La visita de Evita Perón a España
Eva Perón llegó de visita a España el 8 de Junio de 1947 con el cargo de primera dama y con el papel de comportarse como la embajadora argentina durante su gira por la vieja Europa. Su avión aterrizó en Barajas donde la esperaba el general Franco acompañado de su mujer y su hija. Una vez la recogieron, el séquito formado por una pequeña caravana de coches recorrió diversas calles de Madrid hasta llegar a la Plaza de España. Durante el trayecto la muchedumbre se agolpaba a cada lado de cada una de las calles que componían el itinerario, y al paso de la comitiva agitaban las banderas de ambos pueblos que previamente les habían sido suministradas. Las crónicas escriben que más de medio millón de españoles salieron a la calle a aclamarla.
(Canción: No llores por mí argentina en versión de Paloma San Basilio)
Dicen que Evita impresionó al general Franco por su carisma y su fortaleza, y sin embargo ella al contrario quedó decepcionada con el pequeño general español, tal vez porque rápidamente percibió que Franco no era el amigo de aquellos descamisados a los que ella amaba. Evita se encontró con una España de posguerra que se recuperaba muy lentamente de las heridas de la Guerra Civil, nada que ver con el intenso proceso de reformas en el que Argentina se había embarcado. Evita era el corazón de ese proceso del peronismo, mientras su marido el coronel Juan Perón era la mente que movía los hilos, y que estaba detrás de la toma de decisiones finales. En su gira por España Evita comenzó uno de sus discursos diciendo: “queridos descamisados de España, tenemos que evitar que haya tantos ricos y tantos pobres, las dos cosas al mismo tiempo. Menos pobres y menos ricos…”, y evidentemente éste no era precisamente el discurso que congeniaba con el pensamiento de Franco, cuyo apoyo venía sobretodo de las clases acomodadas.
El carácter de Evita era tan fuerte que no dejaba indiferente a nadie, incluso entre las gentes de su propio pueblo se granjeó rápidamente un buen número de enemigos. Las clases pudientes de argentina focalizaron su odio hacia ella; un odio que provenía del descontento por unas reformas que les quitaban parte de su tradicional poder, y por las declaraciones que ella misma pronunciaba. Evita nunca mantenía su boca cerrada, y atacaba con vehemencia a los mismos que la criticaban, exacerbando ese odio de los ricos contra ella. Además Evita representaba simbólicamente todo un ataque hacia su status social, al ser una simple actriz de teatro de origen humilde que tras casarse con el coronel Juan Domingo Perón se había convertido en la Primera Dama argentina.
Apenas un par de años después de su visita a España se le detectó un cáncer de útero. La leyenda dice que ella no quiso ser operada ya que no quería perder ni un minuto de su tiempo para dejar de estar al frente de los cambios en los que Argentina se encontraba inmersa. En los muros de los barrios ricos, se pintó con cierto mal gusto: “Viva el cáncer”, mientras Evita se consumía en su cama. Después de meses de auténtico sufrimiento, Evita moría a la edad de 33 años, la misma edad en la que Jesucristo había muerto crucificado, y eso es lo que tiene morir tan joven; que los muertos se convierten en mártires y el recuerdo se vuelve más fuerte. La figura de Evita se sigue venerado hoy en día, y es uno de los símbolos principales del peronismo.
Los estudiosos dudan sobre si alguna vez llegó a decir aquello de “Volveré y seré millones”. Pero no importa demasiado si lo dijo o no lo dijo, porque basta oír uno de sus discursos para quedarse fascinado con la figura de Maria Eva Duarte de Perón.
Y si alguno ha leído desde el principio hasta el final de este post, igual se pregunta por qué me dio hoy por hablar de Evita. Bueno, en realidad se trata todo de una de esas cuadraturas del círculo que intento realizar con cierta asiduidad, y que si al final escribiera todos los post que tengo en mente todo tendría mucho más sentido. Pero al final ocurre, que siempre solo hago la mitad de lo que pasa por mi cabeza o me disperso completamente con otro hilo del cual tirar, y así todo siempre se difumina un poco.
Pero el motivo de este post es otro, lo escrito sólo es una simple excusa para dedicárselo a P., que está luchando contra esa jodida enfermedad que es el cáncer. Confiamos en que todo vaya bien. Es por eso que me ha venido a la cabeza esa pintada contra Evita Perón, y por si no ha quedado claro antes –me dejo muchas cosas siempre en el tintero- me parecía que quién desea algo así a otro ser humano deja entrever la poca calidad humana que tiene y lo profundamente oscura que debe ser su alma. El cáncer y la vida deberían ir siempre por caminos diametralmente opuestos.
Etiquetas: Historia








3 Comments:
P. desde su cama. miraba la luna, siempre tan lejos. P. siempre le comentaba a D. "- te imaginas, D., que la luna un día entrara por esta ventana. Y D. pensó y pensó en ese deseo. Un día D. entró en la habitación de P. cargado con espejos y D. puso un espejo junto a la ventana y en línea a la cabeza de P. luego, otro espejo frente al anterior y a los pies de la cama de P. y al anochecer la luna entro por la ventana se dio de bruces en el primer espejo y rebotó al segundo, quedando allí, magullada, mirando el rostro asombrado de P.
Creo que eso de volveré y seré millones lo dijo Túpac Catari, un indígena boliviano que se rebeló contra los españoles.
Yo no estaba allí para oírlo, pero como murió bastante antes que Evita lo veo más probable.
¿Es tuyo Sílvia? Ando perdido.
LA LUNA
A María Kodama
Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.
J.L. Borges
Ah Bea! pero eso no es concluyente, yo soy de los graciosos que a veces suelto:
como dijo Freud, "es muy tarde. Me voy a dormir." ;)
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