La Librería

Pequeños retales de literatura

jueves, marzo 07, 2013

Pierre Michon, me rindo.

Definitivamente no puedo leer al francés Pierre Michon, quiero decir las palabras están y mi capacidad para leer tampoco es que se haya esfumado de un plumazo, pero no consigo concentrarme lo suficiente en su prosa, y cuando leo unos cuantos párrafos y veo que tengo que volver a releerlos una y otra vez, porque apenas he entendido lo que estaba leyendo, me acabo finalmente desesperando. Así que he dejado dos libros suyos –los iba alternando en mi lectura- que saqué de la biblioteca a medio leer (Vidas minúsculas y Señores y sirvientes) y he decidido devolverlos a la biblioteca en cuanto tenga ocasión.

¿Cómo definir la prosa de Pierre Michon? Haré una metáfora sensitiva: es como tomar un café cremoso y aromático, pero con una crema tan espesa como la melaza, y que al removerlo con la cucharilla, ésta se quedase pegada y costase un cristo moverla en lo que supuestamente sería un sencillo movimiento circular.

Pierre Michon es un escritor de culto y desde luego ahora no tengo ninguna duda de que no se lo merezca. Pero antes de decir nada más situémonos. Pierre Michon está considerado como una de las plumas más destacadas de Francia; es un escritor más bien tardío ya que publicó su primer libro Vidas minúsculas a los treinta y siete años (me imagino que estuvo madurando su estilo como en el caso de los buenos vinos), y que con sus posteriores obras no ha parado de cosechar los elogios de la crítica especializada. En algún sitio he leído una frase que creo que le define bastante bien: “Solo apto para gourmets literarios”.

Pierre Michon está especializado en hacer lo que podríamos llamar biografías tangenciales. Coge la vida de alguien y busca personajes que hayan convivido con él, y luego a través de los ojos de esos personajes secundarios intenta desvelar la vida del protagonista principal. Pero sus textos no son biografías de corte clásico, sino que Michon se fija en algunos detalles que marcan un momento de las vidas del personaje a biografiar, pero no en el sentido de Stefan Zweig con sus Momentos estelares de la humanidad, sino que más bien esos momentos escogidos son casi banales o azarosos, y sin embargo a ojos Pierre Michon son momentos especiales que definen el devenir de los hechos y el carácter de las personas.

Michon no quiere hacer en principio una biografía de hechos cronológicos, sino que su mirada es como la de un pintor que quisiera plasmar un momento determinado en la vida del personaje a definir, y que con enorme maestría va dejando caer rápidas pinceladas de palabras (Pierre Michon explora especialmente colores, texturas, olores o cualquier otra cualidad que evoque de alguna manera a nuestros sentidos). Sus frases están llenas de un especial lirismo, y es por ello que me es imposible negar la intención poética al texto (factor que yo siempre he defendido estilísticamente, pero el problema es que a la vez su prosa me parece demasiado compleja). Mi dificultad como lector es que cada dos por tres aparecen palabras que desconozco y encima las frases son excesivamente largas, y me imagino que por unas cosas y otras, éste conglomerado dotado de tanta riqueza expresiva se convierte a su vez en su mayor obstáculo para su comprensión, al menos para un buen número de lectores en los que me encuentro. Al leerle se me ha hecho bastante común la sensación de que tras pasar un par de páginas he tenido que volver hacia atrás, porque no había comprendido prácticamente nada de lo que había leído. De hecho me he obligado a leer más despacio de lo que suelo leer, y he intentado concentrarme al máximo, pero aún así se me escapaba buena parte de la prosa de Pierre Michon. Por lo que al final como decía, he desistido en su lectura.

En realidad sería preocupante sentirme único en este encasillamiento personal como lector torpe, pero pese a que las críticas que he leído en la red son todas muy elogiosas hacia la pluma de Pierre Michon, creo que al lector común que se atreva a degustar a Pierre Michon le sucederá algo parecido a lo que a mí me ha sucedido, y dudo que logre avanzar más de unas cuantas páginas de sus libros (yo por eso he llegado al ecuador en ambos libros para tener algo de juicio para escribir esto, pero ahí he decidido plantarme).

En esta reflexión hay una parte crítica y otra de elogio, pero desde luego creo que si Pierre Michon “levantara un poco el pie del acelerador” al escribir sus libros, podría unificar estos dos criterios y conseguir un libro mucho más comprensible y por supuesto más valorado para el común de los mortales (no sé hasta que punto es lícito detener el caudal expresivo de un autor, pero yo creo que saldría ganando).

