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Pequeños retales de literatura

martes, julio 12, 2011

Constatación brutal del presente -Javier Avilés-

Constatacion Brutal Presente

¿La brutalidad debe narrarse de forma brutal? ¿Cuáles son los mejores recursos para narrar un apocalipsis? Javier Avilés desde luego lo intenta, y en eso hay que darle el mérito de la valentía: por intentar caminar por un filo por el que nadie ha caminado antes; por jugársela fabricando una nueva narrativa, que es tan original como trabada. Después de leer su libro: Constatación brutal del presente (el mérito del título hay que dárselo a Enrique Vila-Matas), me vino el símil del urinario de Duchamp, como si Javier Avilés me hubiera plantado otra pieza de porcelana blanca enfrente de mí, en medio de la escuela literaria tradicional, y me dijera: “Esto también es narrativa” (Y si no lo es… tampoco importaría demasiado, porque en esta obra el lector ideal, ha pasado a un segundo plano, por no decir algo más funesto).

¿Se puede leer un libro como se contempla un cuadro expresionista? Deformando la narrativa hasta límites ininteligibles o ilegibles. Esa es parte de la intención de Javier Avilés; que nuestro ojo perciba un absoluto caos, que nuestro entendimiento sienta que la línea temporal de la novela ya no es tal, y que en realidad –si esta existe- sólo somos capaces de observar una sucesión de escenas que nos será difícil conectar, dándole quizás esta tarea a la parte más irracional de nuestro cerebro, mientras que con la parte más racional hallaremos una cierta belleza en la brutalidad, a la vez que Javier –por deformación profesional- se embarcará en una serie de juegos metaliterarios.

Como soy de ciencias, siempre he manejado un concepto al que denomino la “torsión del texto”. Un texto puede alejarse tanto del lector individual como del lector ideal quedando su punto de equilibrio del triángulo, mucho más cerca del vértice de la mano del autor; cuando este dota al texto de belleza. Pero si se torsiona demasiado el texto se quiebra. En este libro considero que la narrativa se ha torsionado demasiado en muchas de sus páginas, y la belleza es la que nos ofrece tanto la brutalidad como las referencias metaliterarias que captemos (ya digo que es un libro para iniciados y para valientes). Sin embargo tengo que decir a mi pesar, por el aprecio y la admiración que le tengo a Javier Avilés y su Lamento de Portnoy que a veces las páginas se me hacían cuesta arriba; demasiado incómodas para leer, llegando algunas a ser insufribles. ¿Qué sentido tiene no disfrutar cuando se lee? Quizás es por mi formación racionalista, pero no me gusta acabar un libro y no haber entendido ni la mitad. Aunque sé que Javier era totalmente consciente del efecto que iba a producir en el lector medio, y en cierta manera todo el libro parte de esta imposibilidad sobre la literatura (Blanchot seguramente es teórico que más ha reflexionado sobre esto).

Imagino que parte del atractivo es este juego posterior que la narración de Javier Avilés propone, y en el que ahora me embarco. Si con estas líneas podría interpretar que ya he hecho la reseña correspondiente que quería hacer (el libro de Avilés sin duda es de los más complicados que me he encontrado a la hora de reseñar), lo que me apetece es intentar ser igual de valiente que Javier y extenderme aún más en mis palabras. Me quiero aventurar a hacer un resumen de lo que entendí. Por si alguien llega aquí y le sirven mis interpretaciones, o por todo lo contrario, si alguien lee esto y le apetece corregirme, o confesarme las claves de lo que yo no entendí. Parto de la base que quizás yo le esté buscando tres pies al gato, y la línea que yo busco y con la que pretendo hilarlo todo, en realidad no exista, y todo se resuelva como un montón de imágenes inconexas. Incluso creo que Javier lo dice alguna vez en el libro: “nuestro cerebro nos miente porque busca continuamente pautas”. Es como ese relato de Borges donde se narra la imposibilidad de los cartógrafos de crear un mapa 1:1 (Del rigor en la ciencia). Nuestro cerebro nunca puede abarcar la realidad completa y lo que hace es reconstruirla con la mentira, para que podamos tener una visión lógica del mundo.

La primera parte del libro va sobre el documental Sigma Fake (Sigma en el ámbito científico suele expresar un sumatorio, por lo que quizás deberíamos interpretar el título como una suma de falsedades). La narración nos dice que Sigma Fake supuestamente es un documental que rodó Allen Smithy en el que se desmontaba la creencia popular de que un personaje realizó acrobacias entre dos altos edificios. Pero no sólo se afirmaba en el documental que el acto no tuvo lugar, sino que Smithy al final terminaba afirmando que los edificios donde tuvo lugar tampoco existieron. Y de esta manera habría que cuestionar los atentados que llevaron a la guerra y que provocaron los efectos de la bomba (sabemos por ello que ha habido un apocalipsis pero aún no sabemos bien quién narra y por qué).

