La Librería

Pequeños retales de literatura

viernes, julio 15, 2011

Pequeño inciso sobre la teoría del iceberg de Hemingway

Creo recordar que hay una escena en La venganza de los Sith en la que hay una persecución entre Darth Maul (el tipo con la cabeza tatuada de rojo) y otro personaje, de repente uno de ellos tiene que atravesar una especie de portal que tiene algo parecido a un campo de fuerza que impide el paso. El personaje –que no recuerdo el nombre- para pasar al otro lado guarda su sable láser y se pone en actitud de concentración; la barrera entonces se abre. A George Lucas le preguntaron sobre este tipo de “puertas” en una entrevista, y el respondió que en realidad la escena surgió de una idea impulsiva, y que él mismo no había meditado demasiado sobre este tipo de accesos, pero con el tiempo serían los propios fans de la serie los que le darían una explicación a su funcionamiento (ojalá alguien pudiera confirmar mi recuerdo).

Hay directores de cine como Michael Haneke que deliberadamente explotan este tipo de recursos en sus películas, y deja en casi todas sus películas un montón de aristas sueltas y finales abiertos, para que sean los propios espectadores los que a las salida del cine se embarquen en una discusión sobre la intención del autor, y lo que ha interpretado cada uno. Al principio las películas de Haneke me resultaban curiosas, pero al final me he acabado aburriendo un poco de esa voluntad de dejar casi toda la interpretación en manos del espectador.

En la literatura es famosa la teoría de Hemingway sobre la omisión (Teoría del iceberg), -también enunciada de otras maneras por muchos otros- en la que dice que una narración vale tanto por lo que se dice que por lo que no se dice. Como un iceberg en el que lo que se ve es lo escrito, pero que por debajo del nivel de flotación, hay una gigantesca masa de agua congelada oculta a la vista, que se encarga de aportar la solidez al mismo iceberg. Y estoy de acuerdo en que la novela en cierta manera surge de la ausencia y del silencio tanto como de lo escrito (lean Rayuela de Cortázar e intenten descubrir en que momento fallece el bebe Rocamadour)

Iceberg

El sutil silencio, es un recurso como cualquier otro, que se puede explotar mayor o menormente. Y a veces la sensación de avanzar en una lectura acompañado más que empujado es una sensación agradable, porque si nuestra intuición entra en juego nosotros mismos entramos en el juego de la construcción literaria. Por eso, no soy un lector que desee que se me de todo mascado, pero igual que digo esto, también me saturan tanto las películas en donde casi todo queda sin definir, como los libros en los que hay un exceso de vacíos, que no acabo de cuadrar. Me puedo imaginar la decepción en un libro de Agatha Christie en el que al final no se dijese quién es el culpable del asesinato correspondiente.

Recuerdo por ejemplo la película Cube, que me pareció magnífica. Supongo que la mayoría de los que lean esto sabrán el argumento, pero resumo: unas cuantas personas aparecen encerradas en un cubo lleno de trampas sin saber el por qué o el cómo han llegado allí. Al final las explicaciones son bastante vagas, y deja el camino libre para múltiples especulaciones. Recuerdo que cuando la comenté con algunos de mis amigos habían dos bandos, los que habían disfrutado con toda la película lo suficiente para que no les importase en absoluto el por qué de aquella situación inicial inexplicable, y luego estaban los que querían que todo al final quedase bien explicado, y que por ello no suelen soportar nunca los finales abiertos (los últimos minutos de una película suele ser la parte que queda más grabada en la retina del espectador, por lo que un mal final puede arruinar una buena película). Como en la vida todo suelen ser grises, no me declaro partidario ni de un bando ni del otro, pero de igual manera, como reza el proverbio: “todo exceso es malo”, y me aburre cuando uno ha de ir con un libro de instrucciones para entender tal o cual libro o película.

Por poner otro ejemplo cinéfilo, si han visto Primer de Shane Carruth, verán que la primera media hora es magnífica, y que luego todo se va complicando, hasta que llega un punto en que uno ya no se entiende nada, y cuando sale del cine, a uno se le queda cara de tonto, y se pregunta, ¿cómo narices se interpreta lo que he visto? Pues por si alguien se anima, aquí tiene un hermoso esquema que tal vez se lo aclare todo (sic).

Esquema Primer

Ya se sabe que cuando a uno viaja en el tiempo y comienza a cambiar el pasado, se comienza a montar un pitote de cuidado en las líneas temporales, y sólo igual te salvas, si te llamas Marty McFly (pero mejor no toquetees demasiado). Si alguna vez visionan Primer y no la entienden, no se preocupen, su perfil responde al de la media.

Y no es que haya que entenderlo todo, porque muchas veces considero que lo importante es las sensaciones que la película o libro nos produce más que la explicación que nos haría comprenderlo todo (supongo que el argumento funcionaría en cierta manera como el McGuffin Hitchconiano, que permite avanzar la trama, sin llegar a ser relevante). Pero volviendo a lo de antes: Todo en su justa medida.