Para mí el problema a parte de lo que he dicho, es que narrativamente el libro tiene a veces más apariencia de “cuadro” que de “película”. Quiero decir, en las escenas que narra Michon no hay ni un diálogo y todo prácticamente es el fruto de la divagación poética del narrador. Sin embargo en las páginas que hay un poquito de acción el libro gana para mí de repente varios enteros (hay por ejemplo en Señores y Sirvientes una escena en la que se narra a un observador que ve como da la casualidad que para enfrente suyo una calesa y de ella sale una mujer a orinar sobre la hierba, que está espléndidamente narrada). Y ya ves tú que poquita acción estoy reclamando, pero es que Michon casi no hace ninguna concesión en este sentido, sino que lo que hace más bien es narrar unos hechos biográficos pasados que bien podrían pasar en casi cualquier familia, salvo que este escritor desde luego los narra de una manera única no al alcance de cualquiera.

Los dos libros que he intentado leer son:

Vidas minúsculas: es una especie de autobiografía, compuesta por ocho narraciones, en las que a través de unas vidas secundarias de antepasados, familiares o amigos, se reconstruye de forma tangencial la vida propia.

Señores sirvientes: el mismo recurso de las biografías tangenciales, pero esta vez aplicado a la vida de cinco grandes pintores: Vincent Van Gogh, Francisco de Goya, Antoine Watteau, Piero della Francesca, y Claudio de Lorena.

Michon –Vidas Minúsculas Michon –Señores y sirvientes

Abro una página al azar de uno de los libros y copio el primer fragmento que leo para que se hagan una idea del estilo y de esas frases que se alargan en demasía hasta que se tornan incomprensibles.

"Pepa no dice que fue feliz aquel 25 de julio. Pero, al hablar de ese día, pasados veinticinco años, todavía se ruborizaba, no como se ruboriza usted, señora mía, sino como se ruborizan esas rubias modestas, desvaídas, sin rasgos, a las que azora su placer y que éste se les note, desconsoladas de que su rubor las torne aún más desvaídas y de que su alegría recordada sea, sin duda, bien poca cosa, pues aquella emoción tan grande que vivieron y ya es cosa pasada no enciende envidia alguna en la mirada de los demás, cierto interés apenas, mas sí ese simulacro de comprensión, que es lástima; ya están acostumbradas las rubias desvaídas, cuentan con ello al hablar. (…)"

Pierre Michon -Señores y sirvientes-.

La verdad es que no me siento a gusto criticando a alguien que sé que tiene muchísimo más talento del que pudiera tener yo al escribir. Pero de alguna manera al leer tantos elogios en la red hacia Pierre Michon, me he sentido como ese personaje del cuento que le apetece criticar a ese rey que va desnudo pensando que lleva un traje invisible, y que nadie osa desvelarle su desnudez. Y no es que mi crítica sea excesiva, sino que más bien es una advertencia para quien se aventure con los libros de Pierre Michon, se haga una breve idea de lo que se va a encontrar.

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7 Comments:

Blogger Sílvia said...

Coneisent-nos, estic gairebé segura que m'agradarà :-)

11:47 a. m.  
Blogger Orion said...

Yo también me he rendido con algunos libros y autores. Hace mucho tiempo aprendí que no merece la pena leer una novela cuando dicha lectura se convierte en un sufrimiento, como cuando me obligaron a leer a Cervantes en el instituto.

Como ya te comenté una vez, de unos años a esta parte, apenas compro libros, por motivos de espacio. Sí, ya sé que ese problema se subsana con el libro electrónico, pero todavía me resisto a abandonar el formato clásico, por eso frecuento las bibliotecas.

