"Uno aprende a caminar caminando, asi como aprende a leer leyendo y, todavía más, a amar la lectura leyendo. Aprendí a leer los libros que tenía que leer por razones profesionales, primero con respeto y luego con franca simpatía. Al final, me convertí en un apasionado de los libros y esa pasion devoro mi vida en los últimos cuarenta años."
Bernard Pivot
Poner gatos o mujeres con poca ropa suele ser uno de esos recursos que siempre funciona para atraer miradas ajenas. Pero lo malo de exponer mujeres que pasan frío es que uno corre el riesgo de que con mucho destape aparezca papá Google y le censuren el blog. Es por eso que aquí siempre nos decidimos más por los gatos como protagonistas, que son más seguros.
Hoy ha sido El Día Internacional del Gato. ¿Y por qué se preguntarán las mentes preguntonas? Está bien lo explico… según parece en un día como hoy murió el gato de Bill Clinton, Socks (Calcetines), gato que se hizo famoso durante el tiempo que Clinton estuvo en la Casa Blanca por ser un inquilino más.
Aunque al final los Clinton tuvieron que desprenderse del gato, porque no se llevaba bien con la otra mascota que tenían: el perro Buddy. Así que Socks se lo quedó –si es posible poseer a un gato- la secretaria de Clinton, Betty Curry que se había encariñado con él.
El 20 de febrero del 2009, Currie tomó la decisión de practicarle la eutanasia debido a que el gato estaba muy enfermo y tenía problemas de tiroides, riñón y un cáncer que iba desde la garganta hasta mandíbula (vamos, que el pobre gato había gastado ya casi todas sus vidas y ya le quedaba poco recorrido).
Para celebrar este día, he buscado por la red y he encontrado un breve relato que me ha gustado bastante. Dejo aquí un fragmento. El resto puede leerse en el blog Balazos de David Alvarezaquí.
“Me gustaba cómo se me dormía sobre la barriga mientras daban fútbol en la tele. Y me gustaban muchas cosas más de Gorgias, pero bastante blando me siento ya contando que se me murió como para seguir con los recuerdos facilones. Porque la gata -efectivamente- se murió. De repente se puso enferma y andaba arrastrándose debajo de las sillas. La dejé con el veterinario como quien deja el coche para la revisión de los 60.000: con la seguridad de recogerla un par de días después en plena forma. Pero no era un coche, porque cuando el veterinario desapareció con ella tras la puerta, se me anudó el estómago.”
Dejo también un par de links más, con dos webs de referencia en lo que se refiere al humor con gatos: lolcats y Caturday.
Y lo prometido, un par de capítulos de la guerra de los gatos contra esas malignas impresoras que atacan a traición.
Impresora 1 – Gato 0
Impresora 2 –Gato 0 (como el Milan contra el Barça... hoy Crudeli estará eufórico)
Creo que uno de los grandes aprendizajes de la vida comprende el saber perder. Hay grandes derrotas y pequeñas. A la larga quizás todas son pequeñas, o a la larga al menos muchas de esas derrotas se recuerdan con cariño. Chocar dos veces en el mismo día con la misma piedra tiene esos inconvenientes, que tal vez uno se da cuenta que es mejor evitarla. Total la piedra siempre hubiera estado ahí, y antes o después nos la volveríamos a encontrar enfrente.
Las probabilidades de tropezarse eran supuestamente remotas, pero parezco diseñado para cometer a veces los mismos errores sólo que cada vez encuentro una variante en las circunstancias. El abanico es amplio, y es divertido descubrir que siempre se es capaza de dar un paso más.
La remota improbabilidad de que algo ocurra no es óbice para que los astros se alineen unos detrás de otros y provoquen una dramática conjunción cósmica. En palabras de Galileo –reconozcámoslo, un poco metidas con calzador- e pour si mouve. O sea que las cosas que no tendrían porque pasar según la ley de las probabilidades en realidad ocurren (véase la nota 1 del post donde nos explayamos -ja!- sobre las leyes de Murphy ¡Ese gran conocedor de las bambalinas del mundo!). Y el catalizador para que esta absurda triangulación ocurra, resulta ser el comportamiento humano. Ahora puedo entrelazar tres conversaciones que he tenido estos últimos días, y me doy cuenta que todo era un previo en el que se veía guisando el desenlace dramático de los hechos de hoy; un magma primigenio que funciona como caldo de cultivo de nuestro caprichoso devenir (la remota imposibilidad sucede como la creación de la vida misma). ¿Cuánta metáfora científica? No piensen que no me doy cuenta, pero ahora exploro el exceso. Si dejara de ser hermético, me obligaría a caer en un profusión de palabras inútiles que sólo tendrían la pretensión de ser más explicativas. Puestos a elegir, me quedo con el ejercicio de estilo, ¡que siempre es mirado con buenos ojos por nuestras bonitas retinas!. A lo que iba, la conclusión es que la cuadratura del círculo se encuentra en la racionalidad y en la bondad de las personas. Y resumo: la cuadratura del círculo pese a tener una posibilidad altamente improbable de que ocurra. Ocurre.