Es por eso que tengo una sensación extraña después de leer el libro de Javier Avilés, por un lado valoro su ejercicio literario, porque sé que detrás de todo el estilo novedoso hay una propuesta rompedora, dispuesta a emocionar más que a dar un argumento claro. Y el mismo en alguna ocasión escribe “No hay nada que entender” y sencillamente invita al lector a seguir leyendo.

Pero me pasa como con su narrador, que de vez en cuando yo también me rebelo y grito: “No, no es eso”.

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6 Comments:

Anonymous Palimp said...

Sobre el explicar o no explicar hay mucho que comentar.

Hay novelas ( o películas, o series) que necesitan una explicación. Como bien dices, una novela de Agatha Christie sin saber quien es el asesino es una estafa.

Pero en otros casos lo importante no es la solución, sino el ambiente, así que las explicaciones sobran. Pienso por ejemplo en 'Los pájaros' donde nunca se explica porque los pájaros se vuelven asesinos y no importa.

Para mí el problema está en si se usa bien el recurso de la omisión, o si es por vagancia del autor o porque no sabe por donde salir. Para mí un ejemplo de esta última es 'Lost'.

En el caso de 'Primer' no se dejan cabos sueltos, otra cosa es que el nudo esté enmarañado. En el caso de Javier Avilés hay nudo y omisión, pero bien utilizada como recurso narrativo.

7:37 a. m.  
Anonymous Palimp said...

'por qué los pájaros'

7:38 a. m.  
Blogger Devaneos de un moderno Peter Pan said...

Una verdadera Teoría del Iceberg está en "Los adioses" de Juan Carlos Onetti. ¿La leyeron? ¿Qué les pareció?

9:45 a. m.  
Blogger Vigo said...

De Lost sabes tú bastante más que yo, que me cansé pronto de la serie, pero me da la impresión que el lío que montaron para llenar los capítulos, sumado a la presión de tener que hacer un gran final, hicieron que no se cumplieran las expectativas que se habían creado, y al final, según parece el último capítulo no convenció a casi nadie.

Respecto a lo del ambiente, es lo que más o menos decía, que a veces no importa tanto los motivos que desencadenan la película sino las emociones que nos provoca. Pero para mí siempre la literatura funciona como los ecualizadores de una cadena musical, si bajas seguramente de un lado, tendrás que subir de otro para que el producto final sea aceptado por el público (ya sea el gran público o uno mucho más específico). Recuerdo por ejemplo haber visto la película china Ashes of Time que visualmente es bastante espectacular, pero argumentalmente es un auténtico desastre de montaje, donde dudo que haya alguien que sepa interpretarla correctamente. Y en esos casos que considero que se exceden gratuitamente en complicar la película, al final me acaba molestando, porque tengo la impresión han echado a perder lo que podía ser un buen trabajo.

En Primer por ejemplo, sí que queda todo explicado, pero uno quizás debe verla más de cinco veces para entenderla correctamente (ahí está el esquema, que si lo amplías verás que es una auténtica locura). Me niego –si tengo algún derecho como espectador- a que una película deba verse más de dos, o si me apuras tres veces, para entenderla, y lo mismo para un libro. Puedo ver una película y terminarla y que me guste aunque queden cabos sueltos –explicados o no-, pero creo que si me dejan demasiados cabos sueltos en el primer visionado, a mí al menos, me provoca cansancio y aburrimiento (en el fondo ya sé que es cuestión de gustos, pero el director creo que a veces debería de pensar un poco más en el espectador medio). A veces creo que es el resultado de la inconsciencia del director o el escritor (suele pasar en las primeras obras donde uno quiero expresar muchas cosas que lleva dentro), pero a veces creo que es un exceso de vanidad personal, y cuando se comete el mismo error continuamente sospecho que la crítica a veces se muestra demasiado benevolente.

PD. Porque sí... los pájaros digo (ja,ja) ;P

8:04 p. m.  
Blogger Vigo said...

No he leído Los adioses (Palimp seguramente sí, porque lo lee todo ;D) pero conozco la obra de Onetti, y he leído unos cuantos artículos sobre ese libro y la manera de contar que tiene Onetti en alguno de sus libros. Los silencios sutiles son habituales en la manera de narrar de este escritor. Y sí, este libro viene perfecto para lo que estaba explicando. Si no me equivoco, Onetti fabrica la figura de un narrador testigo que está equivocado en lo que ve, y que poco a poco quizás va conociendo la verdad y lo que había malinterpretado. Recuerdo leer una entrevista suya que cuando estaba en el proceso de escritura precisamente de Los adioses –tendría que buscarlo y no me apetece je,je-, Onetti se sentía muy ilusionado porque se sentía que estaba haciendo algo original, escribiendo con la figura del “testigo narrador equivocado”.
Muchas gracias por tu comentario y tu visita “moderno Peter”

8:04 p. m.  
Anonymous Palimp said...

Bueno, yo Primer la entendi a la primera...:)

Sobre los adioses, claro>

http://lepisma.liblit.com/2006/02/24/juan-carlos-onetti-los-adioses/

11:47 p. m.  

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