maratón en 4 horas. Sorry!

c.

10:01 a. m.  
Blogger Vigo said...

Si hubieran sido dos horas le hubieran dado medalla, así que descarté su llegada. Cuatro horas es una cifra más razonable. ¡Bravo por don Robert Fludd! Y parece mentira, con esas piernecitas...

5:49 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Aquí Gálvez/Fludd. Como siempre, Álvarez tiende a redondear. Sepa, Sr. Vigo, que llegué en exactamente 3 horas, 59 minutos y 20 segundos. Es decir cumplí con el objetivo 1 (llegar), así como con el objetivo 2 (en menos de 4 horas). Mi yo modesto dice: "No me planteé más objetivos porque jamás confié en conseguir los dos primeros." NB: es sabido que ese tipo de lastre (exceso de objetivos) es malo para el espíritu de los maratonianos; para el espíritu, en general. Mi yo chuleta dice: "¡Coño, si me sobraron 39 segundos!"

9:52 p. m.  
Blogger Vigo said...

Mi querido Gálvez debo decirle que usted comienza a ser odioso, parece que todo lo que intenta le sale bien.
No sólo tiene una de las mejores plumas (no me malinterprete), si no que además es un buen deportistas.
Y encima vive semiretirado en la montaña de las nieves con su familia. ¿Por qué no tardó 40 segundos más?

10:38 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home

 
 

Licencia C 2004-2005 by Daniel Vigo

Email