La Librería

Pequeños retales de literatura

miércoles, enero 23, 2008

Lo llaman el hombre Google

Los días tendrían que tener como mínimo 48 horas, al menos los míos, porque si todos igualáramos a esa cifra provocaríamos un desperdicio de esfuerzos (pura filosofía carnotista). Ya lo dijo el defenestrado Gallardón hace un par de días recordando el cuento de Carroll, cuando el conejo le decía a Alicia aquello de que hay que correr el doble que los demás, porque si corres lo mismo, acabas estando en el mismo sitio. Así que aunque rozo la saturación, sólo me queda seguir unos cuantos días para alcanzarla completamente (sic.). Lo bueno y lo malo a la vez es que creo que podré hacerlo. Y al menos espero que después de tal esfuerzo, poder pasar unos días más tranquilo. Pienso que podría ser peor… miren sino este link que va a la página de Brad Williams uno de esos casos de hipertimesia que a mí siempre me han fascinado (también se puede ver un video en you tube al respecto con el nombre de Unforgettable). La hipertimesia es un exceso de memoria, hasta el punto que uno es capaz de recordar prácticamente todo lo que le va sucediendo en vida. Claro, que podría ser lupus y ser mucho peor :-). Borges narró un caso de hipertimesia –también conocida por hipermemoria- y seguramente lo hizo sin tener ningún conocimiento médico sobre el asunto, pero el resultado fue muy descriptivo, y en cierta manera forma parte de su compendio de escritos supuestamente populares. Me estoy refiriendo por supuesto a Funes el memorioso.
Borges pese a su buena memoria siempre fue partidario de los olvidos, ya que estos producen siempre una cierta liberación, y además sirven para evitar las solemnidades (esto último es cosecha mía... yo ya me entiendo).
Tal vez ahora sería cuestión de poner un fragmento de la vida de Ireneo Funes, pero mi saturación actual creo que va más acorde con al texto siguiente: Diálogo sobre un diálogo, al fin y al cabo tanta saturación me produce un estado de mezcla de sentimientos de desesperación acompañado de ciertas risas histriónicas. La imagen es impactante y es un fotograma de una más que reconocida película. Supongo que casi todos la habéis adivinado al instante, pero por si acaso una pista: aquí son blancos los que manejan a negros y amarillos.

Diálogo sobre un diálogo
Jorge Luis Borges


A. Distraidos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernandez repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que pueda sucederle a un hombre. Yo jugaba con una navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja... Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.
Z (burlon).- Pero sospecho que al final no se resolvieron.
A (ya en plena mística).- Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.

Robert de Niro

Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.

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2 Comments:

Blogger Ulschmidt said...

Es verdad. Esa cosa de que la gacela se hace un poco mas rápida, y luego el león, y luego la gacela de nuevo y así sucesivamente hasta que Coca Cola y Pepsi deciden establecer un oligopolio sobre el mercado...

2:56 a. m.  
Anonymous siria said...

Me gusta casi tanto el conejo de alicia como taxi driver! saludos

8:36 p. m.  

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