La Librería

Pequeños retales de literatura

lunes, julio 16, 2012

El talento de Alberto Olmos

(2º Parte)

Divaguemos ahora sobre algunas de las ideas que Alberto Olmos suelta sobre el talento. Lo primero que me parece interesante mencionar es el paralelismo de este libro con El malogrado de Thomas Bernhard, ahí son unos jóvenes pianistas que al cruzar sus vidas con las de un joven Glenn Gould, rápidamente se dan cuenta de la genialidad de éste, lo que hace ellos interrumpan sus carreras al descubrirse que nunca podrán llegar a poseer la genialidad que ya tiene el joven pianista Glenn Gould (el pianista se hizo famoso en la vida real por sus interpretaciones de las Variaciones Goldberg de Bach). Algo parecido le sucedió a Salieri cuando conoció a Mozart que bien refleja la película de Milos Forman. Nota: Y algo así, creo que me sucedió a mí también al descubrir la obra de Julio Cortázar. Digamos que a partir de leerle se me quitaron todas las ganas de escribir algo creativo mínimamente extenso (ahora me contento con escribir estos post sin demasiadas pretensiones literarias ;)). En este caso no se trata de una presión o unas expectativas de los demás sobre uno mismo, sino que la peor exigencia es la de uno mismo. Lo que viene a significar que los perfeccionistas pueden sucumbir frente a su propia autoexigencia.

Y ahora, algunas de las ideas del libro de las que hablaba:

- Para Mario Sut al principio el talento funciona por oposición a los demás. Uno es bueno cuando su talento sobrepasa al de sus iguales, por ello el ensayo obsesivo con el violín es la mejor manera de alcanzar el éxito. Su talento sucumbe cuando aparece otro talento de alguien mejor que encima le trata amistosamente, lo que hace que Mario Sut baje la guardia del desprecio, que es la que alimentaba su deseo de ser el mejor, y acaba siendo derrotado en los distintos certámenes musicales.

- Quizás es que todos tengamos alguna clase de talento conocido o desconocido, y la vida es la oportunidad que se nos da para intentar descubrir en que somos realmente buenos.

- Otra posibilidad que plantea el libro es que el talento es en realidad una pose o una actitud; la persona se erige artista, y se emperra en que el resto de personas le vean como tal. El camino del artista entonces no se encuentra tanto en la búsqueda de un arte propio, sino que la verdadera complejidad se encuentra en que los demás te acaben aceptando como artista.

“De esta manera, pensaba, el talento consiste en creer que tienes talento y después hacerle creer a los demás que lo tienes, hasta el punto de que quizá, cuando has conseguido esto último, empiezas a creerte de verdad que lo tienes, porque el hazmerreír de la lógica en este asunto es que nadie es capaz de tasar algo que, necesariamente, tiene que estar por encima de uno mismo, el genio, y que depender del juicio de los demás para saber lo que vales es tan absurdo como depender del propio juicio. Así, todo es un vaivén ilusorio entre lo que eres, lo que pretendes, lo que los demás opinan y lo que nadie sabe. Y más cuando el adjetivo “genial” está tan devaluado que cualquiera se siente en condiciones) de decirle a otra persona que algo que ha hecho (y no necesariamente una obra artística: incluso el nudo de su corbata es genial. Porque ¿quién está capacitado para reconocer el talento? ¿Quién tien ese medidor iridiado en los desvanes de su mente? ¿Nabokov, que afirma que Faulkner es una nulidad? ¿Yo, que sé que soy una nulidad? ¿Carlos, que sabía aquella noche que era un genio? No, pensé con ánimo de enmienda, el genio no es elegirse genial y acertar; el genio es elegirse genial y posar.”

*(Me río con este fragmento, porque mi amiga Elena me ha confesado más de una vez que su palabra preferida es “Genial”, con lo que yo le pincho cada dos por tres, utilizando la palabra en cualquier oportunidad que se me presenta, como ahora: ¡Qué genial que eres, Elena!). Aunque en realidad opino igual que Olmos ;P

- El talento personal se suele agotar, el único talento que perdura es el talento de los demás, por lo que me imagino que la consecuencia es que sale más a cuenta tener una editorial que ser escritor (aunque los comienzos de las editoriales tampoco suele ser muy halagüeños). Diablos! ¡Háganse corredores de bolsa! Bueno, ahora quizás eso tampoco.

- La idea que Mario Sut aunque abandona el violín es alguien bastante feliz en su vida anodina, resulta interesante. En cierta manera Mario Sut se ha liberado de la presión de ser el mejor, y además es como si ya no pudiera fracasar, porque en cierto momento de su vida tocó las mieles del éxito, y son muy pocos los que en realidad pueden decir algo parecido.

- La última parte es cuando Mario Sut se da cuenta que la verdadera lucha esta en uno mismo, fuera de premios o medallas (sic transit gloria mundi). No importa que hayan otros que te superen en talento, porque la verdadera competición es con uno mismo (Ya lo decía Kipling en su famoso verso: “el éxito y el fracaso, esos dos impostores”). Además si uno percibe el valor del esfuerzo más que sus posibles consecuencias, también se vuelve más generoso, y aprende a valorar el esfuerzo de los demás.