Algunos de los libros que tomo en préstamo no llego a terminarlos, dejándolos a la mitad, a veces recién comenzada su lectura. Los motivos son diversos: no me interesa lo que el autor me cuenta o como me lo cuenta, personajes planos o estereotipados, puntos de giro como socavones en una carretera mal asfaltada, descripciones irrelevantes en la narración y que duran páginas y páginas, frenando la acción (hace ya mucho tiempo que las descripciones exhaustivas e interminables pasaron de moda).
No suelen gustarme (y digo no suelen) aquellos autores que sacrifican la historia por el estilo, y en cada página necesitan demostrarnos lo cultos que son, el vasto y variado vocabulario que conocen y su perfecto dominio de las figuras retóricas. Hay que ser muy bueno para escribir de esa forma y sólo unos pocos privilegiados lo consiguen con éxito.
Por mis palabras, alguien puede inferir que sólo me gustan escritores del tipo: Palahniuk, Irvine Welsh, Pedro Juan Gutiérrez, Bukowski, John Fante, Richard Ford... Nada más lejos de la realidad, pues también me gusta la prosa poética, siempre que haya un conflicto interesante, unos personajes creíbles, y una buena estructura, sin grietas y que sostenga la novela de principio a fin.

Después de lo que comentas sobre Michon y conociéndome como me conozco, no creo que me aventure a empezar uno de sus libros, o a lo mejor sí, nunca se sabe. A Pennac, por ejemplo, lo conocí gracias a ti, y fue toda una revelación :-).

Ahora estoy dándole duro a Sergi Pámies, supongo que lo conocerás, pues es muy famoso en Cataluña. He leído ya algunos de sus libros de relatos traducidos al castellano: “La bicicleta estática”, “Si te comes un limón sin hacer muecas”, “La gran novela sobre Barcelona”... Sus cuentos son claros, directos, con un enfoque muy personal y original, breves, pero esa brevedad que encierra un gran trabajo de escritura y corrección. Un narrador, sin duda alguna, con mucho oficio, el señor Pámies.

¡Saludos!

12:24 p. m.  
Blogger Vigo said...

Sílvia igual tendría comenzar a hacer una lista con todos los libros que no me acabo, y todas las películas que encuentro que son un tostón.
Luego te la paso, y así dentro de unos meses, tú pasas un verano la mar de entretenida descubriendo auténticas obras de arte infravaloradas por el común de los mortales. ;P

3:51 a. m.  
Blogger Vigo said...

Orion, desde luego por lo que tú cuentas no te recomendaría que leyeses a Pierre Michon ya que su prosa como decía en el post es bastante compleja y cuesta mucho seguirlo.

Yo tampoco tengo demasiados complejos a la hora de dejar un libro (sigo a rajatabla los derechos del lector de Pennac). El problema es que aquí si que tenía un poco cargo de consciencia. Me resulta complicado saber que estoy leyendo a un escritor que sé que tiene talento y que ha sido encumbrado por la crítica especializada, y yo no ser capaz de acabar alguno de sus libros (que encima son más bien cortos). Pero claro, cuando lo que teóricamente tiene que ser placentero resulta que al final parece más un castigo, pues al final ha vencido el dejar inacabadas las lecturas de este par de libros. Seguramente si Pierre Michon hiciera un libro con un argumento más claro donde utilizara los típicos recursos del suspense y estas cosas, sería un libro bastante más agradable y volvería a intentar leerle, pero de momento yo le dejo y que lo disfruten los "entendidos".

Con el Don Quijote también me pareció algo parecido en el instituto (¡me parece una salvajada que en algunos colegios a los adolescentes se les pida que lo lean!). Yo desde luego, me aburrí mucho en lo que iba leyendo, con la dificultad por supuesto del castellano antiguo no creo que sea demasiado recomendado para críos que están intentando aficionarse a la lectura. Considero mucho más afortunado que un adolescente lea por ejemplo Harry Potter, o incluso si me apuras creo que Shakespeare incluso es mucho más accesible que Cervantes.

Y por supuesto esto no quita que quizás ahora con muchas más lecturas a mis espaldas pudiera disfrutar del Quijote.

A mí me suele pesar más el estilo que el argumento a la hora de elegir un libro, pero claro, si luego resulta que soy incapaz de comprender casi todo lo que estoy leyendo pues apaga y vámonos.

Recuerdo cuando era más pequeño y jugaba algún juego de ordenador nuevo que me habían regalado, y empezaba a descubrir que pese a leer las instrucciones había tantos comandos que el juego era impracticable, y entonces yo comenzaba a insultar para mis adentros al equipo-idiota de programadores que habían sacado al mercado un juego tan complicado que era impracticable, y que yo pensaba que quizás nadie lo había testeado previamente.

De los que nombras he leído a Bukowski, Fante y Palahniuk, y a los tres los he disfrutado. De Irwine Welsh he visto Trainspotting y la recuerdo también como una buena película. Te recomendaría que leyeras a Ballard si no lo has hecho, porque creo que puede encajar con tus gustos.

