La Librería

Pequeños retales de literatura

domingo, julio 01, 2012

Alberto Olmos -A bordo del naufragio-

Hacía tiempo quería hincarle el diente a los libros de Alberto Olmos, y ante la premura de tener que devolver dos de sus libros a la biblioteca, llevo leyéndolo este fin de semana y empapándome irremediablemente con su florida prosa.

Olmos naufragio Alberto Olmos, que por si hay algún lector despistado no lo reconoce, diré que es todo un referente dentro de la blogosfera literaria, ya que es la persona que hay detrás de la figura del lector mal-herido, cuyo blog de reseñas literarias siempre ha sido una página de encuentro para lectores avezados, entre los que ha cosechado tanto un buen número de admiradores como seguramente un igual número de detractores (lo cual, en este espacio casi infinito que es la red, ya de por sí me parece meritorio). Aunque me imagino que este continuo ponerse a la palestra sumado a su afilada lengua y sus acostumbrados juicios lapidarios en el papel de lector mal-herido, no deja de ser un método infalible para despertar envidias, odios como también por supuesto afectos. Algunos pensarán que toda discusión enconada es también una forma de revitalizar el debate literario, a mí me suena que este tipo de confrontaciones en la red provocan un desgaste, y llevan irremediablemente al abandono del polémico blog más pronto que tarde. De momento por eso, Alberto Olmos sigue manteniendo online sus dos blogs: el de lector malherido y el de hikikomori, y en eso al menos, ya hay que aplaudirle.

Sea como sea, yo que siempre soy más de grises que de blancos y negros, me propuse hace unas semanas leer algunos de sus libros, para poder tener un criterio sobre su obra y así si alguna vez salía su nombre en alguna conversación, poder aportar algo más que un simple “dicen”. Y en esas estoy ahora.

He comenzado con su opera prima “A bordo del naufragio” escrita cuando sólo tenía veintipocos años, y tengo ya bastante avanzada la lectura de “El talento de los demás” cuya reseña vendrá próximamente.

Sobre A bordo del naufragio puedo decir que es un libro que no me ha convencido, pero que a la vez se le ve a Alberto mucho más talento que a la mayoría de escritores en su primera obra, y más si se piensa en la juventud con la que la escribió. Obra que por cierto quedó finalista del Premio Herralde (Los detectives salvajes de Roberto Bolaño fue el libro que se llevó los laureles). Luego Alberto Olmos publicaría un libro casi imposible de localizar “Así de loco te puedes volver” y tras éste, desaparecería de la esfera literaria durante unos cuantos años; una etapa de silencio que coincidió con una especie de viaje iniciático al imperio nipón, y que desembocó al fin, en una de sus obras más elogiadas “Trenes hacia Tokio”, que espero también poderla conseguir pronto.

A bordo del naufragio es un día de la vida de un completo infeliz, un joven estudiante universitario de la facultad de periodismo, solitario e inadaptado a la capital (la Gran Cacharrería, excluido de ella, por el simple convencimiento personal de que si nadie lo percibe, entonces tal vez sí que pueda sobrevivir al devenir del mundo. Cada día es una lucha y a la vez una nueva constatación de su fracaso, porque el joven –que no tiene nombre- no aspira a nada en la vida, y se mortifica con una autoconciencia que en su cerebro no para de dar vueltas, pero que le lleva siempre a detestarse, por no soportar su propia cobardía ante la vida. Se mira en el espejo y solo es capaz ver su obesidad que le lleva a ser víctima de su propio menosprecio al verse absolutamente incapacitado para conquistar cualquier chica.

Su único consuelo es su afán lector, que le hacen arrastrar de un lado a otro una mochila llena de libros. La verdad es que apenas sucede nada en todo el libro, porque en cierta manera, esa nada no deja de ser más que un reflejo de la propia vida del protagonista. Una visita a la universidad a la que está matriculado, y la pequeña aventura de seguir a una chica por las calles de la ciudad (como manera de satisfacer de alguna manera su frustrado deseo sexual) es prácticamente toda la acción que hay en el libro, sumado a las últimas páginas donde se acelera el final del libro.

