La Librería

Pequeños retales de literatura

sábado, noviembre 12, 2011

El dolor por un hijo que fallece

Sergio del Molino es uno de esos escritores de amplia cultura cuyo pensamientos y artículos periodísticos uno se encuentra una y otra vez si se bloguea con cierta asiduidad. En una de mis discontinuas visitas acabo de descubrir que su bebé murió de leucemia hace unos meses. Lo he sabido desde el blog del mismo Sergio, donde él ha colgado un bello artículo escrito por su compañera Cristina Delgado, en el que recuerda a su hijo Pablo, que por estos días hubiera cumplido dos años.

No tengo hijos, y dudo de si alguna vez los tendré, así que igual que no acabo de entender el sentimiento de felicidad que parece que recorre los rostros de unos recién estrenados padres, también me es difícil imaginar el dolor que debe suceder cuando ese hijo que quieres criar y en el que has depositado unos sueños de futuro, te es arrebatado por una mala jugada del destino. Hay un dicho que dice que una de las cosas más duras de esta vida es que los padres sucedan a los hijos, y debe ser cierto cuando hay madres que tras la muerte de un hijo, visten el resto de sus días con el color negro del luto. Me imagino que uno en esos momentos de sufrimiento debe clamar al cielo, y preguntarse aquello de: ¿Por qué mi hijo? No creo que haya respuestas adecuadas. Ni siquiera creo que la religión sepa dar un adecuado consuelo. Pero si que puedo decir que hechos semejantes son ley de vida y todos conocemos a alguien en nuestros círculos de familiares o amistades más cercanas, que han pasado por el mismo hecho traumático. Me imagino que lo mejor que uno puede hacer en estos casos es llorar hasta que no te queden lágrimas, y apoyarse mucho en la pareja. También debe ser bueno compartir el dolor con los amigos, y si uno encuentra otros padres que hayan pasado por algo parecido seguramente hablar con ellos les servirá para reconfortar su pena. No hay demasiados consuelos, salvo el que da el paso del tiempo, que suele acabar limando las heridas; llega un día en el que uno ya no ve a su hijo muerto como una vida que le arrebataron, sino como una pequeña vida que llegó al mundo para dar alegría y que durante el tiempo que estuvo entre los que le quisieron fue una especie de regalo.

Este blog últimamente habla más de ecos de sociedad que de otras cosas: habla de bodas, relaciones, muertes y obituarios, pero es que la actualidad es uno de los habituales resortes que me empuja a escribir, así que no se me enfaden los que visitan mi blog esperando notificaciones de mis últimas lecturas (que la mayoría van pasando sin pena ni gloria por mis manos). Tengo una máxima con el blog -que me da el hecho de estar ya unos cuantos años blogueando- y es que para no cansarme de escribir en él, debo dejarme llevar como las olas.

Volviendo a los hijos muertos. He dejado el siguiente poema en el blog de Sergio del Molino, escrito por Carmen Conde (esposa del también poeta Antonio Oliver) después del nacimiento de su única hija, la cual nació muerta.


Pero, mi niño es tan débil...
Carmen Conde


Le dije a la luz: no quiero
que la noche me persiga.
Y la luz me contestó:
lo imposible, no lo pidas.
Quiero que todos me vean
porque estoy desconsolada;
el amor que era mi vida,
la noche siempre lo apaga.
Ya no vendrá por la noche,
sólo brillará en el día.
Es un amor tan pequeño
que necesita alegría.
Yo puedo quererle siempre,
si hace sol o no lo hace.
Pero, es un amor tan débil
que necesita alumbrarse.


Este es el artículo que ha dejado escrito Cristina Delgado para recordar a su fallecido hijo Pablo, que hubiera cumplido dos años por estas fechas.

El día de Pablo
Termino este post con parte de otro poema que la primera vez que lo leí se me encogió el alma. Lo escribió Gabriela Mistral a la muerte de su sobrino Yin Yin (al que ella cuidaba como si fuera su propio hijo).

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido,
Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvoreda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.
Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!


Gabriela Mistral en Los sonetos de la muerte.

Etiquetas:

8 Comments:

Anonymous Palimp said...

Ni puedo ni quiero imaginármelo.