Y de Pàmies pues aunque quede mal decirlo desde estas tierras, no he leído nada suyo, sin embargo si que lo he visto muchas veces por la televisión autonómica hablando de cualquier cosa. El problema que tengo tanto con él como con Quim Monzó, es que alguna vez algunos amigos míos metidos un poco en el "ajo literario" me han dicho que en el trato personal no eran tan simpáticos como podían parecerlo en la tele, y eso supongo que casi incoscientemente ha hecho que me eche para atrá a la hora de elegirlos como lecturas.

Pero como conviene no tener demasiados prejuicios… el otro día mira tú por donde, leí un cuento de Monzó que me encantó. Voy a ver como se llama
(...)
Ya está, se llama "Mi hermano" y se puede encontrar fácilmente en el ciberespacio (me encantó por las emociones que uno siente mientras lo lee).

Y solo agregar que en principio me suele encantar la prosa poética, siempre que no suene empalagosa, por lo que recomiendo revolcarla un poco en esas arenas del realismo sucio para que no quede demasiado acaramelada.

Gracias por comentar.

PD. He devuelto los libros ya en la biblioteca y me he llevado en su lugar los siguientes:

- Bolaño: Una novelita lumpen.
- Thomas Bernhard: El sótano.
- Y una Antología del microrrelato hispánico.

4:45 a. m.  
Blogger Orion said...

Pues no he leído nada de Ballard, pero si está en la línea de Fante o Ford seguro que me gusta.

De Monzó he leido "El porqué de las cosas" y "El mejor de los mundos". No es fácil encontrar libros de Monzó en las bibliotecas y librerías, al menos aquí en Málaga. Recuerdo que sus cuentos me gustaron bastante, al igual que los de Pámies.

No sé si has oído hablar de Hipólito González Navarro, un escritor de culto. Te recomiendo cualquiera de sus tres libros de relatos que he leído: "El aburrimiento Lester", "Los tigres albinos" y "El pez volador".

Como ves soy bastante aficionado al relato breve :)

La novelita lumpen de Bolaño me trae muy buenos recuerdos. Fue lo primero que leí de este autor. Después vinieron "Los detectives Savajes", "Monsieur Pain", "2666", "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce" (qué titulo más largo), "llamadas telefónicas", "Putas asesinas"...

PD: A mí no me pases esa lista de libros inacabados y películas tostón, que tienes en mente elaborar, eh. Yo ya tengo la mía propia :-)

11:15 a. m.  
Blogger Orion said...

He tenido problemas al publicar este último comentario y al final no ha salido un enlace de una mini entrevista a Hipólito Navarro en Canal Sur.
Aqui te la pongo, por si le quieres echar un vistazo.

http://www.youtube.com/watch?v=60nUkD97xYs

11:21 a. m.  
Blogger Vigo said...

La verdad es que desconocía a ese autor, aunque he mirado mis archivos a ver si tenía algo sobre él (mis archivos son un inmenso baúl informático donde miles y miles de documentos). Y sí, me ha salido una biografía de él.

OK. Tomo nota y a la que pueda echaré un vistazo a alguno de sus libros. En la entrevísta parece bastante bonachón y me ha parecido inteligente y simpático. Aunque no comparto algunos de sus argumentos.

Defiende la tesis del cuento como un género mayor respecto de la novela, yo creo que aunque el cuento tanto estilísticamente como formalmente tiende más a la perfección, pero aún así sigue siendo un género menor comparado con la novela. Aunque sólo sea por el esfuerzo del escritor en relizarlo y porque el lector en la novela tiene más tiempo para disfrutarlo.

El ejemplo quizás no sea apropiado pero yo lo veo como un amor duradero (novela) y un enamoramiento de verano (cuento). En general yo creo un amor duradero aunque sea menos intenso tiene más valor que esa pasión estacional. :)

Te recomienod también un autor del que me dejaron dos libros de cuentos que los estoy leyendo y me parece bastante bueno: Matías Candeira.

Bueh, contesto tarde, pero intento siempre contestar, solo que soy un escritor de blog que funciona más intermitentemente que otra cosa, y me gusta desconectar totalmente del blog cuando estoy concentrado en otras historias.

Pero gracias siempre por comentar y por darme esas recomendaciones, que como solemos coincidir bastante en gustos, no dudo que me gustarán.

3:10 a. m.  

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