La Librería

Pequeños retales de literatura

martes, agosto 16, 2005

Del origen de la tristeza

Acabo de leer un relato de Juan Rulfo por una recomendación que viene directa de Poéticas. Lleva por título Luvina y creo que expresa muy bien lo que identifico como la prosa de Rulfo -al leerlo me encontré con las mismas sensaciones que cuando Juan Preciado volvía a Comala-. Unas descripciones regidas por paisajes de calor y polvo; detalladas intensamente gracias a un dominio a la hora de narrar los pequeños detalles. Una acción que va ocurriendo muy lentamente, que provoca al lector una sensación de desasosiego pareja a la del calor agobiante de los paisajes. Se desecha prácticamente la recurrida fórmula de presentación, núcleo y desenlace, por otra que mantiene un ritmo continuo en la historia. Los personajes funcionan como sombras donde sus vidas sólo se intuyen por la propia personalidad que marca el clima, y los diálogos a la vez, van cargados de sequedad, todo ello para retornarnos a esa sensación de sudor que se pega a la piel.

Un pequeño fragmento:

“-Por cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y usted, si quiere, puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que allí sopla la revuelve, pero no se la lleva nunca. Está allí como si allí hubiera nacido. Y hasta se puede probar y sentir, porque está siempre encima de uno, apretada contra de uno, y porque es oprimente como un gran cataplasma sobre la viva carne del corazón.
...Dicen los de allí que cuando llena la luna, ven de bulto la figura del viento recorriendo las calles de Luvina, llevando a rastras una cobija negra; pero yo siempre lo que llegué a ver, cuando había luna en Luvina, fue la imagen del desconsuelo... siempre.”

Y si quieren un poquito más de tristeza, que hoy la regalamos a raudales, un pequeño pero precioso texto del amigo Inadaptario, -porteño de los de tango y mate-. Les dejo esperando que se les encojan los corazones con esta hermosa Balada de la tristeza.

“En la plaza Libertad de Montevideo un tipo solo se sigue despidiendo de un amigo.
Una mujer que se está muriendo hoy conoce ese episodio, mientras el tiempo ha hecho lo suyo.
En Junín de los Andes, dos amigos se abrazan. No volvieron a verse.
En Glasgow una muchacha que fuma un porro le regala una sonrisa a un hombre empapado de lluvia y en alcohol. El tipo la recuerda todavía.
Cuando se muere de amor en Buenos Aires, es difícil resucitar.
Supongo que por estas cosas debo estar triste.”
.

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4 Comments:

Anonymous Hell said...

¡¡Y qué viva la alegría oooiiiga!!
¡¡Estamos que lo tiramossss!!

A veces, sólo a veces, no apetece leer depende qué cosas. En pleno Agosto se te puede encojer el alma y no de frío.

3:22 p. m.  
Blogger LIRVA said...

Sin duda Luvina es un lugar triste, cuantas veces no he caminado por ahí con ese sofocamiento, esa piel húmeda y sucia de tanto sudor, mientras miro de frente y una lágrima se desvanece con el calor.

Ya lo refleja Sabina y su "frente marchita", Y no volví más ...y me puse a gritar dónde estás.

Mucho mate y una Maga sentada al lado de Oliveira eso sí es enamorarse. En fin...

*besos, querido Vigo*

7:58 p. m.  
Anonymous poéticas said...

Buen análisis. Gracias por citarme.
Rulfo es uno de mis escritores favoritos; es, como dice Monterroso, el "zorro más sabio". ¿Conoces la fábula?

EL ZORRO MÁS SABIO
(En "La Oveja negra y demás fábulas")

Un día que el Zorro estaba muy aburrido y hasta cierto punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente, pues odiaba ese tipo de personas que dicen voy a hacer esto o lo otro y nunca lo hacen.
Su primer libro resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido (a veces no muy bien) a los más diversos idiomas.
El segundo fue todavía mejor que el primero, y varios profesores norteamericanos de lo más granado del mundo académico de aquellos remotos días lo comentaron con entusiasmo y aun escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro.
Desde ese momento el Zorro se dio con razón por satisfecho, y pasaron los años y no publicaba otra cosa.
Pero los demás empezaron a murmurar y a repetir "¿Qué pasa con el Zorro?", y cuando lo encontraban en los cócteles puntualmente se le acercaban a decirle tiene usted que publicar más.
-Pero si ya he publicado dos libros -respondía él con cansancio.
-Y muy buenos -le contestaban-; por eso mismo tiene usted que publicar otro.
El Zorro no lo decía, pero pensaba: "En realidad lo que éstos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer".
Y no lo hizo.



Saludos.

9:07 a. m.  
Blogger Vigo said...

Bueno Hell, como ves empiezo a contagiarme de tu alegria.
Sí creo que tienes razón, y como decía mi abuela "a la vejez viruelas" (que nunca acabé de entender yo la frase):D

Lirva, Enamorarse... esa palabra últimamente me da un sentimiento suma de melancolía, temor y risa. Curiosa mezcla.
Pero si me habla de la Maga y Oliveira, entonces tengo que recordar a mi Maga: mi quérida y única lola, hablaré algún dia de ella. Y espero con ansias que de pronto señales de vida.
Besos a tí.

Poéticas, muy bonita la fábula. Vila-Matas llamó a ese tipo de escritores que son poco prolíficos como aquejados del Síndrome Bartlebly, aunque hay otra expresión también usada y que creo que es mucho más acertada: El síndrome Salinger.
Monterroso le da una solución al problema en el que el escritor es el que sale bien parado

12:51 a. m.  

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