La Librería

Pequeños retales de literatura

domingo, diciembre 16, 2012

El nombre de Richard Parker y la despiadada ley del mar

* Aviso que este post contiene un spoiler importante sobre el libro o a la película La vida de Pi.

Intento estar al tanto de las novedades que surten los escaparates de las librerías sobretodo leyendo reseñas de un y otro lado, aunque difuso como soy yo, al final cuando me hablan de un libro, muchas veces sencillamente me suena, y si quiero aportar algún dato, no puedo ir mucho más allá de unos vagos recuerdos. Oí hablar de Yann Martel y su bestseller La vida de Pi, seguramente leyendo la sección cultural de algún periódico, y recordaba que en la cubierta del libro salía una barquichuela compartida por un niño y un tigre rodeados de un mar lleno de peces. Entre unas cosas y otras lo catalogué como un libro para adolescentes, y mi atención se fue hacia otros libros.

Hace unos días me llamó la atención el trailer de la versión cinematográfica que ha rodado Ang Lee sobre este libro (al que no le tengo especial aprecio, ya que vi aquella de los vaqueros de la otra acera –montaña de atrás rota??- y no es que me gustara demasiado). Pero avivado por lo que parecía un rodaje con una fotografía espectacular, me interesé por ver la película. He leído en filmaffinity algunos comentarios y algunos han mencionado paralelismos con El viejo y el mar de Hemingway o incluso con los cuentos de la india selvática de Kipling, pero creo que hay otro escritor al que esta historia le debe mucho más y es Edgar Allan Poe.

Mi sorpresa ocurrió cuando ya viéndola me entero que el tigre se llama Richard Parker, e inmediatamente la lucecita de alarma se enciende en mi cerebro. ¿De qué me suena a mí ese nombre? La película va avanzando y al final de la película, con el ocurrente último giro de guión, todas las piezas del rompecabezas se ordenan y le da un sentido a esa inquietud mía, ya que hay una doble lectura con el tigre que mata a la hiena, y esta a su vez al mono y a la cebra, y es que todo pudo ser en realidad un acto de canibalismo entre los supervivientes, donde cada uno de ellos es visto por Pi como un animal.

La vida de Pi

Hace unos meses leí Las aventuras de Arturo Gordon Pym de Edgar Allan Poe, fundamentalmente porque en la edición que tenía el traductor era Julio Cortázar, y con esos mimbres entre autor y traductor, yo sabía que el libro no me podía decepcionar. En el libro de Poe se narra como el joven Arthur se embarca primero en un ballenero, y como su periplo se ve sucedido de una desgracia tras otra, sucediéndose entre otras degracias, motines, naufragios y hasta un curioso caso de canibalismo. Uno cuando lee este libro tiene la sensación que el propio Arthur es uno de esos gafes marcados por una mala estrella, pero se entiende esa continua concatenación de desgracias con el dato de que el libro de Poe se publicó por entregas en la prensa de la época, por lo que Poe recurría a este eslabonamiento de desgracias como método para lograr que el lector mantuviera la atención, esperando a la siguiente entrega (a modo de cliff-hanger).

En el libro de Poe se narra la escena donde después de un naufragio, quedan cuatro supervivientes August, Peters, Parker, y el propio Arthur, que resisten sobre lo que queda del casco del barco medio volcado y lleno de agua, y como al estar sin provisiones y tras días de hambre y sed, recurren al canibalismo de uno de ellos para sobrevivir.

“No puedo describir sin infinito disgusto la escena que siguió, escena cuyos menores detalles no han podido borrar de mi memoria todos los acontecimientos posteriores, y cuyo recuerdo amargará todos los momentos de mi vida. Permitidme que narre esta parte con toda la rapidez que los sucesos o que contiene lo permitan. El único método que se nos ocurrió para la horrible lotería es la que cada uno jugaría sus posibilidades fue el de echar pajas. Usamos para ello algunas astillas, y se decidió que yo me encargaría de presentarlas.

La escena desde luego es desgarradora y la mala suerte acompaña al grumete Richard Parker que es el que saca la pajita más corta, y por ello acaba decidiendo su suerte, y siendo jalado por sus compañeros en desgracia.

