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Pequeños retales de literatura

lunes, marzo 18, 2013

Elaine y la dama de Shalott (3ª Parte)

Quizás el poema más famoso de Alfred Tennyson sea el de La carga de la brigada ligera, en el que se narra como seiscientos valientes lanceros cargan contra una posición fija de artillería a través de lo él denominó el valle de la muerte (esta heroica batalla ocurrió durante la guerra de Crimea, y realmente pocos fueron los lanceros que vivieron después para contarlo). Pero existe otro poema también bastante famoso que a él le pertenece, y es La dama de Shalott. ¿Y de qué va la dama de Shalott se preguntarán? O lo pregunto yo y me respondo yo, que es más o menos lo mismo. Pues bien, el poema habla de una dama que está encerrada en una torre víctima de un hechizo y sitúa esta historia también dentro del mito artúrico. Si han leído la segunda parte de esta serie de posts me imagino que ya les será fácil tirar del hilo.

La dama de Shalott en realidad no deja de ser una versión que hace Tennyson del mito de Elaine y Lanzarote. Tennyson cuenta que esta bella dama ha sido maldecida a mirar el mundo de Camelot únicamente a través de un espejo. Y ella dedica su tiempo encerrada a tejer las hazañas que acometen los Caballeros de la Mesa Redonda en hermosos tapices mientras sus labios se abren para dejar paso a una canción (encerrada como Danae en la torre donde lloverá oro, o igual de tejedora que Aracne que tejió en un tapiz con la creación, o con la misma sonoridad de la melodía de las sirenas que tentaron a Ulises). Los campesinos de la zona nunca llegan a ver a esta misteriosa dama, y lo único que perciben es el sonido melancólico de su melodía, y llegan a identificar su canción como la pronunciada por una hada.

Un día la dama de Shalott descubre a través del espejo la figura del caballero más noble y más hermoso que jamás ha visto, éste es de nuevo como supondréis: Lanzarote. Y ella al igual que Elaine –que de hecho de ahí arranca esta historia- se enamora irremediablemente de él. Y esa condenada curiosidad femenina cuyo castigo se repite también una y otra vez a lo largo de numerosas leyendas, hace que ella no puede evitar que sus ojos miren directamente a través de la ventana hacia Camelot, sin mediación del espejo. Al momento, la lámina se quiebra en múltiples cristales, e inmediatamente sobre ella cae la maldición del hechizo al que estaba condenada (y sus efectos lamentablemente son bastante peores que los acostumbrados siete años de mala suerte).

Ella sale corriendo de la torre y coge una barca para dirigirse hacia el castillo de Camelot, pero cada segundo que pasa juega en su contra, porque la muerte avanza igual de rápida apoderando de su cuerpo, y cuando acabe su viaje hasta las orillas de Avalon, ella ya yacerá sin vida sobre la barca.

Han sido varios los pintores que se han inspirado en esta leyenda, pero como ya dije en una entrada anterior, hay uno que sobresale sin duda sobre los demás y me estoy refiriendo al el inglés John William Waterhouse.

En realidad son tres cuadros los que este pintor prerrafaelista realizó inspirándose en esta leyenda ("The Lady of Shalott"(1888) "Lady of Shalott. Looking for Lancelot" (1894), y "I am half sick of shadows, said the Lady of Shalott" (1915)).

Dama de Shalott
John Waterhouse -The Lady of Shalott-

De entre las tres, ésta pintura sin duda es la más conocida, y es una obra cargada de romanticismo victoriano que produce un efecto especial al que lo contempla, de alguna manera también enamorando -como si algo del hechizo aún perdurara- a la mayoría de los visitantes de la Tate Gallery de Londres, lugar donde se exhibe actualmente.

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3 Comments:

Blogger C. Martín said...

Por fin, y por google, he recordado el título de la novela de Agatha Christie donde aparece mencionada la intrigante, para mí, dama de Shalott: Espejo roto. Y gracias a ti he sabido de donde venía todo. Solo han tenido que pasar unos añitos..., y no pienso decir cuántos :-p
Gracias Vigoproust!

5:59 p. m.  
Blogger C. Martín said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

5:59 p. m.  
Blogger Vigo said...

No serán tantos años Carmen, si fueran demasiados ya no te quedarían ganas de correr junto a los bomberos. :)

En realidad más que alma de escritor tengo alma de bibliotecario. Y tirar de los hilos que la historia de la literatura va tejiendo una y otra vez para mí es un juego que me encanta (¡mi ordenador por eso es mi gran aliado casi tanto potente como podría ser Google!).

Como hace unos días estaba curioseando sobre un libro de un tal Derek Walkot donde el protagonista se llama Lancelot, ahora y tras tu comentario hecho un vistazo a la referencia Shalott en las entrañas de mi ordenador. Me salen dos libros (Elizabeth Bishop "El caballero de Shalott",
Emil Ludwig "El Espejo de Shalot"). Pero quizás la conexión más especial es emparentar a La Dama de Shalott con la Ofelia de Hamlet, por aquello de que las dos mueren sobre el agua, y al igual que Waterhouse, Ofelia fue bellamente pintada por Millais.
Y el hilo sería en realidad interminable, pero a mí siempre me apetece estirar un poquito más. :)

10:22 p. m.  

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