Miren, en realidad rompí mi voto de silencio con el propósito de hablar de dos exposiciones: la primera la de el ya clásico escritor de ciencia ficción J. G. Ballard en el CCCB y la segunda en la Casa América de Madrid, con la presencia de algunas de las fotografías que el fotógrafo Mordzinski lleva pertrechando al gremio de los escritores. Me intentaré documentar sobre ellas y hablar en otro post centrando un poco el tema.
Ahora y después de escribir la nota 1 del final, se me ocurre mejor buscar alguna imagen de gato con tostadas. ¡Apostaría que la probabilidad que esto ocurra es numerosa!2
Habían otros dibujos que retrataban mejor el dilema del gato, pero esta fotografía me parecía mucho más simpática.
Y ahora la banda sonora: la cantante Gabriella Cilmi nos enseña algunas de las lecciones que deben ser aprendidas. ¿Alguno de ustedes había oído hablar de esta jovencísima princesa del soul? Me costó encontrar el video porque sólo tenía algunas pistas sobre la letra de la canción y una melodía que al momento ya no recordaba. Pero si antes les dije que uno ha de saber perder, también les digo ahora que no me gusta perder. Y en realidad sólo sé hacerlo de una manera; convirtiendo las derrotas en futuras victorias. Porque si alguna vez caigo es porque era el momento de recordar lo cerca que estoy del suelo. Después de rebuscar el videoclip en la red y haber tenido la tentación un par de veces de darme por vencido. Al final ganó mi terquedad. Disfrútenlo.
Gabriella Cilmi -Sweet About Me-
If there’s lessons to be learned, I’d rather get my jamming words in first so, tell you something that I’ve found, that the worlds a better place when it’s upside down boy.
Notas. 1.Una vez entrado en el tema Murphy, no puedo dejar pasar por alto la famosa paradoja del gato y la mantequilla, que viene a decir que si los gatos caen siempre de pie y la tostada cae siempre del lado donde está untada la mantequilla ¿qué sucedería si atáramos una tostada a la espalda de un gato y lo lanzamos al aire? Otro día lo complicamos más y nos metemos con el tema del gato de Schrödinger.
2. Más sobre probabilidades: en el libro de Bambi contra Godzilla de David Mamet se explica un ilustrativo dato: que un matemático experto en probabilidades declaraba que para intentar ganar la lotería, en realidad casi no hace falta comprarse un número, ya que esta probabilidad es tan escasa, que apenas varía con el hecho de si uno compra o no compra el número. Para mantener el número de posibilidades que uno tiene de convertirse en multimillonario sólo se tiene que mirar el suelo de vez en cuando y esperar que otro haya tenido el descuido de perderlo.
El vínculo entre escritores y gatos, siempre me ha fascinado. Aquí otra muestra:
Jodorowsky hablando sobre sus gatos…
Luego me doy un descanso de una hora para jugar con mis gatos. Tengo cinco Se llaman Noé, Moishe, Pollux, Mirra y, mi preferido, Kazan. Es el gato con el que salgo fotografiado en La danza de la realidad. Kazan es el gato más inteligente que he conocido en toda mi vida. Amo mucho a los gatos. Cuando mi padre se murió, a los cien años, no sentí absolutamente nada, indiferencia absoluta. Cuando se murió mi gato Mao, que había vivido veinte años conmigo, lloré como un niño. Lo sentí profundamente.
Dos fotos fantásticas, en la primera podemos ver a Borges con su gato Beppo (desconozco al autor). El texto es de Jorge Edwards.
“Y había por ahí un gato gordo, castrado, bien alimentado, de color claro (pensé que amarillo, también, pero un testigo autorizado me acaba de decir que era blanco), que tenía un nombre del romanticismo inglés. Si la memoria no me traiciona, se llamaba Beppo, como el gato de Lord Byron. Alguien me contó que el gato había sido de propiedad de una hija de la correntina y que llevaba el diminutivo de un jugador de fútbol, Beño, Beto o algo por el estilo. Borges escuchó el nombre y exclamó, encantado: ¡Ah! ¡Beppo, el gato de Byron! Llevaba siempre las cosas al molino de la literatura y se quedaba sonriente, pensativo. No tenía sentido, por suerte, sacarlo de su reflexión. El gato de colores claros, de abundante pelaje, podía llamarse cualquier cosa, pero quedó bautizado en ese mismo instante como el Beppo byroniano”.
La segunda foto también preciosa (tomada por Ulla Montan). Habla Luis Tomassello, pintor residente en París que compartió tardes con Cortázar.