Yann Martel indudablemente había utilizado como referencia la historia de Poe que a su vez seguramente se basó en la tragedia del ballenero Essex (pero esa es otra historia). Hasta aquí el juego referencial, pero existe otro giro de tuerca; un capítulo mucho más macabro que enlaza ambos relatos, y en cierta manera es por el que se ha hecho famoso este episodio de canibalismo narrado por Poe en 1837 y que responde a uno de los casos “premonitorios” más raros de la literatura (los de ciencias en realidad nos sentimos más cómodos si hablamos de extrañas casualidades).

Casi cincuenta años más tarde, el 5 de julio de 1884 se hundió el yate inglés Mignonette cuando se dirigía a cruzar el Cabo de Buena Esperanza. Habían cuatro tripulantes abordo, el capitán Thomas Dudley, el navegante Edwin Stephens, el oficial Edmund Brooks y un joven grumete llamado Richard Parker. Tras el hundimiento los cuatro navegantes consiguieron resguardarse en un bote salvavidas.

Después de permanecer más de dos semanas a la deriva, el desperado Richard Parker sediento” bebió agua de mar, lo que le provocó una deshidratación y entró en coma. Los demás supervivientes atendiéndose a la llamada ley del mar (uno de sus famosos artículos da el visto bueno para en caso de necesidad extrema recurrir al canibalismo) decidieron matar al inconsciente Parker –al menos eso alegaron ellos- y comérselo. Según ese código marítimo -nunca escrito, pero reconocido entre marineros veteranos de parche en el ojo-, se dice que únicamente pueden ser utilizados como alimento las personas muertas por causas naturales, o porque la suerte echada al azar lo haya determinado así, pero de puertas adentro (como ese relato de Borges en el que un rey es dejado libre en medio del desierto como si se tratase del más enrevesado laberinto) vete a saber que es lo que realmente sucedió.

En este caso quizás se supo la verdad porque una vez rescatados los supervivientes restantes, fueron ajuiciados y uno de ellos reveló los hechos a cambio de inmunidad. El proceso fue seguido por toda la sociedad victoriana y ocupó las primeras páginas de los tabloides ingleses. Los dos acusados fueron sentenciados a muerte, pero sus penas fueron finalmente conmutadas y solo pasaron unos meses en prisión.

También me parece curioso que el nombre del barco sea Mignonette, ya que una de sus acepciones es culinaria y viene a ser algo así como “pimentada”, y la otra es utilizar el término como una forma cariñosa de referirse al mignon (aquí sería algo así como “niñito”), pero sumado una cosa a la otra podríamos interpretar el nombre del barco como niño con sabor a pimienta (Claro! Con tanta publicidad subliminal quién se va a negar luego a comerse un niñito. Solo es una humilde propuesta que diría Swift).

Y otra referencia que me parece apropiada para este post, es un cuento de Gaston Leorux titulado La cena de los bustos; Leroux que debe principalmente su fama por ser el autor de El fantasma de la ópera (de la que luego se haría un famoso musical). En el cuento narra a unos náufragos han recurrido al canibalismo para salvarse, y ya integrados en la sociedad de nuevo, tienen la costumbre de reunirse una vez al año para acudir a una cena especial. El propósito es que habiendo consumido la carne humana en alta mar, han descubierto lo sabrosa que es, por lo que no se quieren privar de volverla a probar, por lo que una vez al año buscan una víctima a la que invitar a esta cena y en su defecto si no la encuentran, están hasta dispuestos a sortear que uno de ellos se mutile un miembro para así disfrute del resto de comensales.

Aquí toda la historia del Mignonette


1884. Canibalismo: La ley del mar por raulespert

Y aquí un sketch de los Monty Phyton que hace referencia a estos hechos.

Moraleja de esta historia -como le decía el otro día a la doctora-, si te llamas Richard Parker mejor no te embarques.

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7 Comments:

Blogger Doctora said...