- Hay otra idea que me parece interesante que está implícita en la última parte, y es la capacidad que tiene Mario Sut para aguantar el sueño. Muchos genios se les ha asociado a que necesitan dormir pocas horas, e incluso muchos de ellos son insomnes, por lo que aparentemente tienen muchas más horas fructíferas que el resto de los mortales. Sin embargo esta asociación entre la necesidad de dormir poco y la productividad que intuitivamente puede parecer bastante clara, no lo es tanto, y tiene una buena serie de detractores, cuyas tesis vendrían a explicar que para ser más productivos, debemos dormir más de lo que la mayoría de la gente acostumbramos. En realidad sabemos que el cuerpo necesita dormir, pero sabemos muy poco de los procesos que suceden en el cuerpo durante este proceso.

Alberto Olmos
Foto de Wolff Mario

En el fondo para Olmos todas estas teorías son curiosas zarandajas que le sirven como al mago que hace diestros juegos de manos, con los que distrae el foco de nuestra mirada. No importa si son correctas o incorrectas, porque el escritor no es el que habla sobre el acto de la escritura, o se dedica a ir a cócteles literarios para conseguir aumentar sus contactos. El escritor es aquel que sencillamente escribe día tras día, y Olmos eso lo hace, porque pocos escritores con su juventud han publicado tantos libros como los que ya lleva él publicados (primero en Lengua de Trapo y ahora en Mondadori). Creo que Alberto Olmos sin duda tiene talento, y nos lo demuestra en cada una de sus propuestas que lanza al competitivo mercado literario

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2 Comments:

Anonymous The Translator said...

Dicen por allí que la moderna editorial es un negocio puro y duro y que es capaz de pasar olímpicamente de los genios, porque ya casi no existen los lectores sino los consumidores, y, para el consumidor, los genios no son tan geniales, porque si fueran tan geniales escribirían textos que no dieran ningún trabajo leer y, por lo general, lo que hacen estos supuestos genios es justo lo contrario. La genialidad más común es mantenerse vivo (es decir: escribiendo) mientras a tu alrededor van cayendo todos muertos (es decir: hartos de ser ignorados), hasta que no quedas más que tú, y viviendo uno como vive no ya en la vida sino en el mercado de mercados, siempre habrá que imprimir algo, y, al final, pues resulta que te toca.

2:50 p. m.  
Blogger Vigo said...

Todos un poco más o un poco menos somos hijos de nuestro tiempo, y así en cierta manera es difícil analizar la época actual (Teorema de Godel de la incomplitud), quiero decir que un sistema no puede analizarse desde dentro a si mismo; serán las proximas generaciones las que de verdad juzguen si en nuestra época hubo o no hubo genios.

Creo que en cierta manera nos regimos por las reglas del mercado editorial (me gusta pensar que la literatura es principalmente cultura, pero para muchos profesionales de la literatura, esta en realidad es sencillamente un negocio). A veces la editorial funciona como un equilibrio, intentando sacar algunos bestsellers que les proporcionen el dinero para después sacar algunos libros de menor tirada y de mayor calidad. Sea como sea, creo que vivimos en una época donde todo se vive con mucha rapidez, y eso no creo que sea el mejor terreno para que un posible genio se pueda desarrollar.

Y aunque me gusta por ejemplo la obra de Salvador Dalí, me desagrada el que según parece estaba pensando siempre en las ganancias monetarias (Breton lo apodó como Avida Dollars). Me disgustaría imaginar que los genios actuales son genios fruto del marketing de los mercados que de la validez de su obra.

En La conjura de los necios se cuenta aquello “Cuando nace un genio, todos los necios se conjuran contra él”, y supongo que sí que hay algo de eso, que los genios actuales igual son en gran parte unos incomprendidos que en el futuro se verán reconocidos.

Lo que dices al final es el héroe del día a día, me refiero que el ejemplo que tu pones es también valido para el ciudadano común. El genio –o el héroe- es el que se levanta cada día a las cinco de la mañana para dar de comer a una familia numerosa. Y aunque esta afirmación es totalmente cierta, no creo que aún así se pueda hablar de genio en la vertiente en la que nos estamos refiriendo. Quiero decir, que para ser un “auténtico” genio, creo que uno tiene que hacer cosas realmente excepcionales, descartando el mérito de la lucha del día a día (me pareció muy sugerente aquella película de Dustin Hoffman.

Por ejemplo Bolaño es un héroe por su lucha con la literatura (la filosofía del samurai a la que él hacía referencia). Pero tampoco creo que aunque su lucha sea muy honrosa, llegue a la categoría de ser calificado como genio.

Buff… como me enrollo últimamente (la culpa yo creo que la tiene Orion :))

Gracias por comentar.

7:46 a. m.  

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