“También Julio se separó de la casa donde había enterrado a su gato Adorno, del que habla mucho en sus libros. Pero su última gata está enterrada en mi jardín, porque cuando Carol se enfermó me la traje y murió conmigo. Julio la bautizó Franel porque siempre andaba restregándose contra las piernas. Fue muy raro: la gatita estaba bien; por supuesto, extrañaba, pero un día me di cuenta de que estaba enferma y aunque la asistió el veterinario se murió casi enseguida. Cuando se lo dije a Julio se puso muy triste y me comentó que era el primero de los tres que se moría. Y fue verdad. Carol murió antes del año y él quince meses después”.
Nunca entendimos como Silvio Rodríguez pudo perder un unicornio azul; ni el daltonismo que obligaba a Franz Marc a colorear los caballos con pinturas azules. Sin embargo al final hemos encontrado un sentido a la lastimosa letra del cantante Roberto Carlos para aquel sinsentido del gato azulado: “El gato que está en nuestro cielo.../El gato que está triste y azul...//El gato que está en la oscuridad, sabe que mi alma una lágrima hay”...
La noticia alarmó ayer a la comunidad internacional al constatarse el primer caso de un gato muerto por causa de la gripe aviar. Parece que la epidemia avanza lenta pero implacablemente hacia Europa. Todo sea, que con la llegada de las buenas temperaturas desaparezca de un día para otro como sucedió con aquella extraña neumonía asiática (tal vez algunos la recuerden más por aquel hipocorístico SARS que se hizo tan familiar en nuestros telediarios).
Copio un chiste que vi el otro día en el blog de txapulíny que el a su vez lo cogió vía el blog Halon disparado, que debe ser una buena bitácora porque aún no he conseguido entrar en ella (parece haberse suicidado por problemas de excesos con el ancho de banda).
Tres advertencias de última hora: - Si a usted se le muere el canario que tiene en casa, es casi seguro que no es por gripe aviar.
- Corre el rumor de que el gato griposo fuera en realidad un pollo disfrazado durante los Carnavales (Vía Especialistas Secundarios).
- Si usted presencia algún Pato con evidentes síntomas de locura, no dude en avisarnos (el caso esta siendo estudiado seriamente por La Empresa).
Nota. El aumento de tiras cómicas en este blog, se debe posiblemente a mi buen humor, así que disfrútenlo mientras dure.
Si pensaban que todo se había acabado, se equivocaban, sólo que intenté que la tinta les fuera entrando más poco a poco por las venas. ¡Larga vida a la Logia del Tentáculo!
Y de regalo un link a un post muy divertido, ¿Oyeron hablar del Movimiento de Libertad para los Gatos? Este es uno de esos posts que me hubiera gustado hacer, sólo que no tengo gato y tampoco me gustan las naranjas (así compréndanlo, era difícil).
Compré hace apenas unos días el libro de CortázarÚltimo round, cuando lo ojeaba me sorprendió gratamente su forma experimental: los capítulos que parecen retales sobrantes de notas u otros libros, Entre sus páginas tenemos algunos relatos, y entre ellos, los múltiples sloganes apaisados que se gestaron en aquel Mayo del 68, utilizados ahora como pegamento cohesivo de los capítulos. Todo esto aderezado de misteriosas fotografías, y una buena serie de poemas. Posiblemente esta debilidad argumental provocará que no sea un libro apto para el público en general. Pero los cortazarianos encontramos en Ultimo round un libro personal, donde cada ínfimo detalle puede ser un buen lugar donde dirigir la mirada. Tengo una cierta predilección por hablar sobre el comportamiento de los gatos. Por eso me ha llamado la atención, el capítulo: La entrada en religión de Teodoro, W. Adorno. Teodoro es un gato de vida pagana y alegre que por elección propia –o por los contínuos abandonos de Cortázar- acabará dependiendo de una vieja sacristana del pueblo de Saignon.
../., una puerta quedó entornada con dignidad para no ofender orgullos, y un rato después la mancha negra empezó a dibujar su espiral cautelosa sobre las baldosas rojas del líving, buscó una alfombrita cerca de la chimenea, y yo que leía a Paco Urondo escuché por ahí el primer mensaje de la alianza, un ronroneo confianzudo, entrega de cola estirada y sueño entre amigos. A los dos días me dejó que lo cepillara, a la semana le curé las mataduras con azufre y aceite; todo ese verano vino de mañana y de noche, jamás aceptó quedarse a dormir en la casa, qué te crees, y nosotros no insistimos porque ya pronto nos volveríamos a París y no podíamos llevarlo con nosotros, los gitanos y los traductores internacionales no tienen gatos, un gato es territorio fijo, límite armonioso; un gato no viaja, su órbita es lenta y pequeña, va de una mata a una silla, de un zaguán a un cantero de pensamientos; su dibujo es pausado como el de Matisse, gato de la pintura, jamás Jackson Pollock o Appel..//..
Julio Cortázar -La entrada en religión de Teodoro, W. Adorno-