La Librería

Pequeños retales de literatura

martes, febrero 27, 2007

El tratamiento Ludovico

El otro día cenaba con una pareja (M. y P.) en un chino, y en un momento de la conversación (sería antes de que ligara –malditos!-) salió por mi parte el nombre del terrible López Ibor, un médico que fue al franquismo lo que Mengele fue al nazismo.
López Ibor era un médico psiquiatra especializado en trastornos de desviación sexual. A él llevaban los hijos amanerados de las familias bien, cuyos padres aún mantenían esperanzas de poder curarlos de su homosexualidad.
López Ibor trataba en su consulta a esas ovejas negras y practicaba con ellos sus métodos correctivos (electroshocks e incluso como último recurso, una “sencilla” lobotomía con la que el paciente quedaba medio tonto y sin demasiadas ganas de pensar en el sexo).
Lo mismo hizo el médico Frederic Wiseman allá por el 63 en las prisiones americanas; para bajar la agresividad de determinados presos violentos, les practicaba una operación en la que les extirpaba una sección cerebral. Una operación en la que los reos se volvían dóciles aunque también con una ligera debilidad mental.
Quizás en este sentido habría que remontarse a la edad media y la famosa “piedra de la locura” la cual se decía que era una piedra que estaba en la cabeza y que originaba la locura, pero que una vez extraída, podía el paciente recuperar la normalidad. Alejandra Pizarnik escribió un poemario con el nombre de la “Extracción de la piedra de la locura y otros poemas”.
Piedra de la locura
Existe otra referencia que me gustaría comentar… (Últimamente doy muchas vueltas para contar las cosas, y los amigos que me sufren parece que al menos no se cansan demasiado con mis palabras) ¿Oyeron hablar de la hidrocefalia? Exceso de líquidos en el cerebro, a los niños es probable que incluso les deforme la cabeza por aquello de las fontanelas, en los seres adultos el cráneo puesto que no se puede deformar, es más común que ocasione dolores de cabeza, vómitos u otros síntomas.
Los médicos para liberar esa presión craneal suelen colocar un catéter del cerebro a alguna otra parte del cuerpo que pueda asimilar ese líquido. Y así se produce una especie de drenaje en la que el líquido encuentra una salida a la trampa en la que se había convertido el cráneo.
Ahora imaginemos que es mi propio ordenador el que presenta un caso de hidrocefalia (no es exactamente así pero valdría el símil). Y yo en mi calidad de persona muy imaginativa le he puesto un catéter para que liberase un poco dicha presión, el ordenador ha ido liberando bytes y sorprendentemente la red de la Empresa ha comenzado a funcionar jodidamente bien.
Ahora hago una reverencia entre medio de los aplausos.
Menudo rollito que he contado… el cuadro que he colocado es del Bosco, y para igualar las fuerzas del universo voy a buscar un bonito video y ahora mismo lo koloko (por el destino errático de las palabras tocó Murfila!!)

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2 Comments:

Blogger Matías a ratos said...

ahhhhhhhhhhhh no quiero crateres ni cateteres en mi cabezaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

6:15 a. m.  
Blogger Vigo said...

Sí, solo pensarlo un poco ya hace daaaaañooooooooooooo!!!

6:12 a. m.  

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