En realidad Sigma Fake es un juego metaliterario por el que Javier Avilés hace múltiples referencias a otros documentales o hechos. El primero sería el de Fraude de Orson Welles (F de Fake) en el que se intentaba que un estafador pintaba un cuadro con el estilo de Picasso y éste al final lo acababa autentificando como suyo. En realidad todo era una farsa de principio a fin.

El nombre de Allen Smithy es una referencia al seudónimo cinematográfico de Alan Smithee, el cual es una especie de broma americana, y se pone dicho nombre cuando por alguna razón el autor no quiere aparecer en los créditos de la película (Alen Smithee es un anagrama de “The alias men”).

Las referencias al acróbata entre los edificios hace referencia sin duda a Philippe Petit, funambulista que el 7 de agosto de 1974, él y sus ayudantes en un plan largamente estudiado se colaron en las torres del World Trade Center y de madrugada colgaron un cable de acero entre ambas torres, que Petit cruzó con la única compañía de una barra de equilibrio. Nueva York amaneció con la extraordinaria imagen de un funambulista intentando pasar de una de las Torres Gemelas a la otra (Todo el espectacular plan se narra en el exitoso documental Man On Wire). Smithy plantea que todo esto en realidad no tuvo lugar, que las personas que aparecen en este documental son en realidad actores. Pero no solo eso, sino que el edificio en realidad no existió, y los atentados que llevaron a la guerra y a la bomba entonces tampoco pudieron en realidad ocurrir.

Man on Wire

Estas últimas dudas acerca de la existencia del edificio, sin duda hace referencia al atentado de las torres gemelas del 11 S, que viéndolo desde nuestros televisores tenía algo de irreal. ¿Cómo si no puede ser un suceso tan espectacular? Millones de personas pegados al televisor como si estuviesen viendo la película más dramática jamás rodada. Javier incluso habla en una ocasión de un acto artístico-terrorista. Cuando hubo los atentados del 11 S muchos trajeron a colación las teorías conspirativas, donde el propio estado norteamericano habría cometido los atentados sobre sí mismo para poder luego entrar en la guerra contra sus objetivos militares. Javier pesca en ese caldo.

Atentado 11 S

¿Y si imaginamos que las torres gemelas nunca existieron? Esta pregunta hace referencia al mockumentary (falso documental) francés Operación Luna (2002), en la que de forma muy creíble, mediante entrevistas a diversos personajes -algunos importantes en la carrera espacial- se recoge el mito de que el hombre nunca llegó a la Luna, sino que en realidad todo fue un montaje de Stanley Kubrick que rodó en un plató, por encargo del presidente Nixon.

La presencia de Kubrick en el libro es continua, hay otras referencias tanto al monolito de 2001 Odisea del espacio, como a La chaqueta metálica, o también al coronel Kurt en Apocalispsis Now. La otra gran influencia de Javier que está sin estar, es sin duda David Lynch (para quizá entender el propósito de este libro uno debería visionar y disfrutar antes de películas como Mulholland Drive).

Bueno y como esto se está alargando demasiado creo que mejor paro por hoy, y continúo otro día con otro post, aunque lo que me queda por decir confieso que es mucho más nebuloso, y difícil de escribir.

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3 Comments:

Anonymous Palimp said...

Ya te comenté que a mí me maravilló. Y lo disfruté mucho :)

4:30 p. m.  
Blogger Portnoy said...

Puede que no sea muy elegante entrar en la librería... pero quería agradecerte el post y lo que me haces reflexionar sobre el efecto de CBDP.
Un abrazo
Javier

7:08 p. m.  
Blogger Vigo said...

Juan Pablo, bueno yo lo he disfrutado menos o más, según se mire, porque lo leí hace un mes y lo he vuelto a releer ahora. :D

Javier, no sé si será elegante o no, pero a mi me llena de orgullo que te pases por aquí y dejes esta nota. No sé si alguna vez ya te lo habré dicho cuando he sido yo tu visitante, pero siempre he considerado tu blog como una referencia en lo que respecta al panorama actual de crítica literaria.

Respecto a tu libro, bueno yo es que soy de los que si me hacen pensar mucho, al final me acabo embobando. Pero bueno, si lo comento, es porque conceptualmente si que tenía ganas de ponerlo en la palestra.

Y sobretodo gracias a tí por el esfuerzo de escribir un libro, que siempre será mucho mayor que el que pueda ser el mío en hacer este post. Y también por aceptar con generosidad todas las opiniones.

Y ya sabes... no me hagas demasiado caso en mis interpretaciones, que "seguramente" tú sabes mucho más las entrañas de tu libro de lo que pueda yo desentrañar ja,ja

Un abrazo.
V

4:13 a. m.  

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