8:10 a. m.  
Blogger Sílvia said...

Rosalia de Castro:
Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!.

Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Mas… es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.

10:59 p. m.  
Blogger Vigo said...

J. P. Desde luego es mucha mejor alternativa imaginarte la cara de felicidad que pondrán tus hijos cuando por ejemplo les compras un regalo que sabes que les va a gustar, o la cara que ponen cuando estan arropados en las camas y te chantajean para que les leas un cuento.

Supongo que está bien que a uno en esta vida no le salga todo bien, más que nada para así poder comparar cuando las cosas sí que le salen bien. Pero este tipo de desgracias personales no deberían de estar permitidas dentro de las leyes de la naturaleza (no te digo leyes divinas que ya sé que de eso no gustas...)

Hola Sílvia, desconocía ese poema de Rosalía de Castro, que también según veo en su biografía tuvo la desgracia de perder un niño.

Cuando he leído el verso que dice "mi niño, tierna rosa" me ha venido a la cabeza el libro de Francisco Umbral: Mortal y rosa. Yo no lo he leído, pero dicen que es el Umbral más sentimental y la gente cuando lo lee se suele emocionar. Lo escribió también a la muerte de su hijo (creo que fue su único hijo y sintió tanto dolor que ya no quiso volver a tener otro).

Gracias por pasarte ¡Lo ves que no era tan difícil comentar!

PD. Me hizo mucha gracia el texto que enviaste sobre el juez del Olmo. Hasta se lo envié a mis amigos :D

6:06 a. m.  
Anonymous maribel sanchez said...

yo perdi a mi hijo en una muerte tragica un dia vinieron a mi casa unos viejos y se lo llevaron a punta de pistola y lo unico que volvi a ver de mi hijo amado fueron sus cenizas y hasta hoy es dia de que mi corazon no deja de sufrir y mi alma no tiene consuelo es un dolor insoportable e insuperable y que nada ni nadie lo va a poder curar

2:40 p. m.  
Blogger Vigo said...

Lamento tu perdida, y te agradezco tus palabras.
Para mí que no soy padre quizás me es más dificil valorar ese dolor que me imagino intenso y que nunca se olvida.
Aún así creo que el tiempo si no lo cura al menos atenúa el dolor. Creo que siempre es mejor a los seres queridos desaparecidos con una sonrisa más que con un gesto de tristeza.
Y en tu caso parte del consuelo me imagino que también es la justicia. No sé que decir salvo acompañarte una pizca en tu dolor. Te aconsejaría por eso que hablaras con otras madres que les haya pasado un hecho traumático parecido, porque el dolor se sobrelleva mejor si se comparte.
Y cuídate mucho.

3:37 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

El perder un hijo es morir en vida, es posible sobrellevar la pérdida a lo largo de nuestra vida y sólo nos queda el recuerdo....

9:12 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Este es el sentimiento mas doloroso que un ser humano puede sentir perdí a mi hijo y me duele el alma siento que no podre seguir pero mi otro hijo me necesita y es lo que me da fortaleza C.M Diego hijo te amo

5:10 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Perder un hijo

...perder un hijo es morir y tener la obligación de vivir,
es mirar sin ver, hablar con desdén, escuchar pero no oír, es sonreír vacía por dentro...es un dolor tan grande, tan lacerante, que a veces duele todo el cuerpo, duele los sueños y las ganas, duelen las lágrimas caídas y el llanto ahogado.

...es decir que uno está bien, sin siquiera pensarlo; porque a pesar de esa pérdida uno debe seguir saludando, siendo políticamente correcto, hay que limpiar, trabajar, cambiar las sábanas de las camas, MENOS LAS DE ESE HIJO QUE YA NO ESTÁ...la muerte de un hijo, te mata lentamente, es el castigo menos pensado y la sorpresa más dura del mundo.

...todo lo cotidiano es más difícil de hacer, la rutina pesa toneladas y la muerte te mira de frente sabiendo que ya no le temés...

Esto es algo de lo que se siente cuando un hijo cruza el puente antes que uno...

Te sigo extrañado como el primer día

5:40 a. m.  

Publicar un comentario

<< Home

 
 

Licencia C 2004-2005 by Daniel Vigo

Email