La Librería

Pequeños retales de literatura

miércoles, diciembre 16, 2009

Verde que te quiero verde

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.


Estos son los primeros versos del Romance sonámbulo, contenido en el Romancero gitano. Leyeron estos versos al hablar de Federico García Lorca en el Polifemo que organizó Marcela en el bar Cine de Gracia. Me llama la atención ese hallazgo de un color verde que parece querer recubrirlo todo. Supuestamente, el color verde se dice que es el color de la esperanza. ¿Por qué? Qui lo ça. Quizás porque es el color de la naturaleza y la vida. A mí me da por eso que la esmeraldas que fonéticamente es una palabra parecida a la “esperanza”, no podrían ser de otro color que no fuese el verde.

Cuando leo a Lorca veo una sensibilidad extrema a la hora de hablar de la mujer, como en el tan bello poema que compuso con “La casada infiel” y eso en cierta manera me choca porque luego he oído que Lorca era homosexual. No es que pretenda colocar etiquetas donde no debo, sino que sencillamente me gusta igual que la literatura, la metaliteratura y en esto están incluidos también los rumore, rumore. Creo que para entender el estilo también hay que entender la vida del autor. Como lector no es necesario, pero sí desde un punto de vista crítico: desentenderse de la vida del autor no deja de ser perderte un montón de información valiosa de lo que puede inducir a alguien a escribir esto o lo otro.

Me sorprendió por eso también que en el recital de Lorca en el que se le biografió no se comentara en ningún momento nada acerca de esa “supuesta?” homosexualidad. Me hubiera gustado preguntarlo, pero como no conocía a casi nadie –sólo a Marcela- de los presentes, y no sabía si era mi mente maliciosa la que me jugaba malas pasadas, o si mi pregunta sería bien recibida, por aquello de que algunos consideran este tipo de preguntas como una rémora de la prensa amarilla, me callé (miedo escénico que otros por esto no tuvieron ya que muchos de los presentes hablaron en algún momento de la noche). Luego por eso al llegar a mi casa lo confirmé con varios textos del historiador y experto en Lorca, Ian Gibson.

Y volviendo al verde, una vez recuerdo que le dije a mi querida lola tiñéndoselo del color de la tierra de las esmeraldas: “Espéreme, pero espéreme sentada” (hablábamos de peras y manzanas). Ella se cabreó. ¡Ay mi niña lola! Mi lola me debe su libro de poemas que ya debe estar publicado y yo se lo recordaré no se vaya a escaquear. Llegan las Navidades y quedan ya pocos días para que se acabe el año. En esta época a uno le acosa la melancolía en cada esquina. A los que pueda, no duden que les regalaré unas poquitas palabras.

Hoy me dió por escribir, y me salen los post como churros. Espero que tanta actividad blogueril la aplaudan más que les sature. Estoy por eso dosificando las futuras entradas con distintos días de esta semana -modo Federico Esperanto-.


El saben aquel que dice que es un tio que va al medico y dice:

- Mire doctor, vengo porque en mi casa mi mujer y mis hijos dicen que yo no se decir Federico.
- Como?
- Que en casa, la familia, dicen que yo no se decir Federico!
- Si lo dice muy bien... a ver, repitalo.
- Mire: FEDERICO!
- De fabula... marchese tranquilo, a usted le quieren volver loco!

El tio llega a casa y le dice a la mujer:

- Maria! Abre el federico y traeme una cocacola!
;-D

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1 Comments:

Blogger malditas musas said...

Efectivemente, Lorca era homosexual. No caía bien al régimen por sus ideas políticas (ojo que no hablo de partidos) sobre la libertad y la función del arte. Federico llevaba a cabo lo de la libertad, no hacía "teatro": convidaba conciencia.

El verde seguro lo representaba: desde el paisaje que amaba, su Granada, donde los olivares tiñen la vista; hasta su compromiso con la muerte y con la etnia gitana (los morenos a la luz de la luna toman un tono verdoso), el verde era un color de síntesis.

Gracias, polifemo amigo, por acompañarnos. Te esperamos la próxima tertulia (estamos en la búsqueda de un lugar)

Besos!
musa

12:07 p. m.  

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