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Pequeños retales de literatura

miércoles, agosto 24, 2011

Un Doodle sobre Borges

Hoy Google nos regala un Doodle en homenaje a Borges, por el aniversario de su nacimiento (24 de agosto de 1899) y yo me pongo las pilas para escribir en este día que ya amanece un post rápido y así participar del evento (¡Bravo Google!). La figura que se dibuja –les ha salido algo rechoncha diría yo- contemplando lo que parece una ciudad fantástica, con un Borges de espaldas apoyado en su bastón. Borges desde luego fue un gran lector de literatura fantástica y entre las primeras lecturas que le causaron impresión mencionaba los libros de H. G. Wells, los cuales incluso acabó prologando.
Borges Doodle
Quería poner algún texto que cuadrara con esta imagen de Google, en la que aparece esta ciudad plagada de perspectivas de corte futurista (diría que tiene un aire a la Futurama de Matt Groening). Pero no recuerdo nada semejante en Borges, tal vez podría cuadrar la imagen con alguna alabanza del escritor ciego sobre la arquitectura de Piranesi por aquello de las perspectivas, pero finalmente me he decidido por el siguiente cuento.

Parábola del Palacio
Jorge Luis Borges

"Aquel día, el Emperador Amarillo mostró su palacio al poeta. Fueron dejando atrás, en largo desfile, las primeras terrazas occidentales que, como gradas de un casi inabarcable anfiteatro, declinan hacia un paraíso o jardín cuyos espejos de metal y cuyos intrincados cercos de enebro prefiguraban ya el laberinto. Alegremente se perdieron en él, al principio como si condescendiera a un juego y después no sin inquietud, porque sus rectas avenidas adolecían de una curvatura muy suave pero continúa y secretamente eran círculos. Hacia la medianoche, la observación de los planetas y el oportuno sacrificio de una tortuga les permitieron desligarse de esa región que parecía hechizada, pero no del sentimiento de estar perdido, que los acompañó hasta el fin. Antecámaras y patios y bibliotecas recorrieron después y una sala hexagonal con una clepsidra, y una mañana divisaron desde una torre un hombre de piedra, que luego se les perdió para siempre. Muchos resplandecientes ríos atravesaron en canoas de sándalo, o un solo río muchas veces. Pasaba el séquito imperial y la gente se prosternaba, pero un día arribaron a una isla en que alguno no lo hizo, por no haber visto nunca al Hijo del Cielo, y el verdugo tuvo que decapitarlo. Negras cabelleras y negras danzas y complicadas mascaras de oro vieron con indiferencia sus ojos; lo real se confundía con lo soñado o, mejor dicho, lo real era una de las configuraciones del sueño. Parecía imposible que la tierra fuera otra cosa que jardines, aguas, arquitecturas y formas de esplendor. Cada cien pasos una torre cortaba el aire; para los ojos el color era idéntico, pero la primera de todas era amarilla y la última escarlata, tan delicadas eran las gradaciones y tan larga la serie.
Al pie de la penúltima torre fue que el poeta (que estaba como ajeno a los espectáculos que eran maravilla de todos) recitó la breve composición que hoy vinculamos indisolublemente a su nombre y que, según repiten los historiadores mas elegantes, le deparó la inmortalidad y la muerte. El texto se ha perdido; hay quien entiende que constaba de un verso; otros, de una sola palabra. Lo cierto, lo increíble, es que en el poema estaba entero y minucioso el palacio enorme, con cada ilustre porcelana y cada dibujo en cada porcelana y las penumbras y las luces de los crepúsculos y cada instante desdichado o feliz de las gloriosas dinastías de mortales, de dioses y de dragones que habitaron en el desde el interminable pasado. Todos callaron, pero el Emperador exclamó: ¡Me has arrebatado el palacio! y la espada de hierro del verdugo segó la vida del poeta.
Otros refieren de otro modo la historia. En el mundo no puede haber dos cosas iguales; bastó (nos dicen) que el poeta pronunciara el poema para que desapareciera el palacio, como abolido y fulminado por la última sílaba. Tales leyendas, claro está, no pasan de ser ficciones literarias. El poeta era esclavo del emperador y murió como tal; su composición cayó en el olvido porque merecía el olvido y sus descendientes buscan aún, y no encontrarán, la palabra del universo."


Y ya que he puesto antes el Doodle con la figura de Borges de espaldas, ahora va la otra cara de la moneda con un retrato frontal, venido de nada más y nada menos que de la mano especial de Diane Arbus. Borges en este caso aparece con el pelo desordenado y no sé bien por qué, pero de alguna manera al mirar la fotografía me evoca nombrar a Poe, quizás porque el retrato me parece que tiene algo de “gótico” y Borges incluso parece un fantasma que se ha plantado entre los árboles. De hecho yo diría que debe ser la fotografía más inquietante que hay sobre Borges (curiosamente al contrario que en el Doodle, en este caso Borges me parece incluso más delgado de lo normal).
Borges Diane Arbus


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2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Oe es la ciudad que describen en 'El Inmortal' mal que no se den cuenta eh...

5:57 a. m.  
Blogger Vigo said...

La culpa es de google que no la "dibujaron" bien (ja,ja).

No, en serio, gracias por el dato, sobre la ciudad de los inmortales. La verdad es que apenas recuerdo el relato, pero volveré a echarle un vistazo.

11:51 a. m.  

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