El protagonista sabe que algo funciona mal en su cerebro, como si este estuviera lleno de un agua negra que se adueña de sus pensamientos, y que le hace entre otros efectos sentir una enorme rabia por el mundo que le ha tocado vivir. Ni siquiera se siente un perdedor, porque para perder uno se ha de arriesgar primero, y el protagonista vive en un completo estado de cobardía. El tema central de esta breve novela es este, una novela que intenta plasmar el miedo a vivir de un adolescente que no acaba de madurar.

De hecho no deja de ser una especie de mezcla entre el hikikomori japonés que Alberto Olmos recoge en el nombre de su blog (como ese joven japonés que se aparta del mundo y permanece recluido en su habitación), y ese otro personaje tan castizo que es el Paco Martínez Soria que camina por una gran ciudad que le es absolutamente extraña.

Lo que más sorprende del libro es su riqueza léxica, que para algunos defensores de la sencillez no deja de ser una muestra de que Olmos es un poco redicho, pero para mí que también soy más partidario del barroquismo literario, es un disfrute poder apreciar el dominio de Alberto Olmos tiene sobre el lenguaje, sin entrar por supuesto que aquí o allí se acabe excediendo en el adjetivo con la construcción de alguna metáfora. Dice Alberto Olmos en una entrevista que pare él la mejor frase del libro es la siguiente: “Todo exceso es un sustitutivo del sexo, incluido el exceso de sexo”. Quizás sea una de esas verdades lúcidas que uno da a luz en su pensamiento y quiere ofrecer a los demás, a mí hay otra frase que me ha fascinado por presentar un oxímoron sexual de una claridad diáfana: “... y las niñas monas y sanas con sus coños de azúcar y su teléfonos inalámbricos”.

El libro es una búsqueda estilística y formal hacia horizontes no demasiado trillados, sin embargo como he dicho al principio, su resultado final no me termina de convencer, porque en muchos momentos el monólogo del protagonista me ha resultado cansino. Digamos que el stream of consciousness que viene en tiempo presente y en segunda persona, como si el run run cerebral dotara al personaje de una especie de disociación que evita el flagelamiento innecesario en el que hubiera caído con la primera persona. El problema para mí, es que apenas pasa nada en todo el libro, y ya sé que eso quizás es el efecto que quiere plasmar Alberto Olmos (dice Updike en sus reglas para hacer una crítica, que el crítico debe intentar comprender lo que el autor se propone realizar, y no culparlo por no haber logrado lo que no intentó). Sin embargo, creo que también es tarea del escritor entretener de alguna manera al lector, y a mí, en cierta manera el libro me ha acabado aburriendo.

John Kennedy Toole en La conjura de los necios, tiene como protagonista principal al inolvidable Ignatius J. Reilly, que recuerda bastante al protagonista de Olmos, solo que con unos cuantos años más. Sin embargo toda la incomprensión que nos produce ese personaje queda suavizada con la ironía de los pasajes y los disparatados hechos que le van sucediendo a cada página. Creo que eso es lo que le falta a la novela de Alberto Olmos, un intento de suavizar tanta aspereza con la que representa al protagonista, que aunque está al borde del naufragio –como refleja el título- es tan descarnado su desánimo que no da lugar a una pizca de esperanza, ni aunque ésta sea falsa.

Hay también una hecho que no me acaba de cuadrar, y es el nivel de lecturas del protagonista que le hacen recordar continuamente citas o escritores que ha leído, y que no me acaba de encajar con la imagen de paleto mediocre con la que me imagino al protagonista; siento como si el propio Alberto Olmos no pudiera aguantarse oculto detrás de su protagonista, y de vez en cuando, como el lobo del cuento de los cabritillos, tuviera la necesidad de asomar su patita por debajo de la puerta.

Como ya he dicho, lo mejor de Alberto Olmos es que su prosa en algunos momentos es muy buena, aunque quizás no tanto como en algunas de las críticas en que lo reconozco como lector-malherido, pero aún así hay fragmentos de sus páginas que me parecen dotados de gran belleza:

Todos son puñales, puñales afilados, afiladísimos. Son puñales los recuerdos y son puñales los sueños; y los despertares, el café, estos momentos, son también puñales. ¿A qué se debe este andar sin dejar rastro? Caminas siempre hacia adelante, caminas en la misma dirección veintidós años y, cuando quieres contemplar la distancia recorrida, cuando quieres identificarte con el camino, descubres que el tal camino no existe, que estás, en el punto cero, en el núcleo de la rosa de los vientos, y que tomes el camino que tomes, no te mueves del sitio. Es un desierto, un mar, un cielo, una hoja en blanco; y tú eres el peregrino parado, Caronte sin remo, ave áptera, estilográfica sin tinta. Eres el cero, más aún, eres esa parte del cero que carece de marca, de trazado; eres el interior de un cero, una cosa hecha en negativo, por límites, contraposiciones, reflejos y sombras. Pero ¿de qué estás hablando? Es más, ¿por qué te dices esto a ti mismo cuando es a los demás a los que tienes que decírselo? ¿Para cuándo estás reservando en tu cabeza, sufrido odre, este acíbar/negrura/ponzoña que destila tu soledad? Abre la boca y deja que salga el ave oscura de tu miedo, no importa que asole la mente de alguien, no importa que te tomen por loco y te encierren, lo único que importa es no estar solo ante ella, no tener el enemigo dentro.

Hay una película coreana que se titula Naúfragos en la luna, y que la vi el año pasado y que me dejó fascinado por su buen hacer (si todo el cine coreano tuviera esa calidad creo que hace tiempo ya habría dejado de lado la industria hollywoodense). En esta película también se habla de la soledad y de los hikikomori, y supongo que me gustó porque aparte de estar bien hecha, como decía antes, si que se da una oportunidad a la esperanza.

Naufragos en la luna
Náufragos en la luna (Castaway On The Moon) de Lee Hae-jun

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5 Comments:

Blogger Juan Poz said...

Buenos días, Vigo, he entrado en tu página a través del buscador de Google, donde había puesto, como tú hiciste hace tiempo, Noel Clarasó. Allí asociaste su nombre al olvido, y en parte no te falta razón, aunque para una generación de lectores talluditos, como yo, aún sigue siendo un nombre "familiar". En cualquier caso, yo siempre lo tenía asociado a autores con un humor hijo de La Codorniz y del teatro de Mihura y Jardiel Poncela, aunque en un escalón más bajo. Nunca leí nada de él hasta que el azar, dios par excellence de las sendas lectoras, me puso en las manos "El asesino de la luna". Pronto, de aquí a dos semanas, probablemente, publicaré un moderado (en extensión) estudio sobre la novela, que me ha parecido excelente y digna de una reedición con todos los honores de modernidad deconstructora que merece. La encontré en el mercado de Sant Antoni, por 1'50€, pero en las librerias de viejo on-line la he visto hasta por 30€. Te añado a mis favoritos para pasearme por aquí de vez en cuando.

10:41 a. m.  
Blogger Vigo said...

Al final Juan, quizás hagamos de Clarasó que sus libros se coticen más... ja,ja aunque no lo creo. La última vez que yo estuve por el mercado de Sant Antoni, me llevé su libro Miedo, aunque no he tenido todavía el gusto de leerlos. Aunque leyendo muchos de sus articulos y algún cuento que encontré en una antología, tengo el convencimiento que es un autor que escribía con un fino sentido del humor, que congenia bastante con el mío (y eso como decía hace poco en otro post sobre libros que me hacían reír no es algo que me ocurra constantemente).
Cuando hagas ese escrito Juan si te acuerdas me das un aviso, que me gustaría leerlo.
A todo esto, supongo que cualquier domingo nos cruzamos por el mercat de Sant Antoni.
Un saludo.
V.

9:56 p. m.  
Blogger Vigo said...

Bueno, he echado un vistazo a tu blog, y creo que cualquier día voy a perder unas horas por tu blog.
A mí es fácil llamar mi atención cuando me hablan de literatura, y creo que en tu blog de "eso" hay un rato.

10:02 p. m.  
Blogger Juan Poz said...

Serás bienvenido. Aún recuerdo cuando a Vila-Matas, con ocasión de los JJOO le preguntaron qué era la literatura y él dijo, parafraseando a Flaubert: "La literatura soy yo". Bueno, pues eso, pero desde el humus, no desde el citius, altius, fortius, desde el que habla, habitualmente, D.Enrique...

5:42 p. m.  
Blogger Juan Poz said...

Bien, Vigo, al final he andado más presto de lo que deseaba. Ahí tienes, en mi Diario, el texto sobre Clarasó. Se me ha ido la mano, pero espero que a los amantes de la literatura no les importe.
Salud.

5:38 p. m.  

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