Como te dije es todo muy curioso. Cuando escuché el nombre en la peli me hizo gracia que el tigre tuviera apellido y todo, pero la verdad es que me pareció un nombre bastante común. No imaginaba que tuviera toda esta historia detrás :)

1:41 p. m.  
Blogger Lepis said...

Mis hijos están convencidos de que se trata de una historia alterna de Mowgli y Shere-Kan.
El viejo y el mar, pasa, es una historia muy padre, pero Arthur Gordon Pym es escalofriante; efectivamente hay tres o cuatro escenas que no me puedo quitar de la cabeza, y el asesinato de Parker es una de ellas.

5:22 p. m.  
Blogger Vigo said...

Me imagino Bea, que si una persona le pone un nombre de este tipo a un animal (nombre+apellido) es alguien muy imaginativo y cuya opinión personal pesa más que lo que opinen los demás. Alguién más bien como tú.... Por cierto ¿Cómo se llama tu gato? Me aclararía mi teoría. Seguro que tiene un nombre divertido.
Yo en cambio seguramente optaría por algún nombre que tuviera una cierta connotación histórica, podría haber optado por Parker, pero nunca por Richard Parker. Yo hubiera optado por el nombre de algún escritor ruso como: Tolstoi o Pushkin (por aquello de la piel peluda del gato y el frío).

Lo de Richard Parker es una curiosa casualidad, pero me imagino que en realidad no debe ser tan dificil encontrar ese nombre entre las defunciones. Es como si buscaramos por aquí un Manolo Sanchez.

6:39 p. m.  
Blogger Vigo said...

Sí, Lepis es curioso como nuestra mente identifica las cosas según los arquetipos que va formando. A mí mismo me resulta difícil separar esta historia de indios y tigres de un relato de Kipling, cuando seguramente el relato podría haber sucedido en cualquiero otro lugar del mundo, y en vez de un tigre que en realidad fuera por ejemplo un oso y entonces ya borraría de mi mente totalmente a Kipling.

Lo de Arthur Gordon Pym desde luego es un no parar de desgracias que te mantienen página tras página la atención. También es muy curioso que dejara el final abierto con el suspense en el punto álgido. Te quedarías asombrado con los escritores que han utilizado este libro como punto de partida y han intentado hacer una segunda parte. Seguramente es uno de los libros que más inspiración ha creado para realizar una segunda parte.

Gracias por pasarte, Lepis. Por cierto ¿Has leído Las 50 sombras de Grey? No sé si el libro será bueno o malo, pero en España una gran parte del sector femenino está revolucionado con este libro, hasta el punto que creo que yo también voy a leerlo, para fijarme una opinión al respecto.

6:48 p. m.  
Blogger Lepis said...

Sí, ahora recuerdo "La esfinge de los hielos" de Julio Verne como secuela-explicación de Arthur Gordon Pym......seguramente mi mente lo archivó como el final del libro, cuando se trata de una obra distinta.
50 sombras no lo he podido leer........es insufriblemente lento y nunca me ganchó. Las personas que lo han leído me dicen que es Harry Potter para señoras que leen poco. Pero inténtalo, a lo mejor tú puedes terminarlo, jejeje.

8:25 p. m.  
Blogger Vigo said...

La de Julio Verne es una de las continuaciones más conocidas, la otra continuación que ha alcanzado una cierta fama es la de Lovecraft, con Las montañas de la locura. En unos días escribiré un post con estos datos, ya que me parecen bastante interesantes.

Intentaré leer las 50 sombras, porque conozco una bloguera que también lo está leyendo y hace una especie de comentarios en versión "streaming" bastante graciosos a medida que avanza con su lectura. Así que voy a intentar leerlo yo también para así poder reirme con los comentarios. Además, luego así podré tener mi propio criterio para bien o para mal cuando hable con alguna de mis amigas que si que lo han leído. Espero poder aportar un punto de vista algo masculino al asunto (algo de cordura!!:) )

8:57 p. m.  
Blogger Ernesto Glocer said...

"Habían cuatro tripulantes"... duele leerlo tan mal escrito en un blog de literatura.

2:14 p. m.  

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